Malón militar y represión popular, dos de las varias caras del golpe

La vigencia del pasado

Hoy, 27 de junio, se cumplen cincuenta y tres años de lo que, siguiendo moldes formales con mucho de auto censura, durante algún tiempo se denominó “ruptura del orden institucional”, o “inicio del régimen de facto”, y que, desde entonces, todos los que lo vivimos, identificamos como golpe de estado. Más allá de eufemismos y de expresiones de barricada, el hecho en sí significó un impacto trascendente en la breve historia del país, un sacudimiento bastante fuerte de los cimientos mismos de la tradición republicana y, a la vez, la expresión de la crisis de un sistema social y político que se extendía por décadas y que, en la coincidencia o la disidencia, en términos generales, identificaba al ser uruguayo. Si algo hemos aprendido observando por la ventana de la historia, es que, en la vida de las comunidades, olvidos y memorias, ausencias y permanencias, son parte de un mismo proceso. El análisis, la decantación y la mirada puesta hacia adelante, recogiendo las lecciones del pasado, son una buena forma de marcar el camino y no quedar rehenes de un supuesto destino impuesto. El presente artículo recuerda y califica el episodio, lo trae a la memoria, pero entendiendo a esta última como algo vivo, que no puede quedar exclusivamente con la cabeza vuelta hacia atrás, sino que pretende apuntar la proa del mañana regional y nacional hacia nuevos y mejores horizontes.
  • El episodio fue el capítulo final a un proceso de crisis que, en el año 1973 ya llevaba al menos quince años de presencia en la realidad uruguaya y se había expresado de varias maneras. En 1958, después de noventa años de gobierno colorado, gana las elecciones el Partido Blanco por una mayoría aplastante; es el inicio de ocho años de esa fuerza política en el gobierno, período en el que se suceden varios acontecimientos vinculados al tema:
  • -Agudización de la crisis económica, con su impacto en el plano social y político, que se había iniciado a mediados de la década del ’50, poniendo en evidencia causas profundamente estructurales
  • -Intentos, o al menos, fuertes trascendidos, de golpes de mando provenientes de los cuarteles, llamando a desconocer la autoridad constitucional
  • -Aumento de la conflictividad social pautada por dos hechos gravitantes, la unificación del movimiento sindical y el fortalecimiento de su capacidad de movilización, el surgimiento de grupos que impulsan la insurrección, el ejercicio de la política a través de las armas, siguiendo, de alguna manera, el modelo de la triunfante revolución cubana.
  • Uruguay no es una isla, la misma realidad se estaba viviendo en toda la región, lejos de proponer soluciones a los problemas reales de crisis, hambre y desempleo, las derechas en el gobierno, tomaron el camino de la represión, recurriendo una vez sí y otra también, al brazo policial y, de forma cada vez más expresa, al militar. Desde su óptica, la situación imponía el autoritarismo y la “mano dura”, el argumento “filosófico” fue amplificar el “cuco” del comunismo y el peligro al que estaba expuesto nuestro “estilo de vida occidental y cristiano”.

Gobierno títere, oligarquía y milicia, el escenario de la dictadura latinoamericana (La “corte” del gobierno de Bordaberry)

  • Pero, con ser de por sí algo muy importante, nada de lo anterior se explica del todo sin considerar y entrar en el terreno del análisis del fenómeno del imperialismo. El mundo de ese tiempo era el de la guerra fría y uno de los contendientes, los Estados Unidos de América, había hecho del continente americano su coto cerrado de dominio, el “patio trasero” se lo denominó en estas tierras desde algunos sectores. Además del dominio geopolítico, era el sojuzgamiento y manejo de la economía de toda la región lo que alentaba e impulsaba la acción intervencionista. Para ejercer el dominio pleno, era imprescindible mantener las economías del continente débiles, primarizadas y en manos de sectores locales, de las oligarquías nacionales, que funcionaban en alianza coordinada con el poder económico centralizado.
  • La historia del imperialismo se remonta a inicios del siglo XX, con figuras como el presidente Theodore Roosvelt, que impuso la teoría del big stik o “gran garrote” y se va a continuar en las décadas siguientes, así podría enumerarse una larga galería de personajes, Dwight Eisenhower, Lyndon Johnson, Richard Nixon, la dinastía Bush, hasta llegar al ejemplar actual. En el medio, además de otros, aparece John Kennedy, a quien se lo vendió como un “presidente bueno”, y que fue finalmente devorado por el propio sistema, aunque en medio de su gobierno igualmente apoyó logística y militarmente un intento de levantamiento contra la Cuba castrista.
  • Todas lluvias que fueron acumulando el barro en el que patinó la democracia uruguaya a inicio de los años ’70, junto con otras de la América Latina, cuando las oligarquías títeres de ese poder omnímodo, golpearon a la puerta de los cuarteles para que alguien se ensuciara las manos, en la “loable tarea” de barrer la barbarie, el caos y la “podredumbre” provocada por las “ideas foráneas”.
  • El proceso trajo consigo al resquicio fascista de las FFAA y, abrazado a esa inmundicia, llegó el neoliberalismo. Milton Friedman, por ese entonces flamante Premio Nobel de economía, una premiación muy controvertida en su momento, aterriza en el Chile de Pinochet, que había derrocado al gobierno socialista de Salvador Allende. Allí impondría el modelo: monetarización, libre circulación de capitales, privatización de todos los servicios públicos, apertura a los mercados, aniquilamiento de la industria nacional. Ello trajo aparejado la desregulación total y la eliminación de los sindicatos obreros. Fue el fin de la experiencia desarrollista que había vivido la región, coincidía con el declive del sistema económico keynesiano, basado en el “Estado de Bienestar”. Pronto se extendería a todo el continente.
  • Porque esa es la película de lo que realmente sucedió, las evidencias documentales abundan, reducir la crisis institucional a la barbarie militar, que sí existió y fue absolutamente terrible y condenable, es ver solamente una pequeña parte del fenómeno. Hay fuerzas bastante más poderosas y contundentes atrás del garrote policial y la picana de los cuarteles, intereses y doctrinas criminales e inescrupulosas que exceden largamente los gestos fruncidos y las voces amenazantes de la élite castrense que se creyó dueña de la situación. Eso habría que entender y tener claro para poder encarar el presente y, verdaderamente y más allá de la pancarta, decir con fundamentos y convicción “¡Nunca más!”

Remixada y tecnologizada, la canción sigue siendo la misma (Henry Kissinger/Elon Musk)

  • Vamos a meternos en el escenario socio político y económico actual y lo haremos a través de una breve enumeración de los aspectos más salientes:
  • El mundo soporta hoy una economía que se desliza hacia la total hegemonía de la tecnología, cada vez más preso del avance y la innovación, pretendidamente cada vez más rehén de la inteligencia artificial. Claro que, el fenómeno en sí no es mala cosa, el tema es que ese avance, cada día más arrollador, está cada vez más concentrado en pocas manos, ya se habla de “gigantes tecnológicas”, que manejan los mercados, algo así como los santuarios de las finanzas a nivel global. El impacto es tal, que amenazan con dejar en un postrado segundo lugar a algunos “gigantes decadentes”, como puede ser el petróleo y los hidrocarburos, que han conocido su tiempo de esplendor.
  • El tema central es que este proceso, que por un lado significa avance del conocimiento humano, está produciendo el efecto nocivo de la acumulación y concentración en un grupo selecto, generando cada vez más desigualdad e inequidades. En un sitio privilegiado de la bahía de San Francisco, estado de California, se encuentra Silicon Valley, una suerte de nueva Meca del siglo XXI, donde residen y tienen su centro de operaciones los magnates tecnológicos, seguramente a todos los hemos visto, muy prolijos y en hilera, asistiendo a la asunción presidencial de Donald Trump.
  • Volvemos a asomarnos a la ventana de la historia y, como ha sucedido en otras épocas, el conocimiento genera poder y el poder siempre trata de estar en muy pocas y poderosas manos. El proceso que acompaña este nuevo boom capitalista es el de la “canibalización” de las economías del mundo marginal; acentuar más su carácter de proveedoras exclusivas de productos primarios, aniquilando sus industrias y obstruyendo el avance en el conocimiento y en la ciencia que pueda generarse desde esos sitios.
  • Para que toda esa maquinaria funcione, es necesario que la política esté en sintonía, las dictaduras militares ya no son funcionales a la época y tampoco al nuevo modelo. La alternativa es, dentro de los sistemas electorales y democrático institucionales, desarrollar una inmensa y sofisticada operación para que los gobiernos afines, todos de derecha, reaccionarios, contrarios a cualquier avance en derechos de cualquier naturaleza, sean de la preferencia de las ciudadanías. Todo está hecho desde una óptica meticulosamente estudiada y utilizando métodos científicos, confeccionado y ornado para que no queden argumentos lógicos para cuestionarlos. Por ejemplo, ¿quién eligió a Milei presidente en la Argentina?, ¿hubo un golpe de estado?, a la respuesta cantada sigue la legitimación. Los ejemplos se suman al argentino, Kast en Chile, Keiko Fujimori en Perú, en su momento Bolsonaro en Brasil, Bukele en El Salvador, ayer nomás Espriella en Colombia.
  • La armonía y la orquestación han cambiado sin dudas, la “sagrada” tecnología actúa con una eficiencia indudable, pero la canción es la misma. En abril pasado, el magnate tecnológico Peter Thiel visitó la Argentina y estuvo reunido con el presidente. Es uno de los zares tecnológicos, cuya firma Palantir, asesora y proveedora de servicios del propio Pentágono, ha publicado un manifiesto emblemático de las intenciones que lo animan. Entre una veintena de artículos incluye una mención a la debilidad de la democracia, en su formato actual, y su incompatibilidad con el progreso y la seguridad. Para el correr de este año se anuncia la visita de David Friedman, hijo de Milton, el “profeta neoliberal”.
  • ¿Qué rol nos cabe a nosotros como comunidad? La tecnología se ha puesto al servicio del poder militar, aporta inteligencia, comunicaciones, armas cada vez más poderosas y destructivas. El avance de los instrumentos mediáticos de dominación mental es avasallante, las redes cumplen una función primordial en el “adormecimiento amaestrador” de las poblaciones, cada vez más comunicadas y, al mismo tiempo, solas y, lo que es aún peor, indemnes y más frágiles frente a la monstruosidad del poder.
  • Hace cerca de dos mil quinientos años, Platón decía que “el hombre debe responsabilizarse de su vida, no pedir a los demás que vivan para él”, hablaba de la importancia de la constancia, de los pequeños logros que posibilitan los avances, de las “piedras pequeñas” que posibilitan que las grandes puedan asentarse. Las encuestas de opinión coinciden en que las nuevas generaciones son partidarias de gobiernos “fuertes”, que ejerzan autoridad, esta respuesta es la comprobación del desgaste que ha sufrido el sistema, la mala imagen que la política ha generado de sí misma a los ojos de quienes se asoman al mundo.
  • El tema, probablemente, sea uno de los desafíos fundamentales a los que se enfrentan las sociedades. Está claro que chocar frente al poder es estéril y significa, ni más ni menos, que enfrentarse a una segura aniquilación. Por la fuerza de los hechos, el proceso deberá ser otro y, aunque parezca todo oscuro o brumoso, puede ser posible encontrar caminos de luz. En el caso de Uruguay, hay toda una tradición de búsqueda de acuerdos y puntos en común que, está demostrado con hechos concretos, han permitido avanzar. No otra cosa fue la conformación del Frente Amplio, conjunción de ideologías y antecedentes que provenían de los más diversos y divergentes orígenes; en plena dictadura, en el exilio, los partidos políticos más grandes fueron capaces de conformar la llamada Convergencia Democrática para enfrentar al enemigo común.
  • El país necesita crecer, desarrollarse, y el concepto va bastante más allá de lo meramente económico, aunque también lo incluye. Aún por detrás de nuestro casi crónico criticismo, tenemos fortalezas y puntos fuertes que, curiosamente, muchas veces es más reconocido desde afuera que desde nuestro propio “patio”. Los jóvenes prefieren gobiernos fuertes, autoritarios . . . ¿tienen idea lo que significa autoritarismo? No quiero vivir la vida de nadie ni mucho menos faltarle el respeto a la rebeldía de la juventud, pero quisiera contarles qué significa sentir, día tras día, que no podés expresar lo que sentís, lo que pensás, que te gana la desesperanza y la angustia, producto de la impotencia ante el poder.
  • Hoy miramos hacia atrás, hace cincuenta y tres años . . . hoy quiero mirar hacia adelante, decir con claridad que somos responsables de nosotros mismos, hagámonos cargo. Seguro habrá que tomar nuevos caminos, probablemente sean esas mismas nuevas generaciones que nos enseñen por dónde transitarlos, ojalá que así sea, sería lo mejor que nos puede pasar. Ojo con los viejos prejuicios y dogmas de cualquier signo ideológico, cuidado con los panfletos que a veces se tragan sin masticar y no terminan de digerirse.

Julio Rapetti

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