América Latina: los laberintos de la historia
INTRODUCCION
América Latina tiene pendiente la materia de la total independencia, lograda la autonomía política desde principios del siglo XIX. No hemos conseguido, desde hace más de dos siglos, equiparar esa realidad política con su consecuente económica, y ello redunda en una situación de dependencia que impacta en todos los órdenes y, nos hace “colonizados de hecho”, incluso políticamente, de los grandes centros del poder mundial.
Salvo excepciones y algunas experiencias de principios de los años dos mil, los gobiernos han estado, y en su mayoría siguen estando, en manos de sectores privilegiados que, en el marco de la coyuntura actual, atan sus intereses económicos, con los intereses del gran capital financiero especulativo internacional, mediante un sistema político que es funcional a ese vínculo, principal promotor del atraso estructural.
Los intentos por cortar esas ataduras, históricamente han terminado en terribles olas represivas, la última de las cuales se dio en los años setenta en varios países del continente con la llamada “Operación Cóndor”, y actualmente mediante otros mecanismos más sofisticados que ahorran en gasto militar y derrame de sangre mediate un sistema de explotación y dominio dialéctico y el manejo del poder mediático y el gran poderoso entramado económico. La batalla se ha trasladado al campo de la cultura social.
El resultado de esta situación es que la región se ha convertido hoy, entrado el siglo XXI, en la más desigual del planeta, campea el retraso económico y las carencias científicas y tecnológicas que aumentan la dependencia, en tanto elementos imprescindibles de desarrollo. Se multiplican los asentamientos y villas donde las mayorías vulnerables malviven y subsisten, generalmente producto de una especie de caridad que es la antítesis de cualquier política de verdadera solidaridad e inclusión social.

La miseria en todas sus formas y la opulencia, las dos caras sociales de América Latina
Los gobiernos de derecha invierten muy poco en ciencia y tecnología, los países deben recurrir a préstamos cuya obtención se produce en las zonas centrales del orbe, produciéndose una sangría de divisas que minimiza las posibilidades de ahorro y con ello de inversión imprescindible para intentar comenzar a mover la rueda del desarrollo. Sobreviene el endeudamiento y éste trae consigo nuevos lazos de dependencia que, sumados a otros factores de naturaleza similar, condicionan fuertemente el futuro de estas naciones. El resultado es la permanente frecuencia de un círculo vicioso.
Los aportes de la Historia tienen vital importancia en cuanto al “arrastre” de posturas y el impacto que algunas de las mismas han tenido en la historia. El siglo XIX es el de la conformación de los estados, de la forma como se definió su creación ante la imposibilidad de acordar la unificación del continente, al menos de forma regional. No es un dato menor que en la segunda mitad de ese siglo, en la que se están produciendo a nivel global una serie de transformaciones trascendentales, los países latinoamericanos no alcancen un grado de consolidación lo suficientemente sólido como para pararse frente al mundo con posibilidades reales de desarrollo.
Por el contrario, la fama de caos, corrupción, improvisación y hasta ignorancia, es la valoración predominante hacia esta región por parte de los países centrales. Las materias primas que el continente proporciona de forma espontánea, son insumos apreciados por la gran industria mundial, pero a la hora de hacer negocios los mismos se procuran efectivizar desde la dinámica asimétrica de nación desarrollada versus zona periférica, poniendo condiciones nefastas, imponiendo precios internacionales y formas de comercialización, etc.
El tema del impacto nocivo del imperialismo, fundamentalmente norteamericano, es un elemento de vital importancia a considerar. Si se analiza la cronología de las intervenciones norteamericanas en asuntos internos, así como las invasiones realizadas, las mismas son más que ilustrativas a este respecto. Pero aquí cabría plantearse una interrogante: ¿el Imperialismo explica todo?, la presente serie escrutará intentando una respuesta.
El siglo XX correspondería a la consolidación económica que no fue, que quedó inmersa en el fango de una dependencia voraz que postergó los intereses más genuinos de las sociedades latinoamericanas y de sus grandes mayorías. Se intentaron alternativas y experiencias, de la mano de varios modelos políticos, algunas con resultados más o menos duraderos, pero ninguna como forma de sentar las bases para, a partir de esa experiencia, comenzar un camino genuino y sustentable de desarrollo.
Algunos de los principales síntomas mostrados por las sociedades durante el siglo XX:
-Atraso y precarización de la economía, con impacto en la realidad social
-Ausencia o insuficiencia de políticas de inversión social que propendieran al desarrollo de la persona como factor fundamental del progreso nacional
-Inestabilidad política salvo excepciones, siendo característica la presencia continua del elemento militar y el mecanismo de la ruptura institucional, léase golpes de estado
-El papel de los Estados fue mayor en los modelos populistas y casi “ausente” donde capeó el liberalismo
-Los dos problemas más acuciantes fueron el endeudamiento y la pobreza, ambos ligados entre sí
Lo que llevamos recorrido de este siglo XXI muestra lo siguiente:
-Retraso científico y tecnológico, salvo experiencias excepcionales, aspecto que se vuelve cada vez más relevante y de urgente abordaje
-Aparición de nuevos desafíos: los temas medioambientales y la eclosión geopolítica global
-Necesidad de encarar una política externa de bloques y multilateralismo, la cual enfrenta problemas históricos de la región para lograr genuinos y duraderos caminos de integración
-Coexistencia, potencialmente confrontativa entre experiencias auspiciosas de gobiernos progresistas con el fortalecimiento de una derecha de nuevo cuño, neo liberal y transgresora del orden institucional y jurídico.
CAPITULO I: La encrucijada de la unificación

Diego Rivera – Méjico
1.- La organización después de la emancipación:
Las colonias españolas de América Latina llegan a la autonomía política respecto a la metrópoli, hacia las primeras décadas del siglo XIX. Sometidos y, hasta cierto punto, exterminados culturalmente, los pueblos nativos, que buscarán luego su “resurrección” cultural (tema que llega hasta nuestros días), la organización de los nuevos estados emergentes se realizó siguiendo los parámetros del modelo occidental español que habían heredado.
Muy pronto, los nuevos estados comprendieron que la autonomía política traía consigo nuevas y más complejas dificultades, en efecto, tanto los intentos por fortalecer la unidad de los nuevos territorios, como la voluntad de mantener los nucleamientos ya existentes, pusieron en evidencia nuevas y desconocidas contradicciones.
Alentadas por los intereses políticos y sobre todo económicos de las potencias europeas, con Gran Bretaña en la vanguardia, que pugnaron por estimular y mantener la fragmentación política y económica, para establecer desiguales relaciones comerciales bilaterales, entre su pujante economía industrial y las precarias e incipientes estructuras de los nuevos estados que nacían a la independencia. La unidad las fortalecería, el camino para los europeos fue fomentar e incentivar la fragmentación política.
Así, la autonomía política no significó independencia en el total sentido del término, a diferencia con lo que habían podido construir los dominios coloniales ingleses en la América del Norte, donde surgiría una república con capacidad y disposición como para pararse firme en el concierto mundial, marcar su presencia y hasta competir con las economías más desarrolladas. Diversos factores, muchos de ellos culturales, contribuyeron a este proceso.
Las diferentes experiencias regionales
La Gran Colombia:
Fue creada como Estado en el Congreso de Angostura, en el año 1819 mediante la denominada Ley Fundamental de la República, en la misma se unen Nueva Granada y Venezuela en una sola nación, a la que se unirán Panamá en 1821, y Quito y Guayaquil en 1822. Su existencia se extiende entre los años 1821 (durante la realización del Congreso de Colombia) y 1831, correspondiendo su territorio a las actuales repúblicas de Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela
Europa fue adverso a reconocer la existencia del nuevo conglomerado de naciones conformando una sola, en ese sentido Austria, Francia y Rusia solo reconocían las independencias de América si los nuevos Estados se sometían a un sistema monárquico nombrando como soberanos a miembros de las dinastías europeas. La Gran Colombia era el país hispanoamericano de mayor prestigio, lo cual, sumado al prestigio personal de Simón Bolívar, atrajeron hacia la nación ideas unionistas de movimientos independentistas, tales como el de Cuba, el Haití Español y Puerto Rico, que pretendían formar un estado asociado con la república.
La Gran Colombia era el primer paso para la unificación total de los pueblos libres ideada por Francisco de Miranda, quien concibió la creación de un solo Estado hispanoamericano independiente, el cual sustituiría al conjunto de posesiones que componían el Imperio español en esta parte del hemisferio. La idea de la integración americana para Miranda era inseparable de la idea de la independencia de las colonias hispanoamericanas. Su proyecto no llegó a formalizarse, pero la idea fue retomada por Simón Bolívar, quien, en 1815, en su “Carta de Jamaica”, sugirió la realización de un Congreso en Panamá integrado por las repúblicas americanas independientes, el cual no se realiza hasta 1826. En realidad, Bolívar apuntaba al establecimiento de alianzas entre repúblicas independientes y no a la constitución de una sola república.
La experiencia y sus propias reflexiones, llevaron a Bolívar a considerar que para alcanzar la independencia definitiva se debía derrotar totalmente a los españoles para impedir que realizaran acciones de reconquista. Los últimos contingentes del ejército español en Venezuela fueron derrotados en 1821 en la Batalla de Carabobo, el 28 de noviembre de ese mismo año se proclama la independencia de Panamá y, voluntariamente se une al sueño de Bolívar firmando con España un pacto de no agresión. La resistencia española en el continente culminará en Perú con la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, consagrando como héroe a Antonio José de Sucre.
En el Congreso de Cúcuta, llevado a cabo en 1821, se definió la organización político administrativa que tendría la nueva República. En tal sentido, se definió que la capital estaría en Bogotá, en tanto las ciudades de Caracas y Quito serían sedes de las cortes principales (Suprema Corte de Justicia, Electoral, etc.). En el ejercicio de la máxima jerarquía de gobierno Simón Bolívar impulsó y llevó a la práctica algunas iniciativas revolucionarias:
-Declaró de patrimonio nacional las riquezas del suelo y del sub suelo
-Implantó la educación gratuita
-Llevó adelante una Reforma Agraria para combatir al latifundio y dar tierras a los sectores que la trabajaban
-Estableció el c
Control de tasas de interés, de cambio y de precios
Quedó en el debe no haber avanzado en las mejoras para los pueblos indígenas, lo cual fue generando un problema con el cual los estados latinoamericanos aún siguen lidiando.
República Federal de Centro América
Este proyecto surge de la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas de Centro América, del 22 de noviembre de 1824. En la misma se promulga La Constitución de la República Federal de Centro América, siendo su capital Ciudad de Guatemala hasta 1834, trasladándose la misma a Sonsonate y por último San Salvador desde 1834 a 1839. A la capital se traslada el Poder Ejecutivo, en tanto los poderes Legislativo y Judicial, mantuvieron su sede en Guatemala.
Esta república que quedó frustrada, estuvo integrada por cinco estados: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, en 1838 se formó un sexto estado, el de Los Altos, con capital en Quetzaltenango, con los territorios occidentales de Guatemala y el actual territorio de Soconusco de Chiapas, en México.
Su origen germinó tras la secesión del poder español en 1821 y la desaparición del Imperio Mexicano en 1823, los representantes de los cabildos de la ex Capitanía general de Guatemala, se reunieron en marzo de 1824 en la ciudad de esa nación. Fue un movimiento esencialmente criollo que no implicó mejoras en las condiciones de vida de los campesinos centroamericanos, promovido por la élite comercial de Guatemala y El Salvador para enriquecerse con los nuevos lazos comerciales que esperaban establecer con Inglaterra, Francia, Holanda, el Imperio Ruso y los EEUU.
Cada Estado era libre y tenían autonomía para gobernarse y establecer sus leyes y códigos jurídicos, además de elegir democráticamente su propio jefe de Estado. Se destaca en su texto constitucional, el tratamiento del tema de los derechos humanos, en el cual se determinaba la abolición de la esclavitud, la consagración del derecho al asilo, las limitaciones de la pena capital, el establecimiento del jurado y la supresión de los fueros.
El primer presidente electo fue Manuel José Arce, la nueva República definió un “proyecto madre” de orden económico y geopolítico, la construcción de un canal de navegación interoceánico entre el Atlántico y el Pacífico, por el río San Juan, el lago de Nicaragua y el istmo de Rivas, ubicado entre Nicaragua y Costa Rica. No obstante, los problemas no eran menores, en oposición al proyecto federal de los liberales, estaban los conservadores, los representantes españoles de la Iglesia Católica y los grandes latifundistas de las aristocracias regionales.
Las pugnas entre liberales y conservadores se sucedieron, era de esperar en la medida que no respondían a cuestiones coyunturales sino a causas profundas de intereses y concepción ideológica. En tanto que los liberales consideraban indispensable la unidad e integración, los conservadores, leales a España, trabajaban por la autonomía que volviera a estos territorios más vulnerables. En Guatemala se llega a la fractura de relaciones entre el gobierno Federal y el del Estado.
El final previsible fue el estallido de la guerra Civil, declarada en 1827, destacándose en las filas liberales la figura del general hondureño Francisco Morazán, quien gana, por el voto popular, la elección presidencial de 1830, derrotando al conservador José Cecilio del Valle. Un nuevo conflicto, entre los años 1838 y 1840, marcarían la disolución de la República Federal, el 17 de abril de 1839, el Jefe de Estado de Guatemala declara disuelto el pacto federal y la independencia absoluta del Estado de Guatemala.
El Río de la Plata: la lucha entre Unitarios y Federales
El ejemplo de la guerra civil entre las provincias del territorio argentino y la Banda Oriental, a la sazón una más de ellas, con el centralismo de Buenos Aires, es muy claro para explicar de qué forma, diferencias que están en la génesis misma del movimiento emancipador, han incidido en la historia posterior de los nuevos países independientes.
El centralismo se nucleó dentro del bando denominado Unitario y fue manejado básicamente por pro hombres de la lucha por la independencia del Reino de España, son los casos de Carlos María de Alvear, Manuel Belgrano, Bernardino Rivadavia y otros. No tenían convicciones republicanas demasiado sólidas, más bien soñaban con el establecimiento de otra monarquía y, durante cierto tiempo, fantasearon con la posibilidad de entronizar a un descendiente de la última monarquía incaica.
En lo estrictamente político, eran partidarios de que el manejo de la cosa política estuviera en manos de una minoría selecta, intelectual y docta al estilo “ilustrado” europeo, que rigiera los destinos de las nuevas naciones. Este núcleo central, de origen porteño, repicó y tuvo su eco en otras realidades, particularmente en la oriental, donde muchos “doctores” se sintieron identificados con el mensaje que, de alguna forma, ponía freno a los considerados “desbordes” alentados por los caudillos militares.
A esta postura centralista se enfrentó el Federalismo, concebido por José Artigas, el que logró importantes adhesiones en caudillos provinciales del litoral argentino. Artigas conocía sobre el sistema político norteamericano, se interesó por su estudio y, comprendiendo que estaba frente a otra realidad, tomó de ese modelo los elementos que consideró aplicables al Río de la Plata, pero procurando adaptarlo y no copiarlo.
Al respecto manifiestan José Pedro Barrán y Benjamín Nahum: “Su dogma central era la soberanía de los pueblos; pero esos pueblos no eran compartimentos estancos (. . .) A pesar de la desunión que implicaba las enormes distancias, las dificultades de transporte y comunicaciones, los accidentes geográficos, eran pueblos de la misma cuna y de la misma lengua, con la misma religión y el mismo acendrado hispanismo en lo cultural (. . .) Se imponía la conciliación entre las soberanías particulares de los pueblos y la unión de esos pueblos con un mismo origen y de un mismo destino.” (Bases económicas de la Revolución Artiguista/ José P. Barrán y B. Nahum/Ed. Banda Oriental/ 1964, Montevideo)
La denominada Liga Federal estuvo integrada por Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe, Córdoba y la Provincia Oriental; el crecimiento de su influencia atemorizó a Buenos Aires y también a los portugueses quienes, en 1816 invadieron la Provincia Oriental. La caída del Federalismo y la traición de algunos caudillos al liderazgo de Artigas forman parte de la historia misma del Uruguay.
Los ejemplos citados, ponen de manifiesto que la “voz del pasado” se hacía oír y estuvo presente en las decisiones que pautaron los nuevos tiempos, condicionando fuertemente el desarrollo y crecimiento de esas nuevas naciones que, presas de sus antecedentes, muchas veces encontraron como único camino de acción el de la dependencia y sumisión hacia las naciones más poderosas, con Inglaterra, por esos tiempos, al frente de ese grupo selecto.
El Congreso de Panamá

Simón Bolívar, el visionario gestor de la unidad latinoamericana
En 1826, Simón Bolívar convocó la realización del evento, su objetivo fundamental era buscar la unión o confederación de los nuevos Estados americanos tomando como base la conformación de los virreinatos hispanoamericanos, era un proyecto de unificación continental, de acuerdo a la idea original del precursor de la independencia Francisco de Miranda.
Al evento asistieron: la Gran Colombia, México, Perú y la República Federal de Centro América. Bolivia y Estados Unidos no llegaron a tiempo; las Provincias Unidas del Río de la Plata y Chile no mostraron interés por participar, mientras que Paraguay no fue invitado. Tampoco se interesó el Imperio de Brasil, por otra parte, enviaron observadores Gran Bretaña y los Países Bajos. El resultado final fue de absoluto fracaso, producto de los desacuerdos y las diferencias irreconciliables de los participantes.
El Congreso fue convocado por Bolívar, lo hizo desde Lima el 7 de diciembre de 1824, conjuntamente con el peruano José Faustino Sánchez Carrión, nombrado por Bolívar ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Perú, quien compartía totalmente con aquél el ideario de la unidad hispanoamericana. Dice en su mensaje de convocatoria Simón Bolívar: “Cuando, después de cien siglos, la prosperidad busque el origen de nuestro derecho público, y recuerden los pactos que consolidaron su destino, lo registrarán con respeto los protocolos del Istmo. En él, encontrarán el plan de las primeras alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo.” Lima, 7 de diciembre de 1824.
El resultado del intento fue un rotundo fracaso: no prosperaron las tentativas para llegar a acuerdos, sobre la base de lo negociado, en el pleito entre Perú y la Gran Colombia por la provincia de Guayaquil; La negativa de los Estados participantes a reducir sus aranceles impidió todo intento de fijar acuerdos preferenciales de comercio, al ser evidente los desequilibrios en la balanza comercial de cada asistente. Los embajadores tan solo acordaron con relativa facilidad la creación de una liga de repúblicas americanas con jefes militares comunes, la formación de un pacto mutuo de defensa y el establecimiento de una asamblea parlamentaria supranacional.
No puede negarse que Bolívar persiguió un objetivo visionario, más allá de eventuales ambiciones personales que el tiempo hace imposible considerar, la idea de impulsar la unificación y/o confederación de las nuevas naciones hispanoamericanas tiene un significado geopolítico que el tiempo se ha encargado de ratificar. Debe considerarse además que, como naciones nuevas, estaban sujetas a verse sometidas a un tratamiento comercial desfavorable por parte de las economías centrales, Europa y especialmente Gran Bretaña, que estaba en pleno proceso de desarrollo de la primera fase de la Revolución Industrial.
2.- Los inicios del neocolonialismo
El historiador argentino Tulio Halperin Dongui, expresa que hacia mediados del siglo XIX los frutos de la emancipación política aún no habían comenzado a cosecharse; el fracaso de las negociaciones en el área comercial en el Congreso de Panamá, de alguna forma cercenaron las posibilidades de construir un camino, si no común, al menos de comunidad de intereses para las nuevas naciones. Debe agregarse la situación generalizada de inestabilidad política pautada por la dispersión institucional de algunas Repúblicas en varios estados independientes y la situación casi permanente de guerras civiles y enfrentamientos militares con trasfondo cívico.
En efecto, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la economía de los países latinoamericanos comienza a funcionar de acuerdo a los intereses de los grandes centros económicos mundiales. Funcionalmente a ellos se desarrollan las comunicaciones, las redes de rutas y caminos y luego las líneas ferroviarias, se optimizan las bocas de salida y entrada del comercio internacional a través de los puertos oceánicos y comienza a desarrollarse una nueva forma de capitalismo latinoamericano.
La contracara es la regionalización de las manufacturas nativas, el aislamiento de zonas enteras, pobladas desde hacía siglos, que no se encuadran dentro del circuito que interesa al comercio global, y, tanto las políticas económicas como los lineamientos generales de los gobiernos, comienzan a ser manejados en función de esos intereses dominantes. Llegan empréstitos para obras de infraestructura y “recetas” para aplicar a los sistemas económicos, la consecuencia es clara: endeudamiento y dependencia.
Algunas transformaciones son significativas en cuanto a dotar a este proceso de un “disfraz de progreso”:
-Se produce una muy importante ampliación del espacio económico y crecimiento del comercio
-Los territorios sobre la costa atlántica se ubican en una ruta comercial de vital importancia
-El tono de vida urbana, desarrollado por las clases altas, se hace más europea
-Las ciudades crecen y se vuelven más suntuosas con la construcción de teatros y la pavimentación e iluminaciónde las calles
-Mayor capacidad del sistema financiero para amortizar los préstamos a plazos más largos
-Mayor capacidad de los mercados metropolitanos para absorber las exportaciones latinoamericanas
Se acentúa la penetración del capital extranjero en las economías locales, hay incluso casos escandalosos como el del guano peruano, que permiten el ingreso de esos capitales, con el consiguiente sangrado de beneficios, sin que fuera necesario ya que dicha producción solamente requiere inversiones muy modestas con alto margen de ganancia que, perfectamente hubiera podido quedar en el país de origen.
Un mecanismo muy eficaz para orientar el crédito hacia los sectores altos y dejando caer su peso sobre los sectores medios y bajos, es la sustitución del metalismo ortodoxo, es decir, de la moneda estrictamente respaldada por valor metal, en el “papelismo”, que alienta la inflación.
La expansión productiva regional, de perfiles monoproductivos, tiene como ejemplos significativos:
-El cobre y el trigo en Chile
-La Lana en el Río de la Plata
-El guano en el Perú
-El café en Brasil, Venezuela, Nueva Granada (Colombia) y los países de Centro América
-El azúcar en las Antillas, México y Perú
El esquema del círculo económico vicioso de ese mecanismo económico, podría configurar la imagen siguiente:

De esa forma comienza a andar la economía de la región, una forma que no es otra que la de la penetración del sistema capitalista por medio de las potencias centrales, que encuentran un nuevo espacio para su desarrollo, sus negocios y la obtención de más y mayores beneficios.
De cara al siglo XX
Definimos al sistema imperante en las nuevas naciones latinoamericanas, a excepción de Brasil que sigue aferrado al sistema monárquico, como un “republicanismo rengo” ya que su sistema institucional, político y jurídico está efectivamente hecho a imagen y semejanza de las repúblicas europeas y de EEUU, con tres poderes definidos, etc., pero es carente en su propia esencia. Para decirlo más gráficamente, está la cáscara republicana pero no su parte central, no hace efectiva la verdadera participación democrática y no propende a la igualdad de todos los habitantes.
Sus economías son frágiles y dependientes, lo cual constituye, en su propia esencia, una limitante muy seria. Además, propio de la inexperiencia y no contar con los referentes de adecuada capacitación, está expuesto a la existencia de irregularidades de tipo administrativo y jurídica muy gruesas, cuando no a casos directamente vinculados a la corrupción y los fraudes, lo cual mina su credibilidad para sentarse a negociar con los poderosos con, al menos la autoridad que confiere un funcionamiento correcto de su sistema.
En síntesis, se constituyen en democracias carente de esenciales valores democráticos, con grandes mayorías silenciadas y por fuera de la toma de las decisiones importantes y el poder concentrado en “minorías iluminadas”, frecuente brazo político del poder económico y único interlocutor válido en el diálogo desigual con el gran capital extranjero y los intereses de las economías centrales.
Otro aspecto que es interesante destacar es el del neocolonialismo ideológico y filosófico, es decir, la total vigencia y preeminencia del pensamiento europeo en el acontecer de las nuevas naciones, este fenómeno tiene como ejemplos claramente visibles a tres aspectos fundamentales:
-La vigencia del catolicismo: La Iglesia Católica mantiene en estas tierras su status de religión hegemónica, ha absorbido las creencias aborígenes y logra adeptos en todos los sectores de la sociedad. Desde las catedrales de las grandes capitales hasta las modestas capillas de los pueblos, no hay nucleamiento humano que no tenga su templo cristiano, lugar de reunión para la práctica religiosa y para la socialización
-La aceptación del positivismo como ideología central identificada con el progreso material y la prosperidad. Debido a Augusto Compte (1798-1857), esta escuela sostiene que todo conocimiento genuino está vinculado a la realidad demostrable. Se relaciona con el empirismo y rechaza todo tipo de dogmatismo, aspecto en el cual se coloca en el lado opuesto de la Iglesia.
-Las ideologías de izquierda, haciendo punta entre las cuales se destacan el marxismo y el anarquismo, las cuales habían surgido en la Europa de la Revolución Industrial, en el marco de la aplicación del denominado “capitalismo salvaje”. El concepto de la sociedad dividida en clases, el objetivo de terminar con el capitalismo y la materialización de sus doctrinas en las organizaciones sindicales, marcan su presencia en las sociedades latinoamericanas. El tema es que se dan de cara a una realidad muy diferente a la europea, con las consecuencias que ello traerá aparejado.
Conclusiones
La idea original era la conformación de bloques: La Gran Colombia, integrada por Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela; los territorios que integraban el Virreinato del Perú: Perú, Bolivia y norte de Chile y los que se nucleaban en al Virreinato del Río de la Pata, parte de Chile y básicamente Argentina, en tiempos en qué la Banda Oriental era parte de las Provincias Unidas.
La acción del gran comercio, fundamentalmente el inglés, trabajó fuertemente para evitar estas conformaciones y lograr que cada uno de los nuevos países negociara individualmente sus relaciones comerciales, como forma de ponerlos bajo su égida económica, como finalmente sucedió. Las nuevas naciones se vieron de cara ante la nueva encrucijada económica pautada por: las riquezas del suelo y del sub suelo, la necesidad de llevar adelante un reparto de tierras que estaba básicamente concentrada en grandes latifundios y contar con los instrumentos técnicos y jurídicos necesarios para el control financiero.
El entramado social era no menos complejo, nucleaba a los criollos, clase oligárquica históricamente aliada al gran capital y el comercio; los campesinos y mineros, que trabajaban sometidos a un régimen muchas veces inhumano de explotación; los nativos, descendientes de los pueblos aborígenes y en el escalón más bajo los esclavos, traídos desde las costas africanas occidentales por los mercaderes ingleses, para realizar determinadas tareas como por ejemplo los cultivos tropicales.
Como parte de esa aculturación debe considerarse la adopción del sistema político occidental, basado en la Constitución y la Ley escrita y con un sistema republicano que nada tenía que ver con las grandes mayorías y su organización tradicional, que quedaron a merced del manejo político de las minorías letradas, a menudo también comerciantes y financistas o representantes de estos sectores.
Para finalizar con esta parte del análisis nos referiremos al ya mencionado Congreso de Panamá, un proyecto ambicioso de unificación contra el cual conspiró el resquemor de una eventual expansión del liderazgo de Bolívar. El evento se caracterizó por las concurrencias y ausencias de algunas naciones y la búsqueda por parte de Bolívar de lograr la conformidad extra continental como forma de comenzar a desarrollar un tipo de diplomacia buscando que las cosas quedaran claras desde un principio respecto a la voluntad verdaderamente independentista del continente.
Además de los estrictamente vinculados a la política, se propusieron otros temas:
- Tratado de Comercio
- Libre navegación de los ríos
- La aplicación de normas del Derecho Internacional
- Abolición de la esclavitud
- Contribución de los estados asistentes para mantener un contingente militar
- Fijación de las fronteras procurando la satisfacción de todas las partes
Tras el fracaso sobrevino la fragmentación territorial la cual fue alentada por Inglaterra en defensa de sus intereses económico. Una tesis emergente de esta realidad es la que podríamos denominar la “herencia”: dificultad para lograr acuerdos a largo plazo; falta de definición de objetivos comunes a todas las nuevas naciones; el nefasto posicionamiento de cada país de enfrentarse solos contra el mundo, con lo que ello conlleva y, fundamentalmente, por su efecto nocivo sobre el fenómeno de la dependencia.
De cara al siglo XX la incidencia del capital extranjero es total: manejan las comunicaciones tanto la postal como el transporte con la construcción de líneas ferroviarias, el sistema financiero. Son los acreedores de los empréstitos que los países latinoamericanos se ven obligados a contraer como forma de poder cumplir con sus presupuestos, la explotación de los recursos naturales en un régimen de “monopolio de hecho”. Así queda conformado un modelo de “república renga” que el trabajo ha utilizado para definir el régimen político y la forma de organización de las nuevas naciones en todos los órdenes. En consecuencia, la real independencia de América Latina, es una materia pendiente, el camino está a recorrer, los nuevos tiempos deberán recoger el desafío y caminar hacia ese destino.




