Por los senderos de la canción
Un camino bastante más objetivo y tangible intelectualmente, es el que nos conduce al análisis estructural de la creación artística misma, sus reminiscencias estilísticas, las influencias que acarrea consigo y en forma espontánea, no buscada, la determinación de los senderos creativos recorridos hasta llegar a este tipo de conformación musical que ahora está surgiendo. El manejo de las bases teóricas indispensables para enriquecer el producto “en bruto” con arreglos y variaciones, aditivos corales e instrumentales y todos los etcéteras que puedan corresponder.
Por esos senderos, y tal vez por algunos otros, andaremos en este recorrido por medio y a través de la canción, hasta desembarcar en nuestra orilla geográfica y creativa uruguaya. Un verdadero crisol de variadísimas influencias y coletazos enriquecedores, que van desde los ecos sonoros de las maderas de Guinea hasta los vientos melodiosos tibetanos, pasando por toda la mecedora cultural de los tiempos euro occidentales y hasta las mareas extremo orientales con que nos golpea el Pacífico en la espalda occidental del continente.
Como muy bien lo dicen desde su sitio web la licenciada en Historia de la Universidad de Buenos Aires, Cecilia Maas y su alumna Mariana Katz:
“Lo musical constituye un universo sumamente heterogéneo. Ante todo, como práctica social puede tener distintas funciones: estéticas, rituales, políticas. Además, una expresión musical, por ejemplo, una canción, puede ser analizada en distintos niveles: letra, recursos armónicos y rítmicos, melodía, arreglos, interpretación. También puede ser analizada a partir de los instrumentos, que constituyen un bien cultural que permite apreciar las influencias extramusicales de una época sobre la música, según la tecnología y las condiciones sociales para las cuales fue diseñado (Recasens Barbera, 2010:18). La música contiene a su vez una condensación de distintas temporalidades: el tiempo de la composición, el de la interpretación, el de la grabación y el de la escucha. Por este motivo, Juan Pablo González (2013:108-110) considera que la canción no debe considerarse como un objeto, sino como un proceso. Esta pluralidad de elementos y de temporalidades hace a la música una fuente particularmente rica para el trabajo que hacemos en este sitio. Al establecer la vinculación entre una expresión musical y su historia, no excluimos a priori ninguna de sus dimensiones: según los casos, abordamos su contexto de producción o circulación, su instrumentación, su letra o en el uso de determinados patrones rítmicos o motivos melódicos, entre otros aspectos.” Los sonidos de Calibán: una historia latinoamericana a través de su música/C. Maas y M. Katz/www.sonidosdecaliban.com
Pero con la canción sucede algo particularmente especial y, si se me permite el término, enigmático. No podemos definir a ciencia cierta “qué” tiene la canción que nos permite acercarnos e integrarnos a ella casi sin el más mínimo esfuerzo y, en ocasiones, sin proponérnoslo. A ese respecto, compartiremos en los párrafos siguientes algunos conceptos muy interesantes que pertenecen al investigador Pablo Martín Ruíz de la Tufts University.
Dicho estudioso señala en un muy interesante artículo, publicado a propósito de una conferencia, realizada sobre el tema, que parece ser que hace falta una disposición especial para leer poesía, por ejemplo, o para interesarse en la pintura o para disfrutar del teatro, o incluso de ciertas formas de música, pero verdaderamente no sucede lo mismo respecto la canción. A ese respecto señala: “Es un ámbito de experiencia inmediata con el que nos relacionamos directamente; nadie necesita hacer cursos (o ir a conferencias) para escuchar canciones. Hay algo llamativo en el modo tan natural en que nos relacionamos con la canción. Hay una avidez que parece innata; venimos, por decirlo así, con el gen de la canción.” Pablo Martín Ruiz/Revista Letral N° 9, año 2012
Y agrega que lo misterioso es que se haya dado, en algún momento, ese gran salto, que alguien alguna vez haya decidido “hablar de otra manera”, lo que hoy llamamos cantar, que es un fenómeno universal que no hay grupo humano que no haya descubierto y practicado. En la posibilidad misma del canto ya hay algo curioso. Observemos lo evidente, que la canción es un arte combinada, pero esos dos ámbitos de la canción pueden unificarse en una única entidad que es la voz, la voz humana. La voz es capaz de producir al mismo tiempo palabras y una entonación melódica y rítmica, una música. Podemos decir que en última instancia el misterio y el poder de la canción está concentrado en la voz.
“Y esto no deja de ser curioso también: el canto, el hecho de que, de repente alterar la voz y emitir palabras de un modo diferente al habitual es en un sentido algo sumamente artificial, pero que también, en tanto canción, nos resulta lo más natural y tal vez incluso lo más próximo a nuestra experiencia subjetiva o emocional. Las canciones son protagonistas centrales de nuestra experiencia vital y ocupan, para la mayoría de nosotros, una parte sustancial de nuestro tiempo.” Pablo Martín Ruíz, ob cit

La danza
No se puede hacer referencia a la música, en tanto forma de expresión y, específicamente, a la canción como variante de ese caudal, sin tener presente a la danza. De forma espontánea y sin proponérnoslo, determinados ritmos y entonaciones nos convocan instintivamente al movimiento del cuerpo; nadie puede sustraerse, conscientemente, al impulso natural de expresar con movimientos, por menores que sean, al impacto que al ingreso del sonido en el organismo provoca al vibrar en el aire.
A este respecto dice la bailarina profesional y profesora de danza Elizabeth Mercado Espejo: “A su vez el cuerpo es justamente el instrumento que nos permite expresar sentimientos, emociones, significados, incluso cargas ancestrales si nos vamos a una búsqueda más interna”. “La danza nos da un mayor conocimiento del cuerpo y nos sirve para tener más presencia escénica, ayuda a prevenir lesiones dentro de la actividad física. Para una persona común, sedentaria, que no realiza demasiada actividad física, que pasa demasiado tiempo sentada o parada, le ayuda a descubrir hábitos de postura y a mejorar su calidad de vida”. https://comsoc.udg.mx/Universidadde Guadalajara
En efecto, la danza ha estado presente desde los ritos ancestrales hasta convertirse en una forma de expresión cultural, movimiento y arte se fusionan para narrar historias y conectar emociones. Se trata de un proceso creativo, realizado con rigor y disciplina artísticos, que ha funcionado desde un llamado o convocatoria a las más diversas divinidades hasta la cristalización de una forma de liberar la creatividad. Se trata de un lenguaje que se expresa mediante movimientos corporales al ritmo de la música y tiene sus orígenes en la Prehistoria, ya durante el período Paleolítico, se utilizaba como ritual para favorecer la caza de animales, como lo testimonian numerosas pinturas rupestres halladas en las rocas. Entrado el período Neolítico, en el marco del desarrollo de la vida sedentaria, la danza va adquiriendo un carácter religioso, en la medida que el ser humano comienza a concebir su cosmovisión en dos planos, el plano humano y el divino, además de constituir una convocatoria a las lluvias para que favorezcan las cosechas o a los vientos para que limpien el cielo, imitando a las aves que lo surcan.
Igualmente, la danza se utiliza desde tiempos ancestrales, ya sea para celebrar los nacimientos y acontecimientos festivos como para llorar y honrar a los muertos. Entrando ya en la sociedad moderna, la expresión se vincula a los festejos, agasajos y ceremonias de todo tipo. Una mención especial merece igualmente la vestimenta que forma parte del ritual, desde los collares de perlas y huesos hasta la más suntuosa indumentaria de palacios y grandes Óperas, el color y la forma del atuendo han jugado un papel relevante en el conjunto de la expresión.
De acuerdo a la tradición, en occidente, la expresión como arte se impone desde el tiempo de la civilización helena, en efecto, una de las nueve musas fue Terpsícore, quien se asocia a la danza y a la poesía, de acuerdo a la mitología, esta musa era hija de Zeus y Mnemosine. De este período de la historia occidental, se destaca muy especialmente el llamado “baile dionisíaco”, vinculado al dios del vino y al teatro en sus más puros orígenes. La expresión está ligada el cultivo de la estética y la salud del cuerpo y al equilibrio corporal, como forma expresiva del equilibrio del yo interior del ser humano.
Provenientes de otras culturas y tradiciones, la danza marca presencia relevante en manifestaciones a las que se harán puntual referencia. Tales los casos de las ceremonias de umbanda y macumba en las religiones afro brasileñas y/o a los bailes de candombe, de origen africano, que conforman la esencia más rica de la tradición del carnaval uruguayo. La supervivencia de estas expresiones son la muestra más cabal de la marca indeleble en la propia impronta de estas culturas y de la fuerza inocultable que las tradiciones afro han ejercido y ejercen en nuestra cultura. Esta consideración puede hacerse extensiva también al baile del chamamé y la chamarra en el litoral y norte argentino, así como al carnavalito de la zona del altiplano.
La escena de la danza es tan variada como rica en formas de manifestación, va desde los más encumbrados y modestos escenarios, a los salones, desde los patios a las calles. Los géneros son diversos y no cesan de surgir, desde el ballet al chamamé, del minué al candomblé, solo por hacer referencia a unos escasos ejemplos. En el recorrido por las diferentes épocas y estilos, haremos especial referencia a varios géneros musicales que, tienen como elemento sustancial, la danza como parte constitutiva de su matriz.
Nuestras raíces musicales no están exentas, como no podía ser de otra manera, de la presencia de la danza y su sitio imprescindible. Nos viene de la raíz aborigen, de la colonización y de la presencia afro; se bailaba ya en los campamentos artiguistas en tiempos de la Patria Vieja, se institucionalizó en el ceremonial oficial de la república naciente y se hizo emblema de los patios de todas las escuelas del país. Es expresión plástica sublime en los lienzos de Pedro Figari, ya en las evocaciones de los candombes como en los pericones gauchescos; la importancia de la disciplina, tiene su forma de expresión institucional en la propia existencia de la Escuela Nacional de Danza, que depende del propio Ministerio de Educación y Cultura y ha sido considerada prioritaria en diversas administraciones de diferentes etapas de nuestra historia. El párrafo que sigue y que cierra la presente mención, es muestra clara de lo que se indica.
Mensaje del Día Internacional de la Danza – Julio Bocca –
«La Danza es disciplina, es trabajo, es enseñanza, es comunicación. Con ella nos ahorramos palabras que tal vez otras personas no entenderían y, en cambio, establecemos un idioma universal que nos es familiar a todos. Nos da placer, nos hace libres y nos consuela de la imposibilidad que tenemos los humanos de volar como los pájaros, acercándonos un poco al cielo, a lo sagrado, a lo infinito. Es un arte sublime, diferente cada vez, que se parece tanto a hacer el amor que al finalizar cada representación nos deja el corazón latiendo muy fuerte y esperando con ilusión la próxima vez.»
Dos de los ritmos nacionales más populares, el candombe (Uruguay) y el tango (Argentina y Uruguay) fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, en la reunión que este organismo internacional celebró en Abu Dabi, capital de Emiratos Árabes Unidos en 2009. Hugo Achugar, Director Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura expresó que «se toma con alegría, orgullo y felicidad el reconocimiento de lo que son nuestras prácticas tradicionales, todavía con los ecos de la fiesta del día del patrimonio». mna.gub.uy

Los orígenes de la música
Atendiendo la concepción que tenemos actualmente, de su carácter de expresión esencial vinculada de forma inherente a la naturaleza humana, podemos deducir que los orígenes de esta forma de expresión coinciden con el desarrollo mismo del homo sapiens, y, por qué no, desde antes. Tenemos entonces que remontarnos a la Prehistoria y vincularla a las pinturas rupestres, la inseguridad esencial de la vida nómade del cazador recolector y aceptar una de las definiciones más usuales, que está relacionada, por medio del canto y la danza, a actividades tales como los ritos de apareamiento o a los trabajos colectivos.
Una definición clásica podría hacer hincapié en que hacer música es lograr efectos estéticos por medio de sonidos vocales e instrumentales de acuerdo a estándares culturales de tres elementos fundamentales, como lo son el ritmo, la armonía y la melodía. Igualmente, es bastante aceptable y para la psicología y otras ciencias humanas, incontrovertible, que está asociada a determinados aspectos de la mente humana y constituye un estímulo para el pensamiento lógico y matemático, la adquisición del lenguaje, el desarrollo psicomotriz y otras acciones sociales y mentales. De hecho, es notorio y existen fundados registros, que tanto el canto como la danza, se asocian desde sus orígenes a manifestaciones religiosas y chamánicas, rituales de sanación, a la caza o la batalla, para atraer la lluvia, etc.
Los instrumentos más antiguos de los que hay conocimiento, son flautas de hueso cuya antigüedad se remonta a más de 30.000 años. Hacia el 3.000 AC existían en Sumeria instrumentos de percusión y de cuerdas; en el Nuevo Imperio egipcio se empleaban escalas de siete sonidos e instrumentos como el arpa, el oboe y los tambores.
Transitando la tercera de década del siglo XXI y asombrados con el permanente y “bombardeador” avance de los adelantos tecnológicos, cabe preguntarse y reflexionar sobre el significado de haber “descubierto”, con elementales objetos cotidianos, la posibilidad de lograr diferentes sonidos y, más aún, como complementarse para lograr un sonido armónico (lo que hoy conocemos como afinación), entre diferentes objetos, de hecho, ya hemos mencionado instrumentos de viento y de cuerda, por ejemplo. ¡Toda una revolución del conocimiento! Es decir, algo así como: “si vos hacés ese sonido con un cañito de hueso, cómo puedo yo llegar al mismo sonido golpeando una cuerda hecha con tripas de animal y en tensión.”
Los primeros tratados de música propiamente así concebidos, que se conocen en Occidente, son de origen griego, quienes vincularon la música al poema trágico y a la mitología. Lo mismo ocurrió en China, donde ya en el siglo IV AC se utilizaba una escala cíclica propia.
Al respecto dicen Annette Kreutarger-Herr y Winfried Böning:
“El mito griego del origen de la música se lee así: la música fue entregada a los seres humanos por Apolo y las musas; el mensajero de los dioses, Hermes, trajo consigo al mundo la lira; la diosa de la guerra, Atenea, trompetas y chirimías; y el dios pastor Pan, la flauta. En la mitología india, la diosa Sarasvati inventó la escala musical y a los chinos se la obsequió un pájaro milagroso.
Si definimos la música de forma elemental como el aire en movimiento y percibido como forma artística en un contexto cultural determinado, entonces es tan antigua como el propio ser humano. ¿Quizá sabía cantar el ser humano antes de empezar a hablar y a escribir? Quizá los seres humanos descubrieron rápidamente que podían generarse sonidos y tonos mediante golpes, soplidos y fricciones sobre objetos y que uno podía entenderse de ese modo.
Los instrumentos musicales más antiguos identificados por la arqueología proceden del Paleolítico, tienen unos 35,000 años y se han hallado repartidos por todo el globo terráqueo. Desde la bramadera (todo el mundo conoce el ruido que se produce cuando se agita rápidamente un palo en el aire) y el raspador (cuando un palo se frota contra otro palo con incisiones), desde las matracas, los cuernos de animales y las campanas hasta las flautas de hueso, los arcos musicales y el instrumental que conocemos hoy, han pasado milenios – y sin embargo, en el fondo no ha cambiado nada a la hora de producir el sonido.
Los primeros testimonios de práctica musical se encuentran en un pictograma egipcio del siglo III antes de Cristo; en la Antigüedad surgieron asimismo los primeros escritos teóricos sobre la música en la poesía y en la historiografía. En este contexto, la música de las culturas antiguas desarrolladas estuvo siempre ligada al culto y solo mucho más tarde se convirtió en un arte de expresión estética por sí mismo. Cuando quiera que la música hiciera su aparición en la historia, lo hizo siempre como algo particular, algo noble, que se contaba en todo momento entre los bienes culturales de un pueblo. Así como el ser humano cultiva los campos y extrae de la naturaleza el alimento necesario para sobrevivir, así cultiva (en latín colere, es decir cultivar, cuidar) también el mundo de los sonidos.” La música clásica: 100 preguntas fundamentales. Madrid, Alianza Editorial, 2010

Huida de Orfeo y Eurídice/Camile Corot
La natural tendencia del pensamiento heleno antiguo a trasladar toda su cosmovisión y explicar todos los fenómenos de la naturaleza a través de la acción de los dioses, se refleja claramente en el mito del amor “sentido/padecido” y más allá de lo posible entre el dios Orfeo y la doncella Eurídice, en “fuga” y amoroso sufrimiento por toda la eternidad. Un peregrinar sin tiempo atravesando todos los riesgos bajo la impenetrable protección de la belleza mágica de la voz del dios de la música y el canto.
Otros análisis hacen hincapié en que la música, presente en la existencia del sapiens desde el principio, responde a la necesidad de provocar una exteriorización, a través del sonido, ya sea de la voz o provocado por algún objeto, con la finalidad última de comunicarse cada individuo con sus semejantes. Igualmente, ciertos tratados realizan una especie de clasificación de los instrumentos creados en esos inicios de la expresión musical, a saber:
–Autófonos: producen sonidos a través de la propia materia en la que están construidos
–Membranófonos: tambores, hechos con una membrana en tensión
–Cordófonos: los instrumentos de cuerda
–Aerófonos: el sonido se origina por vibración de una columna de aire, el ejemplo más antiguo es el de la flauta, construida con cuernos de animales
En todos los casos, inevitablemente, los sonidos producidos por los objetos de diferente naturaleza y proceso de confección, fueron utilizados para acompañar y realzar la voz humana, principal vehículo de comunicación.
Por otra parte, y en estrecha relación con el mismo tema, desde siempre, la enseñanza y la práctica de la música ha formado parte indisoluble en la formación de las personas desde su primera infancia. Así, desde el primigenio agitar del sonajero hasta la ejecución de las primeras notas en el instrumento elegido, nuestra existencia ha estado marcada e indisolublemente acompañada de los sonidos musicales. Y vaya si es importante que ello ocurra, respecto a este punto manifiesta Cristina del Río Villegas, titular del espacio tempomusical.es:
“La educación musical abre las puertas a un universo de conocimiento y cultura. ¿Qué tiene la música que está en todas partes, que nos acompaña en todo momento? Escucho algo y me hace reír, recordar, llorar, emocionarme… ¿qué extraño poder tiene sobre nosotros? Cuando canto me cambia el ánimo, pero, aún más, si cantamos juntos, me siento más unido a ti. Cuando toco un instrumento, toda mi persona se pone en juego. La música nos tiende su mano como herramienta pedagógica única, que nos ayuda a enriquecer el proceso de formación y nos ofrece esa experiencia del bien y la belleza que todos necesitamos. (. . .) La música ha sido una parte integral de la humanidad siempre, es una muestra de que lo intangible existe. Eleva nuestra mirada, nos toca el corazón. Desempeña un papel crucial en nuestras culturas y tradiciones. Pero más allá de su valor artístico, la formación musical tiene un impacto profundo en el desarrollo cognitivo, emocional y social de las personas. Participar en actividades musicales, ya sea tocar un instrumento, cantar en un coro o componer una canción, ofrece un cauce de comunicación, creatividad y crecimiento personal único. Es una forma poderosa de expresión emocional. Si queremos reducir el nivel de estrés o ansiedad, qué mejor que la práctica de un instrumento o escuchar Claro de Luna de Debussy. Es completamente terapéutica. Si queremos reforzar la autoestima, la música te permite alcanzar logros de los que sentirte orgulloso.” Cristina del Río Villegas/Educar con música/eldebate.com ed. 25/10/2024

Vamos a hablar de la canción, el rumbo es conducirnos hacia la canción uruguaya, tratar sobre sus características, de los estilos predominantes, del mensaje que lleva consigo, de su trayectoria, de sus orígenes . . . Sus orígenes . . . Si complejo y controversial es determinar, o siquiera ponerse a intercambiar pareceres, sobre la nacionalidad, la uruguayez de la que nos llenamos de orgullo, cuánto más deberá ser establecer los orígenes de nuestro cancionero.
Puesta la mirada hacia atrás son muchos los pasillos que nos conducen a diversos espacios culturales a través del tiempo, uno no puede menos que hacer un gesto similar a ese entrecerrar de los ojos cuando miramos a lo lejos y no logramos interpretar lo que recogemos con nuestra vista. Entonces nos sentamos frente al rompecabezas, eso que ahora llaman puzle, y vamos hacia atrás, hacia lo que llegó a estas tierras y procedente de dónde; y eso que nos llegó de ese dónde está formado por otros componentes que les llegaron desde otro . . .
Y los “dónde” se multiplican, y el laberinto se hace cada vez más intrincado, sentimos que estamos ante una especia de pluri globalización hacia atrás, una reversión de caminos andados, un gran entrevero en el que los sonidos se entremezclan y las voces se multiplican. Pero también, y por sobre todas las cosas, se multiplica la belleza de los sonidos y se potencia la alegría en nuestros corazones.
Y vamos a transitar por los pasillos entrecruzados y multi direccionales de ese laberinto del tiempo que no es otro que el transcurrir y convivir de diferentes culturas. Puesto a desentrañar esa trayectoria histórica y procurando, veremos si con algo de verosimilitud, juntar y coordinar las diferentes piezas del puzle, parto de la base de ponerme en la vereda opuesta de dos concepciones que uno siente que le han sido impuestas desde que tiene uso de razón, o al menos desde que comenzó a interesarse por temas vinculados a la cultura. Y esas son:
-Que la occidental es una especie de “madre” de todas las culturas; al mismo tiempo, contiene en sí misma a las demás, sería algo así como la mejor versión de todo cuanto se ha hecho a lo largo de las Eras
-Los uruguayos, el ser uruguayo u oriental, es absolutamente diferente a todo el resto del continente latinoamericano. Somos “el monitor de la clase”, el mejor ejemplo a seguir, la versión más prolija de la cosmovisión latinoamericana.
Convencido desde hace tiempo que ambas acepciones no responden a la realidad, que se basan en pensamientos estereotipados que se crearon para imponerse, procuraré transitar al margen de las mismas, tratando, al mismo tiempo, de que no me condicionen en el tratamiento del tema específico que me ocupa. Quiero hablar de la canción, de música, de la necesidad vital del ser humano de producir, dar y recibir, de compartir ese don maravilloso que a nuestra naturaleza nos ha sido proporcionado.
Un tercer concepto que seguramente estará subyacente en el transcurso del presente: pocas cosas son tan incompatibles como la expresión cultural y los condicionamientos de cualquier forma de poder. Quiero decirlo de forma clara y concisa: no es posible aceptar ningún tipo de imposición, censura ni “recomendación” alguna, por diplomática y/o reivindicativa que parezca, que condicione al artista y a su sagrado derecho de elaborar su producto con total y absoluta libertad, siguiendo, persiguiendo y defendiendo su criterio estético y su cosmovisión en el más amplio de los sentidos.
El presente es extracto de la investigación en proceso “La canción uruguaya”, autor Julio Rapetti




