La música y los pueblos

Si algo ha caracterizado al siglo XX en materia musical, ha sido la verdadera “explosión” desarrollada por los estilos populares, que fueron ocupando cada vez más espacio y ganando consideración en la crítica especializada, en la medida que fueron creciendo en calidad de ejecución y en políticas de difusión y comercialización. La propia inestabilidad social y política que caracterizó al siglo, así como la marcada aceleración del ritmo de vida de la sociedad a nivel global, de alguna manera pautaron lineamientos de hábitos que, en materia de cultura, creó condiciones para el auge de la popularización de todas las artes. La música no estuvo ajena a ese fenómeno, es más, podría decirse que marchó a la vanguardia, anticipándose así a otras formas expresivas como por ejemplo el teatro y la danza. Tres aspectos caracterizan a este fenómeno: -Raíces culturales, puntualmente localizadas y profundamente arraigadas en sus orígenes culturales, comienzan a desarrollar una especia de “tránsito permanente” a lo largo y a lo ancho del mundo. Así, podemos actualmente, ya adentrados en la centuria siguiente, escuchar jazz en Libia, tango en Japón, flamenco en Bogotá, etc. -Los estilos originarios, aún en aquellos casos en que han procurado muy especialmente mantener su esencia, han desarrollado un proceso de “globalización” que ha modificado una parte sustantiva de sus respectivas estructuras. -Se desarrolla un fenómeno absolutamente nuevo y desconocido en los tiempos anteriores, así podemos decir que la música “salta a la calle”, no abandona los salones, pero éstos dejan de ser sus sitios excluyentes. Además, los “ruidos de la calle” van adquiriendo el rango de sonidos musicales.

Vamos a referirnos específicamente a algunos de esos estilos populares que desarrollaron la evolución descrita en la presentación, y que, cada uno dentro de sus características, han alcanzado niveles de desarrollo técnico e interpretativo de excelencia en varios de sus más connotados intérpretes.

Igualmente, haremos referencia a determinadas circunstancias sociales y políticas que forman parte de la historia, y también son elemento sustancial a la hora de analizar estos estilos populares, en tanto constituyen el medio ambiente, el ámbito en el que se desarrollaron, en el que nacieron y crecieron sus intérpretes más connotados, y, fundamentalmente, el sitio donde fueron ejecutados y recepcionados por las grandes audiencias.

El racismo en los Estados Unidos

Comunidad de esclavos trabajando la tierra en los estados del Sur

Después de la abolición de la esclavitud, como consecuencia del resultado de la guerra civil, decretada por el luego asesinado presidente Abraham Lincoln, los estados del sur, derrotados en la contienda y con mucho de resentimiento, sancionaron una variedad de leyes para discriminar a los ciudadanos negros. Este proceso se dio durante el período de la necesaria reconstrucción intentada con posterioridad al conflicto.

Con la elección de Rutherford B. Hayes como el decimonoveno presidente, la discriminación se extendió a los estados del norte, donde ya eran utilizados para las tareas más esforzadas, a tal punto se agudizó el fenómeno, que a comienzos del siglo XX se podía ver la severidad de la discriminación y racismo en lugares como Boston, Detroit, Chicago y Los Ángeles, centros industriales que se vanagloriaban de su “liberalismo progresista”. Se estima que entre 1830 y 1950 se lincharon aproximadamente cuatro mil personas de ascendencia afro en los Estados Unidos. Algunas fuentes sostienen incluso, que muchas veces constituían un espectáculo público y popular con la asistencia de miles de testigos.

Estas ejecuciones se daban por diferentes motivos y/o excusas, se estima que un 25% de las acusaciones era por abuso contra blancas, con el detalle, nada menor, de que no se exigía reconocimiento de la víctima al agresor. Este hecho provocó la emigración masiva o la pureza étnica de seis millones de negros desde el norte hacia los estados del oeste del país. Como los estados no podían eliminar los derechos de los negros, que son garantizados en la constitución, se usó en su reemplazo la «segregación» que fue legal por muchos años bajo la idea de «Separated but Equal», cuya traducción sería «Separados pero Iguales».

La idea que pretendió imponerse fue que, mientras las oportunidades que eran otorgadas fueran iguales para ambas razas, esto era legal; pero la realidad mostraba un rostro muy diferente, en efecto, las oportunidades educativas, de empleo, de vivienda, y económicas no eran iguales. Por ejemplo, las escuelas públicas de blancos recibían más dinero y nuevos útiles, mientras las escuelas de negros recibían el mínimo dinero posible y, generalmente, muy poco y precario material.

Un ejemplo puntual y paradigmático, que vincula a una figura de la música, es el caso de la cantante negra Bessie Smith, quien fue víctima de un accidente automovilístico. La ambulancia que la trasladó, había recorrido todos los hospitales del Missisipi en busca de transfusión de sangre. En ninguno la dejaron entrar porque eran, respuesta literal, «hospitales para blancos». El resultado fue que Bessie Smith se desangró en la camilla, falleciendo como consecuencia de la falta de atención provocada por esta segregación «legal”.

Hechos de este tipo dieron origen posteriormente al movimiento de igualdad de derechos de los negros, el más significativo de los cuales fue el liderado por Martin Luther King. Esta ley mantuvo su legalidad hasta la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos en «Brown vs. Board of Education» en el que los jueces decidieron que educación pública segregada no implicaba un tratamiento igualitario y por lo tanto la segregación en las escuelas públicas era ilegal.

El rostro del racismo en el siglo XX, escena de una Universidad norteamericana a comienzos de los ‘60

De acuerdo a lo decretado por el gobierno del Norte, ganador de la Guerra de Secesión, los afroamericanos pudieron comenzar a votar, buscar puestos de oficina, así como asistir a la educación pública, hacia finales del período de la Reconstrucción a mediados de la década de 1870. Pero lo que la ley establecía, en muchos casos quedaba en letra muerta, la violencia supremacista blanca llega al poder a través de grupos paramilitares como los Camisas Rojas y la Liga Blanca e impusieron leyes como la de Jim Crow, que privaron a los afroamericanos de los derechos de voto e instituyeron políticas discriminatorias sistémicas a través de prácticas de desigualdad y llevando a cabo una cruda segregación racial.

Las leyes Jim Crow eran leyes estatales y locales, se imponían con letreros utilizados para mostrar a los negros dónde podían caminar, hablar, beber, descansar o comer legalmente. Por ejemplo, en aquellos lugares que eran racialmente mixtos, los no blancos tenían que esperar hasta que todos los clientes blancos fueran atendidos. Las instalaciones segregadas se extendieron, al punto de crearse escuelas y cementerios solo para blancos.

La justificación para la exclusión sistemática de los afroestadounidenses de la sociedad sureña fue que servía para «proteger» a la propia población negra. Cierto académico de comienzos del siglo XX, llegó a decir que de haberse permitido a los niños negros estudiar con los blancos hubiera significado «someterlos constantemente a opiniones y sentimientos hostiles» lo que habría conducido a «una conciencia mórbida de la raza «. Esta ideología contribuyó al fortalecimiento del fanatismo racial en los estados sureños de los Estados Unidos.

Las prácticas racistas, aun cuando legal y hasta constitucionalmente no se hacía diferencias de ningún tipo, tuvieron varias formas de manifestación, por su trascendencia y como muestra de lo profundo y lacerante del tema, nos referiremos muy brevemente a una de ellas: Las ciudades del atardecer (The sundown town). Es el nombre que se dio a determinaos lugares de los Estados Unidos que emplearon métodos diversos, alguno no formales, para excluir a residentes negros, así como de otras etnias como asiáticos y latinoamericanos. En ciertos casos, admitían a trabajadores negros, pero no podían residir en ese sitio, por lo cual debían abandonar el lugar al atardecer. sobre estos pueblos que surgieron fundamentalmente en los estados del Norte, en el período de tiempo comprendido entre 1890 y 1940, aunque algunos se extendieron a entrada la década del sesenta.

Una característica que tuvo la dinámica desarrollada en estas ciudades fue la de dejar residir a una familia, era frecuente que fuera el barbero y su familia, o a muy pocas, negándoselo al resto. Era una estrategia para fomentar la división de visiones dentro de la comunidad afro, buscando de esa manera impedir que se generara un “espíritu de cuerpo”, que alentara un reclamo colectivo que lograra un mayor impacto en la opinión pública y en la consideración general.

El Ku Klux Klan

Se trata de una agrupación supremacista estadounidense, de extrema derecha y conservadora, de clarísima orientación terrorista, que promovió y llevó adelante, por medio de actos violentos y propaganda pérfida, una marcada postura que fomentaba el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo.

Más allá de lo declarativo, de los discursos y manifiestos rimbombantes, lo real es que dispuso, a veces de forma más explícita, en otras solapadamente, de las principales fuentes de poder, incluidas entre estas las correspondientes a las esferas políticas. Por lo demás, resulta muy clara sus analogía y coincidencia ideológica con la mentalidad imperialista norteamericana, que terminó de consolidarse hacia el final de la Guerra de Secesión, con la victoria del Norte industrial, encarnación del espíritu yankee, impulsado por un claro afán de expansión y de dominio político, militar y cultural.

El movimiento propiamente dicho, tuvo en su evolución varios períodos:

La primera etapa: La organización fue fundada a fines del año 1865, sobre la sangre tibia de los soldados y las poblaciones del Sur derrotado, y en el marco de la euforia de los estados del Norte y el Oeste por la victoria obtenida. Uno de los primeros propósitos de la misma, manifestados de forma explícita, fue oponerse, poniendo cualquier tipo de obstáculos, al pretendido proceso de Reconstrucción y a cualquier intento de recomposición de la unidad nacional. Seguía vigente en su discurso, el espíritu de la Confederación.

Después de un comienzo muy dinámico, que se caracterizó por las proclamas explosivas y algunas acciones de su sello, tuvo un rápido declive, motivado por el rechazo de buena parte de la población, fundamentalmente a sus prácticas violentas, más allá de algunas coincidencias con la propuesta. La organización fue legalmente disuelta en el año 1871 por un Acta dictada entonces por el propio presidente Ulises Grant.

La segunda etapa: De acuerdo a una investigación exhaustiva y referente del tema, a cargo del historiador mejicano Jesús Velasco Grajales, el resurgimiento de esta secta se da en un contexto marcado por el contraste profundo entre la aparente prosperidad norteamericana, fundada en su expansión mundial, y las enormes desigualdades sociales que se anidaban en la sociedad. Todo ello en el transcurso de la segunda década del siglo XX, casi en paralelo con el transcurrir de la Primera Guerra Mundial.

La refundación se produjo en Georgia en 1915, y quien estuvo al frente fue Willíam Joseph Simmons, teniendo como fuente de inspiración a su versión original, el Klan de la época de la reconstrucció logró agrupar tras de su causa entre tres y seis millones de norteamericanos que se opusieron, aún con la violencia, a católicos, negros y judíos, defendiendo la supremacía de la raza blanca y rechazando la vinculación estadounidense con el exterior.

El propósito del grupo se basó en tres puntos fundamentales:

1.- Proteger al débil, al inocente, al indefenso . . . Rescatar al oprimido y el lastimado, (seudo altruismo)

2.- Proteger y defender a la Constitución de los Estados Unidos de América, (nacionalismo exacerbado)

2.- Ayudar y auxiliar las leyes y la Constitución de forma activa, (alentando la participación directa)

Su integración era territorialmente tanto urbana como rural y socialmente policlasista. Los miembros del Klan se caracterizaban por ser mayoritariamente protestantes, pero no exclusiva o necesariamente fundamentalistas. Su filiación religiosa era un reflejo de la sociedad blanca protestante, incluyendo a aquellos que no pertenecían a ninguna iglesia concreta. Tuvo un particular éxito reclutando a lo largo del país a millones de nuevos miembros, y alcanzó su nivel máximo en la década de 1920, cuando el 15% de la población formaba parte de sus filas.

La Cruz ardiente, símbolo del Klan/Amnistía Internacional España

Este segundo período del Klan se caracterizó por desarrollar tres tipos de actividades para institucionales, de forma sistemática y casi permanente:

-Control sobre el aparato gubernamental en varios Estados de la Unión

-Participación activa, ocupando espacios clave, en la interna de ambos partidos mayoritarios

-Presión sobre la justicia con la elección de magistrados y miembros relevantes del Poder Judicial

Esta fase fue cerrada en el año 1944, pero igualmente, las posiciones conservadoras, y fundamentalmente la mentalidad anclada en la extrema derecha, siguió presente en el ambiente socio político norteamericano. En la década siguiente, el auge del “macartismo” está muy relacionado al tema, ya que, durante el mismo, se persiguió y expulsó, ahora de forma institucionalizada, a artistas y militantes identificados con la izquierda, en el marco de la Guerra Fría.

En los años siguientes, diversos grupos, utilizando el nombre, siguieron operando, en varios casos notorios, con actos de inusitada violencia. Uno de los crímenes que ha pasado a la historia como símbolo del terrorismo desatado contra los movimientos en la lucha por los derechos civiles y la igualdad étnica y social, es el del reverendo Martin Luther King, en el año 1967, mientras se dirigía al público desde un estrado callejero.

Esta sistemática y casi incorporada como parte del ADN de la sociedad norteamericana, discriminación y el marginamiento al que fue sometido el elemento negro en la misma, estuvo constantemente presente en el devenir de la propia vida e impregnando el periplo artístico de los músicos y cantantes que conformaron la élite más conspicua del blues y el jazz, y más tarde también con activa y significativa participación en el movimiento del rock and roll.

Se dice con frecuencia que Nueva Orleans es una ciudad diferente, quizá la más exótica y cosmopolita de los Estados Unidos. Lo es por su geografía, por su historia y por su conformación social, se destaca igualmente por sus aportaciones al acervo cultural occidental que le han proporcionado una aureola mítica como un lugar alegre y desprejuiciado.

Una de sus principales contribuciones ha sido a la música. En efecto, es reconocida como la cuna del jazz, allí se escucharon y ejecutaron entre finales del siglo XIX y principios del XX, el Ragtime, el New Orleans Style y el Dixieland, ritmos y melodías que impulsaron el nacimiento de una de las manifestaciones culturales más importantes del siglo XX.

Se afirma que “el jazz surgió en Nueva Orleans”, y aunque esta frase tan repetida, puede ser una exageración, porque hubo otros lugares que también contribuyeron a la gestación del nuevo estilo musical, lo cierto es que se constituye en la ciudad más importante en el proceso del nacimiento del jazz. Quizá Nueva Orleans, la vieja ciudad, era el único sitio donde eso podía ocurrir, porque su carácter portuario y comercial generó una extraordinaria multiculturalidad (francesa, española, norteamericana, caribeña, india, africana, etc.) y su clima, propicio para la vida en la calle, provocó la continua interacción entre sus gentes (todo ello dentro de un ambiente de gran libertad y permisividad).

En Nueva Orleans se mezclaron autóctonos y forasteros, personas de diferentes clases sociales (en la ciudad convivían la riqueza y la extrema pobreza) y, especialmente, se relacionaron blancos y negros (y entre éstos, los “criollos” y los “afroamericanos”). Todo esto en un crisol que resultaba muy poco frecuente en una sociedad como la norteamericana, aún con las heridas abiertas de la guerra civil que enfrentó, no solamente a los estados del Norte y del Sur, definidos políticamente, sino también dos concepciones socio culturales casi antagónicas, y con marcada presencia de sentimientos racistas.

Así, se fueron sumando inmigrantes italianos, alemanes, ingleses o eslavos y numerosos contingentes de esclavos de origen africano. En este colectivo multicultural cada comunidad apreciaba sus raíces y las defendía con pasión, particularmente en el caso de la música. Así fue que se comenzaron a escuchar canciones populares inglesas, junto al ballet francés, danzas españolas, himnos prusianos y música folclórica de otros lugares del mundo.

Además, los cantos religiosos, los spirituals, que se escuchaban en las diferentes iglesias o los temas que acompañaban a los ritos vudús (de fuerte presencia), así como las work songs o “canciones de trabajo”, cantadas por los negros en las plantaciones y los primitivos blues, convirtieron a la vieja Nueva Orleans en una ciudad extravagante e increíblemente musical, en la que acabaría cristalizando esa nueva forma de expresión original que nos ocupa. La ciudad había sido fundada por los franceses en 1718, allí se produciría el nacimiento del jazz.

De alguna forma, la Nueva Orleans de finales del siglo XIX contenía dos ciudades en una. Una era la ciudad “francesa” (al este de Canal Street, ocupando el centro) donde vivían los blancos y sus sirvientes negros, y donde también residían los “criollos”, negros y mestizos que, aunque no estaban plenamente aceptados, habían tenido éxito en los negocios y se destacaban socialmente. Este era uno de los rasgos sociales más característicos de aquella Nueva Orleans en la que convivían los negros “criollos”, cuyos ancestros eran libres frente a los negros “afroamericanos”, de ascendientes esclavos.

La otra, era la ciudad “estadounidense” (al oeste de Canal Street, en la periferia) donde vivían los negros emancipados, pobres y sin educación. Mientras los criollos leían música y ejecutaban con precisión sus instrumentos, los afroamericanos memorizaban e improvisaban en sus bandas (muy pocos de ellos sabían leer partituras). El contraste alimentaba la competencia entre los músicos de ambos lados de Canal Street.

Esta situación cambiaría radicalmente con la medida que, en 1897, tomó la alcaldía de la ciudad y que facilitó la “fusión” entre los dos grupos (musicalmente hablando). El concejal Alderman Sidney Story decidió centralizar la prostitución en un sector concreto de la ciudad, junto al Barrio Francés, delimitando una zona que inicialmente fue conocida como “The District” pero que acabaría siendo denominada Storyville.

Allí se abrieron burdeles que contrataban músicos y en sus calles se celebran concursos de bandas de viento. También llegaban músicos de ambos lados, los criollos habitualmente a espaldas de su familia. Storyville fue un verdadero caldo de cultivo donde se fue forjando el jazz de Nueva Orleans y desde allí irradiaría influencia tanto a los cabarets y salas de bailes de los distritos vecinos, como a los barcos que surcaban el Mississippi, al Barrio Francés y al resto de cafés y hoteles de la ciudad. El cierre de Storyville provocó la emigración de muchos músicos que terminaron estableciéndose en otros lugares, adquiriendo especial relevancia la ciudad de Chicago.

Los estilos originarios

El Ragtime: Se trata de una música compuesta específicamente para piano, en sus claves correspondientes, y que carece de un elemento distintivo característico del estilo como lo es la improvisación. No obstante, se destaca, y por esa razón se integra al género, por la presencia marcada del swing.

A pesar de su formalidad compositiva, su concepción rítmica y estilo en la intensificación de los tiempos del compás, constituye un claro aporte de los músicos negros, lo cual llevó a denominarla “ragged time”, que puede traducirse como “tiempo despedazado”. El ritmo se impone sobre la melodía, a diferencia de la música europea escrita para piano, es vivaz, libre, sincopado, descompensado, de ahí la referida denominación de “raggy”. Al ser música escrita, ha perdurado en el tiempo, ya que por aquellos años no existía la grabación y ningún tipo de registro sonoro.

El gran exponente del estilo fue Scott Joplin (1868-1917) y una de las definiciones clásicas del mismo es “música blanca tocada al estilo negro”, expresión de sospechoso sesgo racista. Otro autor destacado fue Jelly Roll Morton, uno de sus temas “The Entertainer”, adquirirá celebridad décadas más tarde, cuando formó parte de la banda sonora de la película El Golpe, interpretada por Paul Newman y Robert Redford, ganadora de siete premios Oscar, entre los cuales estaba el de mejor música de banda de sonido.

New Orleans Style: Es una combinación de los diferentes estilos que por aquellos años se escuchaban en la ciudad, como que recogía el “sonido de la calle”, en aquel mosaico de tradiciones musicales variopintas. Fue desarrollado por las denominadas marching bands, que eran conjuntos musicales en los que se destacaba especialmente la supremacía de los instrumentos de viento. Estas bandas eran de las pocas opciones de trabajo remunerado para los músicos negros que tocaban al aire libre.

Escuchando y tocando en esas bandas, se formó Charles Buddy Boldon (1876-1931), el primer trompetista en alcanzar renombre en la historia del jazz. Él fue quien promovió el sentido rítmico del swing, alternando notas largas y cortas. La corneta o trompeta era el instrumento que llevaba la melodía, el clarinete hacía agregados y variaciones, y el trombón interpretaba una contra melodía más baja. A su vez, todos los instrumentos tenían espacio para la improvisación.

El estilo tuvo su mayor esplendor en Chicago en los años veinte, después de haber sido desplazado de las calles de Nueva Orleans. En ese marco, el músico King Oliver y su Creole Jazz Band, fue quien posibilitó el debut de quien luego se convertirá en una de las figuras icónicas del jazz y de la música de todos los tiempos: el trompetista y cantante Louis Armstrong.

El Dixieland: Este estilo, sobre cuya etimología hay diferentes teorías, una de las cuales lo hace derivar de un billete emitido por el Banco de Lousiana, el dixie, equivalente a diez dólares, es conocido como “música del sur” y se caracterizó por ser ejecutado por blancos. En efecto, en Nueva Orleans el jazz no fue exclusivamente cultivado por los negros, sino que también hubo bandas de blancos, que fueron cautivados por las bondades sonoras del estilo. En ese marco, Papa Jack Laine es considerado el padre del jazz blanco.

Los blancos crearon un estilo diferente, aunque hundiendo sus raíces en las bases del jazz, tuvo un efecto menos expresivo, pero con más recursos técnicos para su ejecución y menos dependiente de la intuición de cada músico. Ejecutaban melodías académicamente consideradas más pulidas y armonías más limpias. Subyace en esa apreciación un comparativo natural con la música europea, tanto la tradicional como la contemporánea. Las bandas tenían una primera línea de instrumentos de viento y una segunda de ritmos, integrada esta última por piano, batería o tuba.

“Los locos años 20”

Es el ejemplo de artista que se construye a sí mismo de lo más bajo. Abandonado por su padre, su madre ejerció la prostitución y siendo adolescente fue detenido pasando tiempo en un correccional de menores. Fue quien codificó y estandarizó los elementos más esenciales que definen el Jazz, esto es: la improvisación, el swing y el uso de sonoridades prestadas del blues. Estableció el estilo y fraseo para cantar jazz, por esas y otras facetas de su larga carrera, es considerado el padre del jazz moderno, es autor además de temas emblemáticos no solamente del jazz sino de la música popular de todos los tiempos, como su célebre “A wonderful world”.

Ella Fitzgerald, una reina que hipnotiza con su voz

El Swing y la era de las Big Bands (1930-1945)

Con la Ley Seca, aplicada en 1920, y que perduró hasta 1933, surgieron en Estados Unidos cientos de locales clandestinos en los que se bebía alcohol, se jugaba como en un casino, se bailaba y escuchaba música tocada por Big Bands.

Hasta la década de 1930, la música jazz se asociaba a la cultura afroamericana, eso cambió con el surgimiento de las Big Bands, que tenían un estilo más suelto llamado swing, de tempo muy bailable, que agradaba a la población blanca también. Surge hacía 1930 y se mantiene hasta 1945 cuando llega el nuevo estilo de jazz, denominado Be Bop.

Las Big Bands se conformaban con dieciseis o dieciocho músicos y las dirigía el director, que normalmente es el pianista o el baterista aunque hay casos en la que es un trombonista, necesita de un arreglador que escriba las partituras de cada músico. Los instrumentos utilizados eran los siguientes:

-Viento metal: cuatro o cinco trompetas y tres o cuatro trombones (sección melódica)
-Viento madera: cinco saxofones divididos en dos altos, dos tenores y un barítono (sección melódica y a veces armónica)
-Cuerda: piano (sección armónica) y contrabajo (sección rítmica)
-Percusión: Batería (sección rítmica)

Los compositores más importantes de estas grandes orquestas llamadas Big Bands fueron Glenn Miller (trombón) Benny Goodman (clarinete) Duke Ellington (piano) Tommy Dorsey (trombón) y Count Basie (piano), todos ellos, junto a otros exponentes, verdaderos íconos del estilo, ellos contribuyeron a extender el jazz y expandirlo por todo el mundo, alcanzando niveles artísticos de excelencia.

B. B. King: Riley Ben King, “el Rey”, nació en Berclair, Misisipi, el 16 de setiembre de 1925 y murió en Las Vegas, Nevada, el 14 de mayo de 2015. Se destaca por haber introducido un estilo de solos de guitarra basado en vibratos brillantes que, en lo sucesivo, influiría fuertemente en el toque de la guitarra eléctrica en diferentes estilos, particularmente en el blues electrónico y el rock en todas sus variantes. Especialmente, se menciona la fuerte influencia que ejerció sobre Elvis Presley, de quien era amigo personal.

“El jazz es el hermano mayor del blues, el blues es la secundaria, el jazz es la facultad”

Creció cantando en un coro de góspel de la iglesia baptista Elkhorn de Kilmichael, pero ya hacia 1943 tocaba en otras iglesias y en el estudio de una radio local. En la década del cincuenta ya era un nombre célebre del rhytmm and blues y entre 1952 y 1955 estaba en los primeros puestos en la lista de éxitos de RyB de la revista Billboard. Siempre procuró rodearse de músicos y arregladores de jazz, para dar a sus interpretaciones solistas el marco de mayor calidad posible.

A lo largo de su carrera y su propia evolución como instrumentista, desarrolla una fluida fusión de géneros musicales como el blues, el jazz, el swing y el pop, utilizaba una guitarra Gibson ES-335, a la que llamó “Lusille”, como consecuencia de un episodio que le tocó vivir, y que llevó a la firma fabricante de ese instrumento, a desarrollar un modelo con ese nombre. Ha tocado con los más grandes músicos del estilo y del rock and roll, como Eric Clapton y Carlos Santana.

El jazz y toda su “descendencia musical” se constituyen como una verdadera credencial de identidad de toda una raza y rescata, en sus sonoridades, los anhelos y sueños que ésta ha sabido conservar, aún por encima de sufrimientos, inequidades e inhumanidades a través de los tiempos.

No solo se ha mantenido firme sobre sus cimientos estilísticos robustos y consolidados por la amalgama de acervos ancestrales y “condimentos” de diferentes épocas, sino que, además, se ha constituido en base para el surgimiento y la consagración de los géneros musicales que le pusieron ritmo y sonido a todo el siglo XX y aún permanecen en escena y en primer plano en la presente centuria.

Semejante estatura y vigencia solo puede explicarse por la calidad de su producto musical, la excelsa ejecución de sus intérpretes más célebres, así como por ser, en su esencia, un lenguaje, un código de comunicación que encierra y transmite vivencias, silencios de soledades en bodegas de barcos, plantaciones y buhardillas. También alegrías de comuniones en tabernas y patios humildes, siempre identificado con los sentimientos y sueños de una comunidad.

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