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Hablemos de Economía III

Continuando con la línea trazada en las dos entregas anteriores, de fechas 25 de mayo y 8 de julio del corriente, en la presente vamos a hacer referencia a dos temas que hacen a la trascendencia que la dinámica económica tiene sobre la vida cotidiana de las comunidades y las personas. Específicamente, los temas en los que nos enfocaremos en esta columna, están vinculados a dos ítems específicos: lo que se denomina “Enfermedades de la economía” y el concepto y características del “Ciclo económico”. Como podrá observarse en el tratamiento de los temas, los mismos abarcan a incluyen a otros fenómenos de los cuales oímos hablar casi a diario, utilizados generalmente para explicar determinadas condiciones de las coyunturas económicas. Como también ocurre con todos los temas económicos, las dinámicas que se desarrollan y se intenta conceptualizar, involucran la realidad geopolítica internacional y su impacto directo y determinante en las economías nacionales y en la vida cotidiana. Como en las columnas anteriores, la información que aquí se incluye fue recabada de fuentes vinculadas a la literatura económica y a estudios académicos sobre el tema, así como a la opinión de expertos y economistas directamente vinculados a la gestión gubernamental y, por lo tanto, responsables de diferentes medidas y acciones que se llevan adelante y forman parte de la realidad socio económica de todos los días.

El economista uruguayo Robert Marcuse, profesional de vasta formación académica y reconocida trayectoria internacional en ese ámbito, expresaba que, como pasa con las personas, las economías a veces se enferman, y, tal como correspondería hacer con los humanos, lo más adecuado es desarrollar medidas preventivas, para que los impactos sean lo menos fuerte posibles.

Así, el catedrático enumera una serie de fenómenos, todos interconectados entre sí, que se hacen especialmente detectables en la medida que las coyunturas socio políticas se vuelven más complejas y la economía se encuentra ante situaciones inesperadas y, la mayor parte de las veces, también conflictivas. Entre estas “enfermedades” más temidas, se destacan la inflación, la devaluación, la recesión y el desempleo.

Este fenómeno, del cual oímos hablar a diario, se produce ante una situación de exceso de dinero circulante, así como por la escasez de los productos en el mercado. En consecuencia, los síntomas del mal se manifiestan en el aumento de la demanda y la existencia de un volumen de dinero que excede el necesario para que las transacciones que hacen a la dinámica económica, se desarrollen con fluidez. El impacto más directo se da en los bolsillos de la población, es decir, el aumento del costo de vida.

Ninguno de los dos fenómenos indicados se produce por azar, o por una especie de fatalidad del destino que no sea pasible de control humano, por el contrario, hay causas específicas que los provocan y que están en la base de las políticas económicas que se llevan a cabo, a saber:

-Causas del exceso de dinero: se produce cuando los gobiernos emiten billetes de forma excesiva, cuando, ante la abundancia de circulante los bancos facilitan el acceso a los créditos, muchas veces innecesarios y, como parte del mismo proceso, cuando esas entidades financieras reciben demasiados depósitos en sus arcas.

-Causas de la escasez de productos: la existencia de industrias ineficientes, ya sea por tener maquinaria obsoleta, o por contar con una planilla de trabajadores cuya productividad es escasa, generalmente por falta de incentivos, como puede ser por poca capacitación y/o motivación. También por la existencia de disturbios e inestabilidad, ya sea por causas naturales o humanas; por la implementación de políticas de restricción de importaciones y por la escasez de productos, provocada deliberadamente para hacer aumentar su precio de forma artificial.

Siguiendo a Marcuse, éste decía que el fenómeno se percibe cuando se empieza a medir el dinero por lo que se puede comprar con él, y no por el valor genuino de las cosas, factor este último, que pierde el lugar que debe ocupar en toda transacción comercial. De esa forma se conforma una especie de “bola de nieve”, un círculo vicioso, en efecto, el aumento crea demanda de mejores salarios y éstos impactan en los costos de producción de las empresas.

La consecuencia que más directamente impacta en la economía de las personas es la pérdida del poder adquisitivo de los salarios e ingresos en general, este fenómeno se manifiesta en el hecho de que, al entrar en un proceso inflacionario, el individuo nota que, con la misma cantidad de dinero, puede adquirir menos productos a los que podía acceder un tiempo atrás. La figura siguiente ilustra al respecto:

El economista francés Thomas Piketty sostiene que, en gran medida, la inflación es un “invento” del siglo XX, se trata de un fenómeno que contrasta con la estabilidad económica y monetaria de los siglos anteriores, por un período que arranca desde los inicios de la Revolución Industrial, a fines del siglo XVIII hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial. A su entender, la inflación creciente generó todo tipo de redistribuciones, tanto entre los grupos sociales como entre los países, de forma caótica y descontrolada. El resultado de ese proceso, desemboca en el establecimiento de un orden económico mundial signado por la marcada línea que divide a las economías fuertes de las débiles y dependientes.

Obviamente que, desde esa óptica, que se impone en algunas opiniones hacia las primeras décadas del siglo XXI, esa pérdida de estabilidad impactó no solamente en el plano económico, sino que, y esto es lo más grave y trascendente, también lo hizo en el plano político, en el social y hasta en el cultural.

Para algunos economistas, este fenómeno, conjuntamente con la inflación, constituyen dos aspectos del mismo proceso. Según esta consideración, la inflación es le pérdida de valor de una moneda dentro del país, en la actividad económica interna, en tanto que la devaluación, constituye la pérdida de valor de la moneda de un país en el exterior.

El efecto directo que se observa es el de la depreciación de la moneda local respecto a la moneda extranjera, especialmente el tema adquiere relevancia en el comparativo con las llamadas “monedas fuertes” o divisas, que son el caso del dólar y el euro para nuestra región. En economías dependientes, como es el caso de la uruguaya y de todo el continente, el tema adquiere carácter trascendente, ya que impacta sobre la balanza comercial y de pagos, así como en el costo de vida y el índice de precios al consumo (IPC), atendiendo la presencia de productos importados en la canasta familiar, así como el precio de renglones estratégicos como los combustibles.

En este punto conviene detenerse para considerar dos aspectos que tienen especial importancia:

  • 1.- Los factores que inciden en el valor de la moneda extranjera: En el caso concreto del dólar, que atañe directamente a nuestra economía, sobre su valoración en el mercado internacional depende de una serie de variables que van desde la geopolítica, la política económica que aplique el gobierno de Estados Unidos y la situación económica puntual de ese país. Como puede observarse, son temas que están fuera de la órbita y la capacidad de incidencia de nuestros países, en consecuencia, el margen de maniobra que se puede hacer desde nuestro lugar es muy limitado.
  • 2.- Importancia del fortalecimiento de la moneda local: Esto constituye un factor de fundamental importancia. Vamos a comenzar por un análisis conceptual: debe entenderse la moneda como una creación larga y compleja que revela la capacidad de un Estado para orientar el ciclo económico, modelar la conducta de sus protagonistas e impulsar el crecimiento. Para ello es fundamental el rol del Estado, el dinero es una relación social fundamental en cualquier sociedad donde imperan relaciones de mercado, de tal forma que manejar los procesos de emisión y valoración del mismo es un elemento insustituible para garantizar la soberanía de un país.

Las monedas nacionales son herramientas a través de las cuales los Estados buscan controlar el modo en el que los actores económicos se relacionan con el dinero, no sólo son medios de circulación de aceptación más o menos general, sino que también compiten unas con otras por convertirse en las unidades de cuenta de determinados espacios mercantiles y por ser reconocidas como medios adecuados para reservar valor. Cuando un Estado consigue consolidar su moneda en el desempeño de estas funciones puede movilizar en su favor, y a través de mecanismos de mercado, las diversas actividades que hacen al área económica. Es decir que, cuando consolida su moneda como dinero de cierta jurisdicción, influye sobre la economía de manera decisiva, aun cuando no pueda conducir su cotización en el mercado monetario internacional de modo caprichoso.

Cuando el ahorro se hace en la moneda local, los bancos disponen de capital en esa moneda y, en consecuencia, se sienten más enfocados a conceder créditos con el foco puesto en la inversión local. Para que todo esto sea posible, es necesario que la política económica haya logrado establecer lo que se llama el equilibrio fiscal, tenga un grado suficiente de estabilidad, tanto financiera como institucional, y de esa forma ganará confiabilidad en los eventuales ahorristas. Cabe agregar que cada vez es más considerable la importancia de que el país cuente con un sistema socio político e institucional de fuerte estabilidad.

En el marco de una economía intervencionista, el Banco Central puede desarrollar una política activa de intervención, sacando o volcando moneda extranjera en el mercado para equilibrar su precio, manejando el juego de la oferta y la demanda. Si necesita mejorar el valor de una moneda, sea la local o una extranjera, puede comprar en ese billete para disminuir su volumen en plaza, y, además, ese mecanismo le permite acumular reservas.

Cuando la devaluación se hace importante y no puede controlarse, las consecuencias para la economía son negativas: suba de precios de los productos importados; las administraciones se ven ante la necesidad de efectuar recortes en los recursos destinados a servicios sociales; se produce un desbalance negativo en la balanza comercial, que insume más recursos, lo cual impacta en el costo de producción y los precios. Ese espiral, que perjudica a la gran mayoría de los sectores, y en especial a los asalariados, pasivos y quienes dependen de un ingreso fijo, favorece a otros, como el sector exportador y a empresas extranjeras, muy especialmente a los bancos privados cuyas casas matrices están en el exterior.

Es un fenómeno que se da, en la mayoría de los casos, luego de un período de crecimiento acelerado, lo que los especialistas denominan “calentamiento de la economía”, que, generalmente, no está asociado a un crecimiento acorde de la producción sino a otros factores. En la mayoría de los casos, ese crecimiento proviene de actividades especulativas que no responden a la “realidad” económica y desarrollan lo que técnicamente se denomina “burbuja”, haciendo alusión a la fragilidad que supone su permanencia.

Técnicamente, se admite que hay recesión cuando la economía de un país no crece durante al menos tres períodos trimestrales consecutivos, calificación que se acentúa en caso de algún episodio de decrecimiento.  Ante la ocurrencia de situaciones de este tipo, los gobiernos deben desarrollar algún tipo de medidas tendientes a restablecer el equilibrio intersectorial e interfactorial.

La literatura económica vincula el desarrollo de este mal económico a políticas externas de competencia indiscriminada y frecuentemente desleal, en desigualdad de condiciones y aplicando prácticas tramposas como el caso de los dumpings y de los acuerdos velados. También se produce por factores menos ligados a los mecanismos que se señalaran, tal el caso de los cambios sistémicos en la economía, como la fusión de empresas por razones estratégicas, los avances tecnológicos que liberan mano de obra, así como políticas indiscriminadas fe especulación financiera que desplaza a la llamada “economía real”, por su vínculo con la actividad genuinamente productiva.

La recesión se manifiesta de diversas formas: fábricas que trabajan por debajo de su potencialidad, retracción de las ventas, desempleo y su impacto en el consumo interno, endeudamiento masivo y problemático de empresas y personas. Pueden influir también los fenómenos no previstos como los naturales de ciclones, terremotos, etc., y otros netamente sociales como las crisis políticas y la desestabilización que resta credibilidad al poder gubernamental, creando desestabilización. El paso inevitable, cuando la recesión se convierte en crisis, es el endeudamiento de los Estados, con todas las consecuencias que ello trae aparejado.

Es el fenómeno más marcado y dramático de los que implican los procesos económicos, considerando su directo y fuerte impacto social. Cuando asoman los síntomas de la recesión, y previendo la caída en una situación de crisis, el empleo es el primer factor que sufre su impacto. Ante la disminución del rendimiento, el capital comienza a efectuar recortes e, inevitablemente, comienza por achicar la plantilla de trabajadores.

Desde hace ya algún tiempo y en un proceso que se acentúa, los cambios tecnológicos y, fundamentalmente, el surgimiento de la inteligencia artificial, se han constituido en uno de los factores causantes más importantes. A ello debe agregarse el giro de las políticas económicas que llevan adelante los diferentes gobiernos, la mayor o menor volatilidad de la política internacional, los cambios en la dinámica de la oferta y la demanda en diferentes rubros, y otros factores que pongan en riesgo los márgenes de ganancia y la rentabilidad de las empresas de determinada actividad.

El desempleo o “paro laboral” como lo califican algunos analistas, es desde siempre uno de los temas clave en los procesos tanto económicos como socio políticos. Algunos análisis hacen hincapié en la decisiva influencia que el propio sistema capitalista tiene sobre el punto, aspecto acentuado por la tendencia actual a la sobrevaloración de la competencia, impulsado además por el ya referido avance tecnológico. En efecto, hablamos de la dicotomía especulación/producción, la geopolítica y su efecto en la política económica, la incidencia en constante crecimiento de la globalización de los efectos económicos y la lucha de las grandes potencias por la hegemonía a nivel mundial.

Desocupación y miseria, el rostro humano de las crisis económicas

Como decíamos, se trata de un fenómeno que tiene una importancia decisiva en el plano social y humanitario, el vínculo es muy claro y casi lineal, la desocupación lleva a la pobreza, ésta puede convertirse en un pasillo que conduce a la miseria y a partir de ese escalón, solo queda el de la delincuencia, la fragmentación social y la deshumanización. Este es una de los argumentos que llevan a la necesidad de tomar conocimiento y partido por los temas económicos e incluirlos en un lugar destacado en la agenda social y política.

Para simplificar el concepto, podríamos definirlo como el impacto opuesto a la inflación, en la práctica, consiste en la baja prolongada de los precios de los productos, lo cual conduce, inevitablemente a la reducción de los salarios y la caída en el nivel de vida de las personas, además de los efectos financieros como el de la revaluación monetaria.

En una primera mirada, en tanto fenómeno opuesto a la inflación, y considerando los perjuicios que esta última ocasiona, podría concluirse que estamos frente a un proceso positivo para las personas. No obstante, la realidad muestra otra cara, considerando la misma lógica, del más puro cuño capitalista, de que la rentabilidad del capital debe protegerse por sobre todas las cosas, el proceso va generando efectos negativos en cadena que, como en casi todos los procesos, impacta más duramente en el sector más vulnerable de la población.

Yendo a su análisis específico, se trata de un proceso más lento y limitado que la inflación ya que, por regla general, los precios siempre tienen un piso más abajo del cual es imposible que caigan. Para que se de esa constante, debe considerarse que los agentes económicos involucrados siempre tienden a resistir todo lo posible esa caída, muchas veces a costo de soportar la presión de sus acreedores crediticios, especialmente de los bancos.

Ante la posibilidad de que pueda tratarse de un efecto coyuntural, ya que pueden incidir factores desde naturales climáticos hasta externos, conflictos armados, etc., se establece una especie de “colchón” de precios y se llevan adelante negociaciones laborales centradas en la reducción salarial, como forma de preservar los puestos de trabajo. Esto último hace que, en definitiva, los consumidores no se beneficien por la baja de los precios, ya que lo mismo sucede con los ingresos y, en algunos casos, en porcentajes aún mayores.

Este problema tiene además efectos macroeconómicos que pueden resultar trascendentes, uno de ellos es la pérdida de la competitividad para participar en las mejores condiciones en el mercado internacional, con el perjuicio que ello trae aparejado, y el otro es el ya mencionado de la especulación. Respecto a esto último, muchas veces, los poseedores del capital efectúan cálculos y proyecciones, y encuentran que es más productivo invertir en especulación financiera que en producción, con lo cual toda la economía se reciente y entra a depender de lo que algunos críticos llaman la “timba financiera”.

Por definición, el sistema capitalista centra su dinámica en el proceso de acumulación de capital. De esta manera, el objetivo primario es la obtención de beneficios, es decir, excedentes, entendido como “ganancias”, a partir de un capital invertido en una actividad determinada. Como resultado de ese mecanismo, y considerando que la actividad tuvo éxito, al efectuar un balance, luego de determinado período, el capital originalmente invertido se ve acrecentado.

El empresario inversor, una vez efectuado ese balance, toma decisiones respecto a destinar determinado porcentaje de ese excedente al ahorro y/o gastos en diferentes rubros familiares, personales, etc., y qué parte se destina a la reinversión, a efectos de potenciar, actualizar y fortalecer la actividad que está desarrollando. Ese sería el esquema tipo de una actividad empresarial, demarcados, de forma sintética, las diferentes instancias que se abordan desde la óptica indicada del sistema.

Un país cuya economía funciona sobre la base de ese sistema económico, está sujeto a la dinámica del mismo, recibiendo el impulso y marchando al compás de la actividad empresarial, comercial, productiva, etc., que desarrolla el sector privado. Como la administración del Estado necesita recursos para desarrollar determinadas actividades y brindar servicios que resultan esenciales para la convivencia, y que le competen en forma excluyente, los ingresos que percibe para cumplir ese rol, provienen directamente de la recaudación de tributos, derechos tanto de aduana como de patente y otros, así como otros aportes que determine la legislación vigente.

Ingresando al plano social y político, la concepción integral de cómo debe funcionar una sociedad, determina la cantidad de recursos de que deberá disponer y, como consecuencia de ello, determinará la política económica a seguir. Para ser claros, si, políticamente, una sociedad entiende que la búsqueda de la equidad y la justicia social debe ser un objetivo prioritario, el Estado verá incrementado su campo de acción, debiendo disponer de recursos para rubros como la educación, la salud pública, los servicios sociales necesarios y cuestiones del estilo. En este caso, su política económica, el sistema de recaudación y la administración de los recursos, deberá funcionar acorde a ese objetivo fundamental.

Como consecuencia de lo relatado de forma muy sintética, la economía del país, y, por ende, de toda la sociedad, está estrechamente vinculada con los resultados que obtienen los sectores que impulsan la actividad económica. A partir de ese esquema básico, se dan diferentes variables, así se habla de economía de mercado, es decir, de absoluta preeminencia del capital privado; economía mixta, cuando el Estado desarrolla también actividades empresariales que, en algunos casos, compiten con la privada, o economía centralizada o estatizada, en los casos en que el Estado es quien monopoliza todos los resortes de la producción y la economía.

Por las razones indicadas, las economías nacionales están sujetas a los vaivenes y ciclos que, dentro del referido sistema capitalista, la historia ha demostrado que suceden, en forma periódica y cada determinada cantidad de años. La periodicidad y frecuencia de estos ciclos, así como la duración de cada una de sus fases o etapas, son temas de discusión y ha llevado a algunos economistas a utilizar determinadas fórmulas matemáticas que atienden diferentes rubros. Las diferentes etapas que se dan en el curso de estos ciclos, se detallan en el cuadro siguiente:

Una definición con cierto cariz técnico de este fenómeno podría ser la que nos dice que es un patrón que se repite en la economía e incluye períodos de crecimiento y de declive, Refiere a fluctuaciones naturales en la actividad económica de un país a lo largo del tiempo y se caracteriza por la alternancia de la dicotomía expansión/contracción.

El fenómeno se “descubre” hacia finales del siglo XIX, en la década de 1890, estamos en pleno proceso de desarrollo de la segunda etapa de la revolución industrial y la expansión europea en Asia y África. El centro económico mundial es Inglaterra, la potencia económicamente más poderosa y, dentro de su esquema, predomina el sistema bancario. Uno de los puntos más altos del mismo, lo constituye la banca Baring, un emporio financiero que se había creado en 1762 y permanecerá hasta 1995.

Básicamente, el esquema de la crisis fue un sobreendeudamiento de los destinatarios a los que la institución había otorgado préstamos, entre los más importantes países de las zonas marginales del mundo (entre ellos el propio Uruguay) y la imposibilidad de cumplir con los compromisos contraídos por éstos. De esa manera, el por ese entonces floreciente proceso financiero basado en el desarrollo industrial, “descubre” los límites para ese crecimiento desmedido y las contradicciones que anidan en el seno del propio sistema, el cual está basado en las relaciones desiguales entre las partes.

Este tipo de fenómenos se repetirá a lo largo del tiempo, con causas que, más allá de las diferencias puntuales que hacen a las respectivas coyunturas, se ha observado que tienen, en su conformación estructural, factores comunes entre sí. Como el centro del estallido de la crisis se da en lugares neurálgicos de una economía cada vez más mundial y globalizada, los efectos de esos problemas se difunden rápidamente a todo el mundo. El otro ejemplo siguiente, de mucho mayor magnitud, fue el de la denominada Gran Depresión, cuyo estallido se dio en la Bolsa de Valores de Nueva York, en 1929.

Suele dividirse la vida del ciclo económico en diferentes partes, de acuerdo a lo observado en la figura anterior:

  • Recuperación: Fase del ciclo en que la economía está estancada o crece ligeramente.
  • Expansión: Fase de mayor crecimiento económico.
  • AugeFase en que el crecimiento económico empieza a mostrar señales de agotamiento.
  • RecesiónLa actividad económica se reduce. Conlleva una disminución del consumo, de la inversión y de la producción de bienes y servicios, lo cual provoca a su vez que se despidan trabajadores y, por tanto, aumente el desempleo.
  • Depresión: Cuando nos encontramos en una fase de recesión continua en el tiempo y sin previsión de mejora.

La duración del ciclo económico es algo muy debatido ya que raramente han tenido la misma temporalidad a lo largo de la historia. En ocasiones se han dado las cinco fases en tan solo dos años y en otras ocasiones han pasado más de diez años para ver todas las fases de forma continuada. Algunos indicadores permiten establecer la etapa del ciclo en la que se encuentra una economía. Uno de los más importantes es el producto bruto interno (PBI), considerando muy especialmente sus variaciones, ya que el crecimiento es un factor fundamental en todo proceso económico.

Otro indicador de gran trascendencia es el empleo, fundamentalmente, es una muy buena referencia comparar la tasa de desempleo en un determinado momento con la tasa promedio de un período más extenso. Este aspecto es importante ya que de ese comparativo se pueden hacer consideraciones muy importantes a la vez que comenzar a identificar causas, así como implementar alternativas de solución. Tiene, además, un fuerte componente social que impacta directamente en el plano político.

También resulta de importancia diferenciar lo que es un ciclo económico y sus fases de otros fenómenos que suelen darse en los procesos económicos y que presentan manifestaciones similares, lo cual puede llevar a confusiones, Son los casos de las variaciones llamadas “estacionales” o las tendencias a largo plazo. Esto último puede identificarse con las modas o preferencias puntuales focalizadas, pero que no conllevan en sí cambios estructurales.

Las variaciones estacionales sí requieren una atención específica, se trata de cambios que se dan de forma regular y predecible en un determinado período del año. Particularmente en Uruguay, los casos más significativos son el fenómeno del turismo, notoriamente incrementado en la temporada estival, así como el aumento del consumo de determinados rubros en las fiestas navideñas. Mediante fórmulas matemáticas, estas variaciones pueden medirse y preverse, de hecho, usualmente en las estadísticas de los institutos de la materia, como es el INE en Uruguay, cuando se establecen comparativos, se aclara que se hacen sobre cifras “desestacionalizadas”.

Estas variaciones impactan en el volumen de ventas, hay variaciones importantes del capital en juego, los stocks de mercaderías, así como la ocupación laboral. Son rubros que se ven incrementados pero que tienen una definida limitante temporal. Por esa razón, las políticas económicas que se lleven adelante, deben tener en cuenta estos factores y estructurar una planificación exhaustiva que prevea las variantes y tenga en cuenta su volatilidad a la hora de, por ejemplo, elaborar presupuestos anuales.

Cada fase del ciclo, en su propio desarrollo, va generando las condiciones para su agotamiento y el advenimiento de la próxima etapa. Por esa razón, los economistas recomiendan no caer en el “optimismo excesivo” en tiempos de auge económico, así como llaman a considerar como “espacio de oportunidades” a los períodos de crisis. De hecho, la historia económica del capitalismo registra notorios casos de fortunas que se cimentaron a partir de inversiones realizadas en tiempos de crisis, a precios muy bajos ante la necesidad de agentes endeudados que querían desprenderse de sus bienes a como diera lugar.

Atendiendo lo indicado en el párrafo anterior, pueden identificarse cadenas de procesos de los siguientes formatos:

  • -Crecimiento – producción al máximo – saturación del mercado – aumento de mano de obra – mejora salarial – exceso de consumo – inflación
  • -Crisis – baja de la producción – depreciación de bienes materiales – baja de costos – posibilidades de inversión
  • -Nuevas necesidades – creación de fuentes de trabajo – apertura de mercados externos – aumento del consumo interno

Reclamos sindicales e intereses del alto sector ganadero, típico ejemplo de confrontación de intereses

Este punto resulta de vital importancia ya que, en la búsqueda de alternativas para procurar compensar o al menos minimizar los efectos cíclicos, los gobiernos y sus equipos económicos deben enfrentar presiones y reclamos a menudo contrapuestos.

Se trata, básicamente, de medidas de los gobiernos que buscan reducir las fluctuaciones económicas y suavizar los efectos en las fases de crisis, En esta etapa, generalmente se procura que el Estado invierta más, reduzca la carga impositiva de los contribuyentes y otras cargas, para, de esa manera, reactivar el consumo, incentivar la inversión y dinamizar el mercado laboral.

Por el contrario, en la fase de crecimiento, el Estado retrae sus gastos, espacio que es ocupado por el capital privado y aumenta la recaudación. De esta forma mitiga, en este caso, los efectos del auge, que pueden desembocar en una inflación y sus efectos nocivos, y, a la vez, genera reservas para compensar las carencias de futuras situaciones críticas

Estos procesos, resumidos en pocas líneas, encierran en su propia dinámica y conformación, una serie de complejidades que suelen ser motivo de fuertes controversias y, consecuentemente, de extendidas discusiones que, inevitablemente, derivan hacia el campo político. Lógicamente que, el nudo de esa discusión siempre está en la decisión de sobre qué sector o sectores hacer caer el mayor peso de la crisis y que intereses tratar de proteger dentro de las posibilidades y márgenes existentes.

El gran impulsor de la denominada “política de estabilización”, fue el economista británico John Maynard Keynes, quien en su Teoría general del empleo, el interés y el dinero (1935-1936), intentó demostrar que una economía capitalista con su sistema de mercado descentralizado y abierto, no genera espontáneamente pleno empleo y precios estables, y que los gobiernos deberían intervenir en ese plano de forma deliberada. Ha habido mucha controversia entre los economistas sobre el contenido y el significado de la contribución teórica de Keynes, él había sostenido que los altos niveles de desempleo podrían persistir indefinidamente a menos que los gobiernos tomaran medidas monetarias y fiscales.

La política fiscal intenta controlar las acciones de los individuos y las empresas mediante el gasto y las decisiones tributarias . Según el gasto, puede lograrlo invirtiendo dinero en proyectos que estimulen otras actividades, por ejemplo, la construcción; mientras que, en el ámbito tributario, puede influir en las decisiones sobre trabajo , inversión o producción modificando los tipos y niveles impositivos. En síntesis, tiene dos componentes principales: un efecto global generado por el equilibrio entre los recursos que el gobierno inyecta en la economía mediante el gasto y los que extrae mediante impuestos, tasas o préstamos; y un efecto microeconómico generado por las políticas específicas que adopta. Los dos son igualmente importantes para estabilizar la economía.

Además, lleva implícito el concepto de que el gobierno decida si debe gastar más o menos de lo que recibe. En el período posterior a la segunda guerra algunos gobiernos buscaron proteger a su población de las recesiones mundiales mediante el gasto público adicional en determinados momentos. Pero en los hechos, la experiencia de esas políticas no ha sido satisfactoria; en muchos casos, el desfase entre la identificación del problema y la respuesta fiscal ha sido excesivo, y ha provocado que un estímulo fiscal coincidiera con el siguiente auge económico, mientras que una contracción podría coincidir con la siguiente recesión . Las políticas fiscales que pretendían ser contracíclicas podrían terminar exacerbando los problemas originales, se ha identificado como una de las causales para esta situación, los tiempos que las decisiones de esa naturaleza requieren para su implementación y la extensión de su discusión en el ámbito político.

La política monetaria constituye una herramienta con la que cuenta el gobierno y que puede utilizar para influir en la economía mediante el control de la circulación monetaria. Al gestionar su cartera de deuda , puede afectar los tipos de interés, y al decidir la cantidad de nuevos préstamos, puede influir en la economía. El dinero inyectado en la economía puede afectar la cantidad de efectivo en circulación y, por lo tanto, influir indirectamente en los precios y otras variables económicas. En los últimos años, a nivel global, los gobiernos, desanimados por fracasos en algunas políticas fiscales, han recurrido a políticas monetaristas para intentar controlar la economía.

Esta teoría se ha constituido en uno de los pilares de la escuela económica neoliberal, en su forma más simple, postula que en la economía existe una cantidad fija de dinero que circula a una velocidad determinada. Este dinero está disponible para financiar las diversas transacciones económicas a los precios vigentes. En estas circunstancias, según la teoría, el control del nivel de precios puede mantenerse controlando la cantidad de dinero disponible. Esto trae implícito otra de las bases del pensamiento neoliberal que es el de la reducción del Estado a su mínima expresión, dejándolo totalmente aparte de cualquier tipo de intervención directa en la economía, dejando todo en manos del mercado.

Otra herramienta de política monetaria es el manejo de la tasa de descuento que los bancos centrales  utilizan a menudo junto con las operaciones de mercado abierto. Es la tasa de interés a la que los bancos comerciales pueden obtener fondos del banco central. Si la tasa de descuento se reduce, los bancos se muestran más dispuestos a conceder crédito a prestatarios privados, ya que pueden obtener fondos en condiciones más favorables. En muchos países, los cambios en la tasa de descuento suelen ir seguidos de cambios similares en las tasas de interés que los bancos cobran a sus prestatarios.

Lo anterior se complementa con la reducción de los requisitos de reserva de efectivo (y, en algunos países, ciertos tipos de títulos públicos) para los bancos comerciales. Estos requisitos establecen que éstos deben mantener saldos monetarios (en forma de depósitos en el banco central) equivalentes a una determinada proporción de sus pasivos. Es lo que denomina el “encaje bancario”, y significa que los bancos no pueden expandir sus activos productivos, como títulos públicos y préstamos privados, más allá de ese límite. Si el gobierno reduce los requisitos de reserva, los bancos pueden ampliar aún más sus préstamos, aumentando así el volumen total de crédito pendiente.

Lo indicado tiene que ver con la controversia entre los partidarios de la política que prevé una presencia del Estado en su rol de regulador de la economía y nivelador de los recursos y posibilidades de todos los sectores, principios basados en la teoría de Keynes y que condujo a la conformación del llamado “Estado de bienestar”, y el neoliberalismo que comenzó a imponerse en la década de los años ochenta del siglo XX, partidario de la absoluta apertura económica para que su dinámica se regule por las leyes del mercado. Todo un conflicto doctrinario fuertemente ligado a intereses sectoriales, en los hechos, las políticas neoliberales han conducido a un crecimiento exponencial de la desigualdad y no ha superado ni cerca los males de la economía que proclamó derrotar.

Quizás el problema más grave sin resolver de la política de estabilización sea la multiplicidad de objetivos que los responsables políticos deben considerar. Todo gobierno tiene objetivos distintos en el marco de la estabilización: debe mantenerse en el poder, una necesidad que probablemente limite las alternativas disponibles para la política de estabilización, especialmente en períodos de prosperidad inmediatamente anteriores a las elecciones. En segundo lugar, algunas medidas monetarias y fiscales afectan a determinados grupos de la sociedad, y los gobiernos pueden querer evitar lo que parezcan políticas discriminatorias. Además, una política diseñada para lograr un elemento de la estabilización, como el pleno empleo, puede impedir el logro de otro.

El conflicto entre el pleno empleo y la estabilidad de precios parece surgir en dos situaciones distintas: los aumentos salariales logrados mediante la negociación colectiva superan los incrementos de productividad laboral, estos aumentos tienden a elevar los costos de producción y a impulsar los precios al alza. El gobierno se enfrenta entonces a dos alternativas igualmente incómodas: permitir que el nivel general de precios aumente aproximadamente en proporción al incremento de los costos de producción o buscar contener los precios mediante medidas que restrinjan la demanda agregada, dificultando así que las empresas trasladen sus mayores costos al consumidor a través de precios más altos. Esta última alternativa implica un aumento del desempleo.

Otro punto controversial es la tendencia de los aumentos salariales a acelerarse cuando aumenta el nivel de empleo y el número de vacantes. A medida que la economía se acerca al pleno empleo, los salarios tienden a subir a un ritmo cada vez mayor. Cuando los precios comienzan a subir, el conflicto entre pleno empleo y estabilidad de precios puede agravarse aún más por la expectativa de que sigan aumentando, y esto puede inducir a los empleados y a sus organizaciones a presionar para obtener mayores aumentos salariales de los que exigirían en otras circunstancias, con el fin de compensar el aumento de precios previsto.

El tema también implica a la balanza de pagos, tema netamente vinculado a la macroeconomía, en un período de auge económico, las importaciones tienden a aumentar, y a veces las exportaciones a disminuir, lo que genera dificultades evidentes para la balanza de pagos. La crisis puede agravarse por movimientos de capital a corto plazo si compradores y vendedores de divisas anticipan una posible devaluación de la moneda nacional. El gobierno se ve obligado a adoptar medidas restrictivas que frenen la economía y aumenten el desempleo; si la especulación monetaria ya está en marcha, puede ser necesario mantener la política restrictiva durante la siguiente recesión. El problema se acentúa si durante el auge se han producido aumentos sustanciales de precios que han reducido la capacidad del país para competir con otros.

En el presente, se ha procurado traer al conocimiento y manejo general algunas facetas de temas que hacen a lo más central del aspecto técnico de las ciencias económicas, fundamentalmente anclándolo en la realidad cotidiana, esa parte de la economía de un país y una región que impacta directamente en la vida de las sociedades.

El objetivo ha sido mostrar la complejidad de los procesos económicos, la variedad y versatilidad de los diferentes factores que inciden en los mismos y el entrecruce y hasta choque de intereses y objetivos que se produce al momento de buscar y planificar la implementación de alternativas de solución a los problemas que se plantean. La intención última es demostrar que lo esencial de la dinámica de los procesos económicos, en definitiva, la razón de ser de la economía como ciencia, es procurar el bienestar general.

Teniendo en claro lo anterior y puesta la mira en ese propósito excluyentemente prioritario, no deja de ser necesario considerar la complejidad de los procesos y valorar el esfuerzo que se hace desde los sectores involucrados, por compensar los efectos que, en casi todos los casos, suelen ser beneficiosos en determinado sentido y para algunos sectores, pero perjudiciales para otros. Esto tiene que ver directamente con la política ya que tipifica, tal vez como muy pocas otras cosas, cuales son los intereses que defienden determinadas propuestas y cuál será el criterio y comportamiento de quienes asumen los gobiernos frente a determinadas situaciones.

  • R. Marcuse/Economía para todos/Ed GRANICA, 2012
  • Thomas Piketty/El capital en el siglo XXI/Ed. Fondo de Cultura Económica
  • Página web Economipedia
  • Enciclopedia británica
  • Revista de la Facultad de Ciencias Económicas UNAM
  • Imagen de portada: ChatGPT

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