En un punto, el ser humano concibió su realidad en un doble plano. Las divinidades vinieron a completar esa dualidad, a explicar los enigmas.
Pero, en un momento, la frontera entre los planos se vuelve difusa, los dioses se desorientan, necesitan del ser humano.
El viento será su aliado, Eolo para los griegos, Shehbui para los egipcios, Tradito para los yorube, K'iche' para los mayas.
Al final, los humanos regresan
Imperaba en el Universo una calma molicie y enfermiza.
La atmósfera era pesada, cargada y rojiza; no se movían las hojas de los árboles,
no corría la más mínima brisa . . .
En el aire pestilente pululaban y revoloteaban alimañas, insectos, aves de rapiña de aleteo pesado por el sopor generalizado del ambiente . . .
Los dioses languidecían echados sobre el suelo húmedo y ya sin fuerzas para espantarse los insectos y alimañas . . .
Entonces Cronos se subió al pico más alto del monte Nirvana y convocó a los vientos, el primero en llegar, como siempre ocurría, fue el del Sur;
éste armó su tropilla cargada de ráfaga, torbellino y aire fresco y todos juntos comenzaron a soplar.
Las copas de los árboles se agitaban como pesadas y robustas plumas, insectos y alimañas volaban ya convertidos en deshechos y cascarillas.
Las aguas golpeaban furiosas contra las laderas de las montañas y los muros ciclópeos construidos por los titanes.
El aire se impregnó del aroma de las hierbas y las flores renacidas.
Los dioses, ya de pie, comenzaron a andar, como recobrando la vida . . .
Los hombres habían comenzado a regresar
(La Leyenda: El viento Sur y el regreso de los hombres)