MAESTROS

Si de algo se trata la vida es de caminar, quienes han entendido y practicado, entienden y practican ese principio desde las aulas, así nos han formado y fortalecido para echarnos al camino. No para indicarnos cual es la senda sino para que asumamos el compromiso de abrir cada día otros caminos y ser capaces de honrar las huellas, las nuestras, las de quienes nos precedieron y los que continuarán andando. Porque una cosa es irrebatible, las energías y los huesos quedan en el camino, pero los pasos continúan, no hay armas, fosas ni sufrimientos que puedan detenerlos. Saludo y honor a los maestros en su día y un agradecimiento por todo lo que a diario ofrecen y otorgan para que sigamos andando como comunidad.

En la página web de la ANEP se establece que el “Día del Maestro” es una jornada dedicada a “reconocer la vocación de profesionales de la educación, dedicados a enseñar y formar estudiantes —niños, adolescentes y jóvenes— para enfrentar su peripecia vital.”

A comienzos del siglo XX y como resultado de las políticas públicas de universalización de la educación surgió la idea de conmemorar la labor docente. En ese sentido, diversos estados establecieron días especiales dedicados a honrar al docente por su labor. En el Uruguay, el día establecido del 22 de setiembre se celebra a partir de una resolución de fecha 17 de agosto de 1939, la cual hace coincidir la fecha con la del natalicio de José Pedro Varela.

Pocas cosas nos identifican y nos hermanan más a los uruguayos que la escuela y la figura entre maternal y de guía que contiene en sí el magisterio como uno de los primeros y más entrañables receptáculos de nuestra existencia. Igualmente, para la gran mayoría, la escuela como sitio tanto espacial y material como afectivo, es el ámbito que más convoca y revive los recuerdos más puros y genuinos que nos “invaden” a diario de forma placentera y orientadora.

La presente columna está escrita con un sencillo, pero muy profundo sentido de agradecimiento y reconocimiento, a la figura de maestras y maestros, lo que contiene la misma en sí misma, al recuerdo de quienes nos formaron en el más amplio sentido del término y a la labor que, día a día, en todos los rincones, con sol, lluvia, viento, frío y calor, miles de uruguayas y uruguayos realizan, construyendo con firmeza, pero sin bombos ni alharacas, la matriz misma de la vida en sociedad y en armonía.

Están absolutamente de más las palabras que pueda agregar quien escribe, por eso, a continuación, tratamos de evocar a figuras del magisterio que marcaron, con su trabajo y su amor por la tarea, el camino que se sigue construyendo y recorriendo; y dejamos que sean sus propias palabras y sus acciones las que hablen y continúen la tarea de formar, enseñar y construir.

José Pedro Varela (1845-1879), es considerado el “padre” de la escuela pública en nuestro país, así como el pionero de su universalización, medio siglo antes de ser proclamada a nivel mundial. Fundador de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular y Director de Instrucción Pública de la Comisión Económica Administrativa de Montevideo. En 1874 publicó una de sus obras más importantes, La Educación del Pueblo.

“No necesitamos poblaciones excesivas; lo que necesitamos es poblaciones ilustradas. El día en que nuestros gauchos supieran leer y escribir, supieran pensar, nuestras convulsiones desaparecerían quizá. Es por medio de la educación del pueblo que hemos de llegar a la paz, al progreso y a la extinción de los gauchos. Entonces el habitante de la campaña a quien hoy embrutece la ociosidad, dignificado por el trabajo, convertiría su caballo, hoy elemento de salvajismo, en elemento de progreso y trazaría con él el surco que ha de hacer productiva la tierra que permanece hasta hoy estéril, y las inmensas riquezas nacionales, movidas por el brazo del pueblo trabajador e ilustrado, formarían la inmensa pirámide del progreso material.”

Debe entenderse su visión dentro del contexto socio político del Uruguay en esa segunda mitad del siglo XIX, caracterizada por los constantes levantamientos armados alentados por los caudillismos locales, una de las principales causas del atraso y la precariedad en el plano económico y social. Es el enfoque de un joven montevideano imbuido en las ideas filosóficas del positivismo y preocupado por la necesidad de impulsar el desarrollo como forma de mejorar la calidad de vida de la población. En aras de esa inquietud, su impulso puede resumirse en una de sus frases: “La educación del pueblo es la verdadera locomotora del progreso”

“Es un error común el confundir la educación con la mera instrucción (…) La instrucción, no comprende sino una pequeña parte de la idea general de educación. La educación incluye todas las influencias extrañas que se combinan para formar el carácter intelectual y moral, mientras que la instrucción se limita a lo que es directamente comunicado de una mente a otra.”

  • La educación universal debía ser obligatoria, gratuita, laica y científica:
  • -Universal por ser un elemento imprescindible para desarrollar el gobierno del pueblo
  • -Obligatoria para que el ciudadano pueda gozar de la genuina libertad viviendo en sociedad
  • -Gratuita porque, al igual que la justicia y la seguridad, debía ser solventada por toda la nación, y permitir el acceso a todos sus habitantes
  • -Laica porque su sostén es el Estado y éste es una institución política y no religiosa. Además, la enseñanza de un dogma conduce al desconocimiento de la libertad de conciencia o a la ignorancia a los disidentes.

Para dar cumplimiento al objetivo trazado, es fundamental la formación del maestro, en tanto principal instrumento para la tarea: “El buen maestro formará la buena escuela”. Se propugnaba una administración escolar descentralizada al máximo, independiente, y con amplia participación popular.

Los Gobiernos deberían elaborar políticas y medidas encaminadas a promover la equidad, la diversidad y la inclusión en la fuerza de trabajo docente, en particular para los grupos vulnerables y marginados, comenzando por la planificación de la fuerza de trabajo. Deberían adoptarse políticas específicas para atraer a los grupos marginados a la profesión docente y garantizar que reciban apoyo para permanecer en ella. Dichas políticas deberían incluir disposiciones encaminadas a promover que las mujeres y los grupos marginados ocupen puestos de liderazgo, proteger a los docentes frente a todas las formas de violencia y acoso, incluida la violencia de género, y garantizar la protección social. Las políticas también deberían garantizar la existencia de vías de acceso gratuitas a la formación de calidad para la enseñanza, de compensación y condiciones de trabajo adecuadas, y de un entorno inclusivo para los docentes en toda su diversidad, incluidos aquellos que tienen discapacidades, y deberían atender la necesidad de servicios de cuidado infantil y de la familia para los docentes.

«Se debe dejar crecer, dejar pensar, dejar hacer, y no intervenir contra el crecimiento, el pensamiento y la acción».

Esa idea delineó su acción para fundar en Uruguay el primer jardín de infantes público de América Latina en 1892, contribuyendo de forma decisiva a la enseñanza preescolar pública en el país y en toda la región. Algunos de sus planteamientos aún hoy se consideran revolucionarios, y ella ya los implantó en su jardín de infantes a principios de siglo XX, con métodos que ponían en el centro al individuo y la creatividad de los niños.

Nacida en Barcelona, España, en 1866, Compte y Riqué llegó con su familia a Uruguay en 1873, donde desarrolló su trabajo en educación preescolar, siendo pionera de la enseñanza pública y laica. Con solo 19 años obtiene el título de maestra en 1884, cuatro años después viaja a Europa junto con otros dos maestros seleccionados por el gobierno uruguayo. Durante su recorrido por Bélgica, Alemania, Holanda, Francia y Suiza, la educadora uruguaya entra en contacto con el sistema froëbeliano. El científico alemán Friedrich Fröbel creó el concepto de kindergarten, basado en un sistema de juegos diseñados para que los niños entendieran los principios sencillos que son base del universo. De él tomo el concepto de que «jugar es la expresión más alta del desarrollo humano. Es la libre expresión de lo que hay en el alma de un niño».

Sostenía que era preciso saber reír con los niños y sentir simpatía por aquellos que miran, charlan, tocan y desobedecen, en lugar de considerar como mejor alumno al metódico, acartonado, vestido como si fuera un muñeco de escaparate. A propósito de ello escribió: «Creemos haber tratado a los niños como plantas de jardín y no de invernadero. Ellos están expuestos a todas las impresiones del exterior que sufren y combaten bajo nuestra dirección, pero con sus propios esfuerzos; la vida de la escuela solo se distingue de la que vendrá después en que tiene más alegrías y menos contratiempos; pero de ahí se ha de partir poco a poco; entretanto el recuerdo feliz de la infancia queda en el alma como un amparo contra el efecto de futuras tristezas«.

Uno de sus principios era aquello que llamaba la “lección del incidente”, esto es, tomar un tema que viera que a los niños les llamara la atención, por ejemplo, un hormiguero en el patio del jardín, y desde allí elaboraba toda una lección, promoviendo, de esa forma, las vivencias, el escuchar a los niños, cuestiones que hoy siguen siendo desafiantes. Tampoco se negó a incorporar los avances de la ciencia y la tecnología, por ejemplo, utilizaba la fotografía en sus aulas, hay fotografías de esa época, sacadas por ella misma, una en la que está ella jugando con unas niñas en la lección de bordado. Es, sin duda, un claro mensaje a nuestra época y una convocatoria a no negarse a utilizar la tecnología, pero hacerlo en función de los objetivos didácticos y pedagógicos, sin dejar que nos atrape. Así, utilizaba ese recurso recientemente inventado en su época, como elemento enriquecedor, pero dando especial relevancia al dibujo como forma de expresión por excelencia en los niños.

La maestra con niñas y sus bordados. Fotografía del año 1900

Maestra en todos los espacios

Además de crear el jardín de infantes, dirigió un Laboratorio de Psicopedagogía que funcionaba en su jardín donde se introdujeron las llamadas Biografías Escolares, en las que se detallaban aspectos del alumno como datos físicos, rasgos de personalidad, desarrollo del trabajo y capacidad mental. Además, también forma a los primeros maestros especializados en alumnos preescolares. Defensora a ultranza de los derechos de la mujer, en 1929 presentó el Proyecto de creación de la Facultad de Pedagogía para cursar las carreras de maestro y de profesor. Decía que «con la Pedagogía tratamos de ejercer influencia sobre el alma, como los médicos tratan con la medicina, de ejercerla sobre el cuerpo para conseguir la sana integridad de sus funciones». Mirado desde una óptica actual, es una expresión de reclamo por la equidad de la importancia de dos profesiones imprescindibles que luego, en el devenir de cuestiones sociales e institucionales, han tenido un tratamiento y una consideración y jerarquización diferente.

También ejerció la presidencia de la Sección Escolar del Consejo Nacional de Mujeres y luchó por el voto femenino en Uruguay. En ese sentido, su mensaje reviste una cristalina claridad conceptual y mantiene una absoluta vigencia: «La concesión de derechos políticos a la mujer transformará hondamente la condición social de los pueblos. ¿Cómo no es posible concebirlo? Es indudable que será para su provecho, pues los errores de la inexperiencia pronto quedarán compensados por el beneficio que aportarán las cualidades femeninas, al fundirse en un mismo propósito, con las del hombre«.

“La mayor señal del éxito de un maestro es poder decir: “los niños ahora trabajan como si yo no existiera”. 

En un tiempo en la que la niñez era vista como un período de obediencia a las normas, y las mujeres eran relegadas a roles secundarios, María Montessori impulsó, no con discursos, sino con una propuesta radical: confiar en el niño. Fue la primera médica italiana, una científica rigurosa, una observadora incansable, pero, sobre todo, una pedagoga que puso a la infancia en el centro del pensamiento educativo. Fue protagonista de una verdadera revolución silenciosa, sin estruendos, pero revulsiva, su vida, estuvo marcada por la lucha, la intuición y la evidencia. Dejó planteada una pregunta clave: ¿qué tipo de humanidad estamos formando cuando educamos?

María Montessori nació en 1870 en Chiaravalle, Italia, en una época en la que el saber era cosa de hombres y las mujeres apenas podían soñar con estudiar. Pero ella desafió las normas, quiso ser ingeniera, y luego médica. Logró ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Roma en 1890, y se convirtió en la primera mujer médica del país. Durante sus prácticas en hospitales, comenzó a trabajar con niños con discapacidades intelectuales, notando que el sistema no los ayudaba a aprender, sino que los excluía. Pero no tomó el camino de la resignación, decidió observarlos, entender sus ritmos, adaptar los espacios. No a través de una mirada de compasión, sino de respeto por su inteligencia distinta. Descubrió que, con determinados materiales, estos niños podrían desarrollar habilidades que se creían imposibles. Así comenzó su giro de la medicina a la pedagogía.

En 1907 fundó la primera Casa dei Bambini, en San Lorenzo, un barrio obrero de Roma, allí desarrolló y sistematizó lo que se conoce como el método Montessori, no es una teoría improvisada, sino el resultado de una observación científica rigurosa. El aula se transformó en un laboratorio: cada material, cada mueble, cada actividad estaba al servicio del niño. Los pilares del método son claros:

-El ambiente preparado: todo en el aula tiene un propósito pedagógico.
-La libertad con responsabilidad: el niño elige, pero dentro de límites claros.
-La autoeducación: los materiales permiten al niño corregirse a sí mismo.
-El respeto al ritmo individual: no se obliga, se acompaña.

De la mano de sus investigaciones y su trabajo, surgen conceptos relevantes que potenciaron la trascendencia de la educación y la pedagogía en la formación de las personas:

-La mente infantil es absorbente y, bien guiada, puede desarrollar no sólo conocimientos, sino también voluntad, concentración y sentido ético

-La mente del niño pequeño no aprende de forma pasiva, sino que absorbe activamente todo lo que lo rodea, formando así la base de su desarrollo integral

-Reconoce al niño no como un recipiente vacío, sino como un ser lleno de potencialidades, lo que marca una ruptura con los modelos educativos que buscan corregir, homogeneizar y clasificar

-El aula se convierte en un espacio integrador donde, incluso los niños considerados “incapaces”, pueden revelarse como profundamente capaces cuando son tratados con dignidad y confianza

No es casualidad que Montessori hablará de la educación como una “obra de paz”. Detrás de cada material, cada elección libre, cada ambiente preparado, hay una intención profunda: crear seres humanos capaces de habitar el mundo con conciencia y con cuidado. El concepto es de profundo sentido revolucionario: pensar que el cambio no comienza en grandes reformas, sino en el modo en que hoy miramos a un niño.

“Observa. Confía. El niño sabe el camino”.

Su prédica y sus enseñanzas, encontraron en nuestro país el campo fértil y apropiado para desarrollarse, al punto de convertirse en la guía absoluta de la formación escolar integral e integradora que caracteriza a nuestra enseñanza.

María Montessori y Miguel Soler, la luz de la palabra de la escuela

Nació en Barcelona en el año 1922, emigrando con sus padres a Uruguay en 1926. Fue, entre los años 1954 y 1961, director del Núcleo Escolar Experimental de la Mina, un proyecto educativo y de acción social, pionero en su género, ubicado en el departamento de Cerro Largo, muy cerca de la frontera con Brasil.

“La educación es parte de nuestro mundo de hoy y ha de ser parte del mundo posible de mañana. Es un desafío que ha de orientar los esfuerzos de por lo menos una generación. Y para recorrer ese largo y accidentado trillo, no encuentro mejor idea ni mejor propuesta que la de resistir o, mejor dicho, la de continuar resistiendo, como lo hemos tenido que hacer durante tantos decenios. Hemos de resistir, y resistiendo, estimulados por la esperanza, crear la nueva educación pública uruguaya.”

“El educador es persona, en plenitud de derechos. Y no puede ocuparse de los derechos de sus alumnos sin defender con vigor los que le son propios. Es ciudadano “per se” y, a la vez, referente ciudadano para los demás. (…) Esa doble condición de ciudadano y de referente ciudadano ha de llevar al maestro, al educador en general, a defender con energía su condición humana, la calidad y plenitud de su vida, el goce pleno de sus derechos.”

“. . . El maestro, tanto como los demás, ha de saber vivir en la austeridad, gobernándola, Una austeridad material, compatible desde luego con una gran riqueza de saber. La austeridad nos obliga a resistir el consumismo, el doblegamiento ante la publicidad, la tentación del endeudamiento, las infinitas trampas del capitalismo que penetra sutilmente en nuestras vidas y en las de nuestras familias y, sobre todo, en la de nuestros niños.”

“Resistamos, maestra, maestro, la amenaza de ser culturalmente plastificados, Busquemos y gocemos las mejores formas de expresión, las auténticas, las que más nos alejen de cuanto conlleva de trivial esta perversa maniobra de cercarnos para empobrecernos. Luchar por cultivarnos con exigencia ético y estética requiere seleccionar adecuadamente la semilla a sembrar. Es una forma más de defendernos de la pobreza. La pobreza de las sensaciones y los pensamientos, y de ganar experiencia para ese gran combate que consiste en dotar a nuestros alumnos de herramientas para que ellos también construyan su propio concepto crítico de calidad de vida.”

Ruben Francisco Lena nació en la ciudad de Treinta y Tres, en el, por esos tiempos, periférico barrio España, el 5 de abril de 1925. Después de haber comenzado y abandonado la carrera notarial, se inclinó por el magisterio, según sus propias palabras, atraído por la lectura de un libro que cambió su vida, La enseñanza primaria en el medio rural, del maestro Agustín Ferreiro. En los años de estudiante de magisterio en la capital olimareña se sumerge también en la bohemia, que lo vinculará a la poesía y la canción.

Cuando todavía era estudiante de magisterio, tuvo la oportunidad de hacer su primera experiencia como maestro rural, recomendado por su buen desempeño en sus compromisos formativos, ingresando como asistente y llegando a ser una especie de director de hecho, entre los años 1949 y 1951 en la escuela N° 44 en la zona de Sierras del Yerbal, cerca del emblemático sitio de la Quebrada de los Cuervos. A esa experiencia en su rol docente, se sumó la de la ruralidad y su entramado humano, entrando en contacto con las costumbres, modismos idiomáticos y formas de pensar, en un entorno agreste y montaraz que lo indujo fuertemente a su pasión por el canto.

Rubito Lena, la canción que recoge el paisaje uruguayo en sus notas y palabras

Siendo ya maestro pasó a residir en la zona de Arrayanes de Corrales de Cebollatí, a cargo de la Escuela N° 62, junto a su esposa, también maestra. Se trata de una zona arrocera, de campos bajos y bañados, sumamente inundables y por lo tanto apropiadas para el cultivo del arroz. Relata que en invierno todo se inundaba, quedaban aislados como en medio del mar, todo se humedecía, se entumecían los huesos y el ambiente afectaba las vías respiratorias, todos males muy frecuentes entre los trabajadores arroceros. En esos tiempos es elegido presidente de la Comisión Pro Superación de la Escuela, de alguna manera, su accionar está, desde el punto de vista de su profesión docente, influenciada por el accionar, en esos momentos muy intenso y notorio, del maestro Julio Castro, el hombre que elevó el trabajo de magisterio en el medio rural a su punto más alto.

En el año 1959 se produce una convocatoria por parte de la Organización de los Estados Americanos (OEA), específicamente del Centro Interamericano de Educación Rural, es seleccionado para concurrir como representante de los maestros rurales uruguayos, lo que le permite estar durante diez meses en Venezuela, compartiendo un espacio de formación con setenta y tres colegas del continente. Indudablemente que fue una experiencia sumamente enriquecedora desde el punto de vista didáctico, además de proporcionarle información sobre la realidad no solo educativa sino también social del continente. El destino lo ponía siguiendo los pasos de Julio Castro que, una década antes, también había recorrido el continente en ese tipo de actividades.

Pero la experiencia también provocó un fuerte impacto en su recorrido como creador de canciones, en efecto, en los momentos de recreación en que compartían charlas y ruedas de cantos con los representantes de las demás naciones, manifiesta que descubrió que los uruguayos no sabían qué cantar en esas circunstancias, más allá de alguna famosa retirada de alguna murga. Se interesa y conoce en forma directa las raíces y expresiones más genuinas del folclore venezolano, en especial le atrae la obra de Juan Vicente Torrealba, así como también de géneros de otros países que le eran totalmente desconocidos. Descubre raíces comunes, coincidencias, influencias locales, mayor y diferente impacto de las culturas nativas y todo un material que lo introdujo en un universo nuevo y sumamente enriquecedor. Se apasiona muy especialmente con un material didáctico que descubre sobre la música venezolana destinada a las escuelas, fenómeno que vincula directamente a su experiencia con Víctor Lima y su capacidad para atrapar a los niños con su canto a capela. Todo conducía al destino que les estaba aguardando a los dos juglares orientales que cambiarían para siempre la música popular uruguaya.

“A Don José” es seguramente su canción más emblemática, escrita en ritmo de milonga, el género que más identifica a los orientales con los valores más profundos de su nacionalidad. El “Olimareño” Braulio López contaba años más tarde, que Rubito, apodo de Lena, siempre decía que lo quería bajar del bronce a Artigas y no entendía lo que quería decir, le llamaba la atención que la canción no hablara de prócer o de héroe. Cuando comprobaron que se había transformado en un verdadero himno popular se dieron cuenta del acierto del maestro.

Desde su “Pedagogía del oprimido” y trabajos posteriores, este educador brasileño, nacido en Recife en 1921, dejó asentadas bases fundamentales del rol de la educación en un medio social cruzado por diversas contradicciones y conflictos en el cual deben desarrollarse las personas. Afirmaba que los caminos de la educación deben coincidir con los de la liberación de los oprimidos, que no son cosas que se rescaten sino sujetos que deben autoconfigurarse responsablemente. En ese sentido, educar consiste en elaborar un sistema que sea un camino de continuo retornar reflexivo como desarrollo del propio proceso y parte sustancial del crecimiento de la persona.

Concebía a la alfabetización como una forma de aprender a escribir la propia vida, a ser autor y testigo de la historia personal, interiorizar el concepto de la educación “como práctica de la libertad”. En ese sentido, es fundamental su rol de formadora de la persona que se asuma a sí misma y, de esa forma, al sentirse “parte y dueña de su destino”, asuma su responsabilidad en el camino de la existencia y de las vías que decida recorrer a lo largo de la misma.

Su método no enseña a repetir palabras ni se reduce a tenerlas presente siguiendo las prácticas del discurso abstracto, por el contrario, las pone críticamente en su mundo, para poder saber expresar sus propias palabras. El acto de educar debe ir más allá del hecho de aprender a leer y escribir, debe ser método que conduzca al aprendizaje permanente. De esa forma, el ser se asume a sí mismo como tal, aprende a decir “su palabra” y contribuye en una actitud enriquecedora, a formar parte de su comunidad, concebida como mundo compartido.

A continuación, queden algunos de sus conceptos como ramas vigorosas del frondoso árbol de sus enseñanzas:

-Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras sino a decir la propia, esa es la forma más vital de creación de cultura

-Expresarse, expresado el mundo, implica comunicarse. En ese sentido, la palabra, más que instrumento, es origen de la comunicación, es esencialmente diálogo

-Ni la cultura iletrada es negación de lo humano ni la cultura letrada es su plenitud

-El objetivo del método es que los niños, partiendo de unas pocas palabras, generen su universo expresivo, de esa manera, adquieren la capacidad de crear palabras y con ellas conforman significaciones

-La palabra viva es diálogo existencial, expresa y elabora el mundo en comunicación y colaboración

“Educar para no tenerle miedo a libertad ni a la verdad; no temer a enfrentar, no temer a escuchar, no temer a descubrir el mundo . . . No sentirse dueño del tiempo, ni dueño de las personas, comprometerse con ellas en el tiempo para luchar por la liberación común”. Paulo Freire

Una voz que llega desde el silencio

Julio Castro Pérez nació en La Cruz, departamento de Florida, el 13 de noviembre de 1908, falleció en Montevideo el 3 de agosto de 1977, a dos días de haber sido desaparecido por las fuerzas represivas, durante la última dictadura. En esa condición estuvo hasta la aparición de sus restos, encontrados y reconocidos a fines del año 2011.

Fue además conferencista de prestigio, periodista y autor de obras fundamentales de la pedagogía y la realidad social uruguaya y latinoamericana, pero, sobre todas las cosas, fue un arquetipo de maestro que dignificó y valorizó significativamente la función esencial del maestro rural, no solo en nuestro país sino también a nivel de toda la región. Fue impulsor y partícipe principalísimo de una de las experiencias más enriquecedoras y fructíferas en esa área, las Misiones Socio Pedagógicas, que fueron utilizadas como modelo para aplicar en otras realidades del continente. Entre 1952 y 1954 ocupó el cargo de Subdirector del Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina (CREFAL), tarea encomendada por la UNESCO, que se puso en marcha en Méjico, en el estado de Michoacán.

Sus palabras llegan desde el dolor, tal vez, como decía Benedetti, “preguntándose donde carajo queda el buen amor, porque vienen del odio . . .”, pero es un halo de luz de esas que no se extinguen, que permanecen encendidas en la porfía de la búsqueda de la salida, que siempre está, por más profundo que parezca el abismo.

“En la vida de un pueblo, como en una estructura orgánica, las partes están conectadas entre sí y el todo les confiere sentido. Así pues, el factor educativo no es el único, ni obra aisladamente, ni es menos importante que los demás factores, el político y el económico, sino que se traba indisolublemente con los otros (…) la educación fundamental no debe verse como una doctrina sino como una tarea”. “La educación fundamental es educación integral de la comunidad, no sólo porque comprende en su actuación a todos los componentes, hombres y mujeres, adultos y menores, el hogar, la economía, la recreación, la salud, la alfabetización, sino porque comprende también sus angustias y alegrías, sus ambiciones y anhelos, ese algo intrínseco que llamamos el alma o espíritu del pueblo.”

“La educación en general está condicionada por el ambiente físico y social en que se desarrolla, así como por el pasado histórico, tradiciones y genio propio de cada pueblo. La educación fundamental debe nutrirse de esas fuentes e insertarse en sus fines, los fines nacionales, regionales y locales, haciendo con ellos un todo congruente, acorde con los ideales continentales y mundiales. (…) la acentuación de tecnicismos, muchas veces significa sacrificios de la sinceridad.”

“El ser humano que vive en un nivel muy bajo, tiene una actitud diferente a la de nosotros frente a la vida. Sus necesidades no son las nuestras; su concepción del mundo tampoco. Su escala de valores, que también la tiene, es ajena, absolutamente a la que nosotros hemos adoptado. (…) Durante muchos años, la tarea en toda empresa de recuperación social, ha consistido en transferirles a ellos lo que nosotros consideramos como más importante. Contra la ignorancia el alfabeto; contra la mugre, el precepto higiénico; contra la haraganería, el himno al trabajo. Planteando situaciones de contraste hemos fomentado la actitud correctiva, y hemos fracasado.”

“El analfabetismo no es sólo un problema cultural; es también una cuestión social, económica y política (…) Especialmente algunos problemas del campo, son poco conocidos u olvidados y han llevado a realizar para el país desde hace muchos años una política dirigida y orientada por la ciudad. Las clases cultas son ciudadanas. Son las que legislan, gobiernan y orientan la vida política y cultural. (…) La escuela debe ser progresista y transformadora en el hondo sentido de la expresión. Debe tender a elevar el nivel de vida del medio rural y crear el ideal de progreso auténticamente rural, en el que el hombre busque posibilidades en el medio mismo.”

Al final de su periplo por América Latina, expresó: “Quedan, para las gentes que más o menos queremos pensar con nuestras propias cabezas, dos soluciones posibles: o vivir bajo el mundo inconmensurable y el absurdo de las palabras, o vivir luchando para superarlo, es el triste drama de las realidades.” Pero agregó con optimismo y esperanza: “El andar del tiempo hacia la liberación de los pueblos es constante y es, además, irreversible.”

En un mundo cada vez más complejo en el que se suceden los desafíos, a cuál de todos más disruptivo, algunos con claros rasgos deshumanizantes. Enfrentados a una realidad que parece querer escapársenos de las manos y de los sentidos, que agrede las relaciones humanas más sanas y constructivas, la ternura y la imaginación. Cuánto más es necesario valorar y revalorizar la labor docente y la formación de las personas en virtudes y valores, cuánto se hace más imprescindible la labor de los docentes en todos los niveles y qué trascendente resulta en la infancia.

Porque si somos como país, reconocidos a nivel internacional por nuestro espíritu democrático y la estabilidad de nuestras instituciones, si nos caracteriza el buen trato y el mejor relacionamiento, si nuestro suelo sigue siendo lugar de paz y reencuentro, todo eso se debe, antes que nada, al cuidado y el fortalecimiento que hemos recibido desde nuestras raíces. Esa ha sido, es y comprometámonos a que siga siendo, la labor de las manos, las voces y las enseñanzas maestras, el cariño y el ejemplo maestro, todo ese cúmulo de fortalezas que nos hacen libres y dueños de nuestro destino.

Página oficial de la ANEP

Crónica General del Uruguay, Volumen III, W. Reyes Abadie/A. Vázquez Romero, Ed. Banda Oriental

Grupo de Alto Nivel del Secretariado General de las Naciones Unidas sobre la Profesión Docente (24/10/2024)

Wikipedia

Seminario de Divulgación de las ciencias y la cultura, coordinación Dra. María Mercedes Ruiz Muñoz

Réplica de un maestro agredido/Ed. Trilce

Pedagogía del oprimido/Ed Siglo XXI

Como viven “los de abajo” en los países de América Latina/Ed. Ministerio de Relaciones Exteriores, 2008)

Imagen de portada: Restos del maestro Julio Castro hallados en una fosa clandestina en el Batallón de Infantería N° 14 en Toledo, departamento de Canelones

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