Los avances tecnocientíficos
En una columna anterior hicimos referencia a la física cuántica y su incidencia fundamental en los avances científicos y tecnológicos que caracterizan a nuestra era. Siguiendo con esta línea, vamos a esquematizar algunas de las expresiones que más están influyendo en los cambios disruptivos que caracterizan a nuestra realidad, para luego entrar en el terreno más vinculado a lo epistemológico.
La Inteligencia Artificial
Genéricamente se la puede definir como el área de la informática que crea sistemas capaces de realizar tareas que requieren inteligencia humana. Funciona mediante algoritmos, datos y modelos matemáticos que simulan procesos cognitivos; de acuerdo a lo anterior, consiste en almacenar datos que luego agrupa y metodiza de acuerdo a determinados programas informáticos y formatos que trabajan a la par de los procesos mentales humanos.
Sus usos son múltiples y cada vez abarcan más actividades, entre las más destacadas y significativas, pueden citarse la educación, la salud, la asistencia y seguridad y el transporte. Se nutre constantemente de los avances en los procesamientos informáticos y el desarrollo de técnicas y de manejo de datos. Este proceso, por definición abarcativo, que se sobrepone y supera a otros de diferente naturaleza, constituye, si no es puesto bajo control orgánico, un riesgo que va desde lo militar, lo nuclear hasta lo geopolítico.
En función de lo anterior, desde hace algunos años, el tema es preocupación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que lo trata en varias áreas y está en carpeta con calidad de prioritario, guiado bajo la premisa de que “Ante todo las personas”.
La Biología Sintética
Se trata de un área científica que combina la biología con la ingeniería y se utiliza para diseñar, modificar y construir nuevos sistemas biológicos o rediseñar organismos vivos inexistentes. Utiliza el ADN como código programable para crear soluciones prácticas. Utiliza bloques modulares y se basa en la creación de circuitos mediante herramientas precisas que surgen de la bioinformática. Su aplicación se centra en la medicina, el medio ambiente, las industrias y en la agricultura y la alimentación.
Uno de los pioneros de esta ciencia es George Church, quien oportunamente había manifestado a propósito de la misma: “es capaz de escoger trayectorias diferentes de las que originariamente tomó la naturaleza, e incluso cuestiona algunos conceptos centrales de la evolución.” Actualmente, estamos en la tercera etapa de su evolución, trabajando en la síntesis artificial de genomas completos, procurando llegar a la creación de especies nuevas.
En el año 2010, el biólogo Craig Venter y su equipo, crearon la primera bacteria sintética tras quince años de trabajo, así surge la llamada “mycroplasma mycoides”. El proceso consiste en sintetizarlo in vitro y luego ensamblarlo en un organismo, fue patentada como la primera forma de vida creada por el ser humano. En 2016, el mismo equipo creó el primer genoma mínimo, que se define como el número de genes necesario para la supervivencia, y consta de cuatrocientos setenta y tres genes codificantes.
Lo más reciente es la creación de la bacteria artificial con el genoma rediseñado más largo hasta el momento, logro del equipo de investigación en Biología Molecular de la universidad de Cambridge.
En síntesis, la ciencia puede rediseñar organismos para que produzcan una sustancia, como un medicamento o un combustible, o adquieran una nueva capacidad, como la de detectar algo en el entorno. Algunos ejemplos de lo que los científicos están produciendo con la biología sintética son:
- –Microorganismos utilizados en la biorremediación para limpiar los contaminantes del agua, el suelo y el aire.
- –Arroz modificado para producir betacaroteno , un nutriente que suele asociarse con las zanahorias y que previene la deficiencia de vitamina A., quecausa ceguera en entre 250 000 y 500 000 niños cada año y aumenta considerablemente el riesgo de muerte infantil por enfermedades infecciosas.
- –Levadura modificada genéticamente para producir aceite de rosa como sustituto ecológico y sostenible de las rosas naturales que los perfumistas utilizan para elaborar fragancias de lujo.
Ya en 2002, se había sintetizado el genoma de un virus, se demostró que era posible crear el virus de la polio desde cero, lo cual es prueba de su peligrosidad; igualmente, se generó el genoma de la levadura para hacer pan.
La nanotecnología

Es la ciencia e ingeniería de manipular la materia a escala atómica y molecular entre uno y cien nanómetros para crear materiales, dispositivos y sistemas con propiedades nuevas y mejoradas. Impacta significativamente sobre la medicina, la electrónica, la energía y diferentes industrias, como la textil. Desarrolla desde implantes más biocompatibles hasta pantallas más eficientes y tejidos inteligentes.
Su particularidad más importante es que se maneja a escala sumamente pequeña, la llamada nanoescala, y consiste en modificar la estructura de la materia a nivel atómico y combina física, química, biología e ingeniería, permitiendo la creación de fármacos y dispositivos diversos.
Para tener una idea de la escala en la cual se maneja, el nanómetro es un millón de veces más pequeño que un milímetro.
De esa forma, al ser moldeables, su uso es múltiple. Al ser una rama multidisciplinar, la creación de productos nanotecnológicos involucra la biología, la física, la química, entre otras. Todas estas disciplinas se unen para investigar cómo se conforma la materia para: construir estructuras átomo por átomo o molécula por molécula, alterar las propiedades electrónicas de los sólidos, reducir el tamaño de las partículas y producir nanopartículas aptas para innovar en diferentes campos.
Respecto a su aplicación, la misma puede resumirse en el siguiente esquema básico:
- -Electrónica: Desarrolla equipos pequeños cuyo ejemplo más características sin los microprocesadores, las pantallas flexibles y las baterías de larga duración.
- -Sector energético: Contribuyen a mejorarla potencia de los receptores de energía renovable (paneles solares y turbinas eólicas).
- -Medicina: Desarrollo de tratamientos para el cáncer y los trastornos neurodegenerativos, también mejora los métodos de diagnóstico temprano.
- -Producción y seguridad alimentaria: Detecta elementos patógenos en los alimentos reduciendo los riesgos, además de prolongar la ida útil de los productos con envases inteligentes.
Algunos análisis la consideran la cuarta revolución industrial, debido a las posibilidades de creación de nuevos materiales y dispositivos a partir de átomos y molécula. Cubre un amplio espectro de aplicaciones, en la actualidad se aplica en muchas industrias tradicionales como son los catalizadores, recubrimientos, pinturas, industria del hule, etcétera, y se comienza a trabajar en aplicaciones novedosas como son la fabricación de biosensores, la manufactura de microprocesadores, el diseño de materiales con características específicas y en nuevos materiales para la industria aeroespacial.
Los indicados son ejemplos que ilustran la trayectoria que la ciencia está recorriendo en este siglo en que vivimos, como se ha indicado, la dimensión de los cambios a nivel de la profundidad de los mismos, así como la velocidad a la que se producen, están provocando un fuerte sacudón en la sociedad contemporánea. Impactan sobre el individuo, sobre el “yo” en su interior y su relación con el mundo y, como consecuencia directa, provocan fuertes alteraciones en el relacionamiento, la convivencia y la dinámica de la sociedad.
Por lógica consecuencia, la cultura toda, como expresión y sistema integral, se ve fuertemente impactada también, a esos aspectos menos medibles, pero no por ello intangibles, haremos referencia en el parágrafo siguiente.
La incertidumbre frente a los cambios
- Como demonios del mal
- Iban con fuego en las manos y cubiertos de metal . . .
- Maldición de Malinche/Gabino Palomares

Fuente: Impulso06
Probablemente sea una reacción casi instintiva del ser humano, cuando se encuentra frente a un cambio, de cualquier naturaleza, lo primero es establecer resistencia. Algunos estudios lo atribuyen a mecanismos de defensa para no perder el “estado o espacio de confort”, otros hacen referencia al costado conservador que tenemos todos los seres vivos. Parece que nunca hubiera habido cambios, como si la Historia de la Humanidad no fuera una sucesión de cambios continuos, que se producen a diferentes ritmos y desigual intensidad.
Hace aproximadamente nueve mil años, las comunidades prehistóricas se encontraron frente a un gran cambio en todo lo que concernía a su existencia, en el más amplio sentido del término. Desde su visión de historiador del siglo XX, el australiano Gordon Childe lo llamó la “Revolución del Neolítico”, y aseguró que fue el corte más profundo y disruptivo en toda la historia humana. Hoy sabemos que ya antes, desde hacía millones de años, el planeta como tal, había atravesado diferentes etapas geológicas, sometido a modificaciones estructurales, con sus consecuencias ambientales y cambios profundos en las condiciones de vida de las especies existentes.
Pero, ya entrados en la Historia propiamente dicha, y en un período exponencialmente más corto, la sucesión de cambios no se ha detenido. Pensemos en el “descubrimiento” del Nuevo Mundo por parte de Europa y la corroboración de la esfericidad de la Tierra, hacia fines del siglo XV; en la “Revolución científica” que impulsaron figuras como Isaac Newton y Galileo Galilei. Acerquémonos a estos tiempos y consideremos la Revolución Industrial, el avance en las comunicaciones y los transportes, el comienzo de la era atómica, del satélite y, ayer nomás, de internet.
A cada tiempo, con sus correspondientes cambios, todos ellos, si no disruptivos al extremo de los actuales, igualmente revulsivos y provocadores, correspondió la respectiva postura filosófica frente al mundo y al ser humano. Así surgió la duda de Descartes, el pensamiento Ilustrado y el cuestionamiento al dogma, el escepticismo casi agresivo de Schopenhauer y Nietzche, así como las corrientes existencialistas del siglo XX, lideradas por Jean Paul Sartre.

El pensamiento del siglo XXI
Como no podía ser de otra manera, los cambios disruptivos de este siglo también están haciendo impacto en la filosofía y el pensamiento.
El colapso del conocimiento
Los conceptos vertidos en este párrafo fueron extraídos de un artículo publicado por el Premio Nobel de Economía de 2024 Daron Acemoglu con la colaboración de los investigadores Dingwen Kong y Asuman Ozdaglar.
Uno de los aspectos que resultan más atractivos de la inteligencia artificial, lo constituye el ahorro del esfuerzo. En efecto, nos resume un texto, redacta un ensayo, analiza una situación, recomienda una inversión, y otras actividades propias de nuestro tiempo. La contracara de esa rapidez eficiente, es que puede impactar negativamente en la adquisición de un conocimiento. Por su naturaleza, llegar a una resolución por la vía del razonamiento supone un proceso mental que hace a lo esencial del conocimiento.
Este último se adquiere por la búsqueda de información, el análisis de antecedentes y observación del contexto en que se da, y, en última instancia, por el mecanismo conocido de ensayo y error. Si, con solo apretar una tecla, llegamos a la solución, ya resuelta y digerida, la posibilidad de hacer ese proceso mental queda automáticamente suprimida, La consecuencia directa es el retroceso en la acumulación de conocimientos, mecanismo que ha sido, históricamente, el motor de progreso de la humanidad.
Este problema se hace particularmente preocupante llevado al ámbito de la educación, y muy especialmente durante los primeros años de vida. Para poner solo un ejemplo, el niño o joven que utiliza una calculadora para realizar una operación, obtiene la respuesta exacta al momento, pero no desarrolla todo el proceso cognitivo y de razonamiento que supone la realización de la misma. Ese ejercicio luego le será de utilidad para efectuar otras operaciones de diferente naturaleza, constituye un aprendizaje.
Otra situación típica de la vida cotidiana es la utilización de los localizadores de GPS, estas aplicaciones nos llevan directamente al lugar de destino, por la vía más rápida y hasta nos permite manejar el tiempo que el traslado nos insumirá. Pero, con toda la practicidad que supone, nos inhibe de la elaboración del mapa mental del entorno por el que circulamos, de esa forma, es como navegar dentro de una cápsula sin incorporar la información sensitiva del espacio en que nos movemos.
Un aspecto significativo referido al tema, lo constituye el fenómeno de la resolución individual del asunto que nos ocupa, solo frente al ordenador, consulto a la inteligencia artificial y ésta me proporciona la información que necesito, Este proceso, sencillo y lineal, minimiza la búsqueda, la consulta, el debate y la discusión y opción frente a diferentes alternativas. En suma, limita la colectivización del conocimiento, que queda resumido a un hallazgo personal y cerrado al colectivo.
Obtenida la información de esa forma automática y no procesada, el individuo queda inhibido de utilizar y nutrir ese “depósito” de información que implica el conocimiento. Como consecuencia, no tendrá elementos para adaptar el mismo a las nuevas circunstancias que vayan surgiendo, las cuales presentarán variantes respecto al caso original.
Lo curioso, es que la inteligencia artificial también depende de ese trabajo, ya que las respuestas que proporciona, proceden de datos, textos, investigaciones, experiencias y soluciones producidas por seres humanos. Los reúne, ordena y encuentra relaciones que no podrían ser procesadas por una sola persona. Su capacidad futura para crear información nueva sigue siendo una cuestión abierta, es decir, siempre va a necesitar una corriente constante de conocimiento humano, a tal punto, que reducir el esfuerzo que alimenta esa corriente puede terminar debilitando a la propia herramienta.
Por lo expuesto, sería buena cosa que la herramienta pudiera explicar, mostrar fuentes, pedir al usuario que compare opciones, hacer visibles sus dudas y dejar espacio para que la persona participe en el proceso de solución. Aumentar nuestras capacidades en lugar de volverlas innecesarias, para que, de esa forma, no nos concentremos solamente en su respuesta sino en qué ocurre con nosotros después de usarla. De otra forma, la sociedad puede llenarse de respuestas correctas, pero ir perdiendo la capacidad de formular preguntas, comprobar soluciones y producir conocimiento nuevo.
Escribir una mentira es barato, la verdad es complicada
Uno de los pensadores que más han ahondado en el tema, es el historiador e investigador israelí Yuval Noah Harari, autor de importantes publicaciones y tres libros que han alcanzado muy importantes niveles de venta, Sapiens, Homo Deus y Nexus, el más reciente.
Este pensador se muestra sumamente critico a propósito del avance de la inteligencia artificia, sostiene que ha fomentado la polarización y, con ello, la falta de disposición al diálogo y la búsqueda de consensos. Si bien, por un lado la tecnología parece mejorar la comunicación, por otro se manifiesta como un fuerte impedimento para coordinar el diálogo genuino y socializante.
La mentira se emite en un comunicado muy breve y económico, el “gancho” está en que, en general, la gente prefiere cosas sencillas y que no insuman demasiado tiempo. De esa forma, se desarrolla lo que denomina el “potencial totalitario” de la inteligencia artificial; pone como ejemplo de su aplicación, lo que está sucediendo en su propio país.
Hace recaer la mayor responsabilidad sobre los que llama “gigantes mediáticos”, son los casos de Facebook, Twitter (X), Instagram o TikTok. Sin embargo, los directivos de estas corporaciones, no asumen ningún tipo de responsabilidad sobre lo que en sus espacios se publica, cosa que sí ocurre con los medios de comunicación tradicionales, que tienen un director responsable perfectamente identificado.
Dice Yuval Noah que el problema no son las personas sino los algoritmos que manejan estas corporaciones. El modelo de negocio que desarrollan es el denominado “engagement”, cuyo objetivo es lograr que la gente pase el mayor tiempo posible en las plataformas. De esa manera, pueden vender propaganda y reunir datos que luego comercializa a terceros, esa es la base lucrativa del negocio. Identifica el mayor peligro que constituye la inteligencia artificial, en su capacidad para tomar decisiones por sí sola, por fuera de todo control humano, y su potencial para continuar avanzando, ya que considera que, en la actualidad, aún está en su estado embrionario.
Finalmente aclara y define, no se trata de destruirla, ni siquiera de detenerla, pero es fundamental su regulación, invertir más en seguridad. Hace especial hincapié en la filosofía como puente de salvación. Lo considera el instrumento capaz de torcer la tendencia actual de actuar más sobre la base de las emociones y no del razonamiento.

Yuval Noah Harari
La realimentación de la validación social
Ese concepto aparece desarrollado en el libro de Max Fisher “La máquina del caos”, en el que se analiza el proceso del manejo de la inteligencia artificial aplicada, específicamente, a las redes sociales. Su afirmación se centra en la búsqueda de esa validación que lleva al individuo a ingresar en ese mundo de interacción en busca de reconocimiento. Cada “me gusta” (like), funciona como un elemento generador de adicción, poniendo como carnada el logro del halago fácil.
El sistema está optimizado para la interacción, la triste comprobación, de acuerdo al autor, es que “las tonterías son muy atractivas“. Permite llegar a la comprobación de que el instinto humano de conformismo está muy arraigado en esta sociedad. Así sucede que, cuando la gente se convence que algo se ha convertido en un consenso, la psicología ha descubierto que no solo tienden a seguir la corriente, sino también a interiorizar ese sentimiento como propio. Podríamos agregar que, en ese momento, ante una opinión disidente surge el “solo vos no estás de acuerdo”, poniendo al individuo en el complejo lugar del “diferente”.
Las redes sociales, bombardean a los usuarios con estímulos sociales que se caracterizan por el ritmo de vértigo, empujándolos a confiar en la intuición social instantánea en lugar del razonamiento deliberativo. Todas las personas poseen la capacidad para ambas cosas, pero sucede que la primera domina a la segunda, y es de esa forma como se propaga la desinformación. A su vez, las plataformas agravan el efecto enmarcando todas las noticias y la información dentro de contextos sociales de alto riesgo.
Las redes sociales se han convertido en una máquina diseñada para distorsionar la realidad a través del enfoque perverso del conflicto tribal y, de esa forma, arrastran a los usuarios hacia los extremos. Oportunamente, la pandemia del coronavirus, funcionando como el espectro de una amenaza invisible, omnipresente e incontrolable, activó las mismas emociones que alimentaban esa máquina, a una escala mayor que cualquier otro acontecimiento desde la creación de las propias plataformas.
En esa búsqueda permanente de la polarización, las redes han desplazado a los medios de comunicación tradicionales, en ese rol de desarrollar la adicción y hasta la necesidad de buscar y encontrar al “otro”, una especie de enemigo contra el cual confrontar. De esa forma, el relacionamiento social no se basa en la dialéctica de la discusión y el intercambio sino mediante el agravio y la ofensa. Se trata sin duda de una matriz cultural, la cual establece la máxima absoluta del “nosotros y ellos”.
El gran dilema del siglo XXI, tecnología y poder
Por su parte, en su trabajo “La Ola que viene”, Mustafá Suleyman introduce el concepto de “contención” como un marco crucial para gestionar el avance tecnológico, sostiene que, si bien el progreso tecnológico no puede ni debe detenerse, debe contenerse de manera efectiva a través de mecanismos tanto técnicos, como culturales, legales y políticos interactuando entre sí. En su análisis aparece un concepto de trascendencia, la importancia de la cooperación internacional para evitar que la tecnología supere la capacidad de la sociedad para gestionar sus impactos.
Se trata de una persona que analiza y observa el fenómeno desde el sector privado de desarrollo de tecnologías de IA, ya que es un investigador, pero también un empresario exitoso en el terreno de la inteligencia artificial. En efecto, es cofundador de DeepMind, la empresa detrás de Chat GPT y actual CEO de Inflection AI, una compañía cuyo objetivo principal es el desarrollo de sistemas de IA más humanizados.
Define la “contención” (containment), como la “capacidad global de controlar, limitar y, si fuera necesario, detener la tecnología en cualquier fase de su desarrollo o distribución”. Explica que, históricamente, el desarrollo tecnológico se ha dado a través de oleadas, en las que una nueva tecnología con capacidad de transformar la sociedad provoca un tsunami cuyas olas lo cubren todo. Cada ola se apoya sobre las anteriores y avanza sustancialmente, al hacer las tecnologías más accesibles y simples de utilizar.
No hay como evitarlo y no conviene hacerlo, ya que las sociedades que no toman tecnología se estancan. Frente a eso, la mejor opción es crear diques de contención para que sus efectos no nos sobrepasen de forma descontrolada, de ahí que convoca a pensar la “contención” como “conjunto de mecanismos técnicos, culturales, legales y políticos interrelacionados y que se refuerzan mutuamente para mantener el control social de la tecnología en una época de cambios exponenciales”.
A diferencia de las revoluciones tecnológicas anteriores que se desarrollaron de forma gradual, la ola del tsunami de la inteligencia artificial y la biología sintética avanza a un ritmo que supera nuestra capacidad de adaptación. Sin embargo, están transformando positivamente sectores como la industria, la atención médica y la lucha contra el cambio climático. El problema es que estos avances traen consigo riesgos profundos: la automatización amenaza con un desplazamiento masivo del empleo, las deepfakes son cada vez más difíciles de distinguir de la información real y la edición genética puede utilizarse con fines bélicos. Todo este desarrollo crea una “bomba de desigualdad” e inequidad pronta a estallar.
En suma, llama a impulsar la “contención”, como un experimento sin antecedentes en la historia humana, a través de una estrategia que combine la creación de una gobernanza multinivel, multisectorial y proactiva, mediante programas de salvaguardias técnicas y cooperación internacional. Otros autores han enfatizado en sus trabajos la necesidad de intervenciones políticas granulares, incluyendo auditorías algorítmicas y fortalecimiento de posiciones de responsabilidad corporativa.
La inteligencia artificial y el trabajo

Se trata de uno de los temas que está en el centro de la discusión a propósito del avance tecnológico y ocupa los principales espacios en la consideración general, atendiendo el fuerte impacto que genera en diferentes ámbitos de las sociedades. También es una discusión con tradición histórica desde siempre, diferentes episodios se han sucedido frente al temor que suscita el riesgo de ver comprometida la fuente de ingresos, uno de los cuales es la destrucción de las maquinarias de las nuevas fábricas instaladas en el marco del desarrollo de la revolución industrial.
Las primeras predicciones que se hicieron, a propósito de la incidencia de la inteligencia artificial en especial y los cambios tecnológicos en general, eran enunciadas en un tono alarmante. Los augurios primarios especulaban con que el impacto ponía en riesgo casi la mitad de los empleos de hace aproximadamente una década atrás. Los mismos hacían especial hincapié en la automatización, la expansión de la robótica y la celeridad que ganarían las diferentes tareas gracias a los avances.
Con las cartas a la vista, el panorama no aparece tan desolador, aquellas especulaciones no tuvieron en cuenta factores que, de alguna manera, están por fuera de lo estrictamente tecnológico. Tal es el caso de la receptividad y preparación social, aspectos que no son comunes a todos los países, las diferentes formas de organizar el trabajo, la presencia determinante del poder político y la institucionalidad y el fundamental punto de la conveniencia económica.
Los estudios más recientes se enfocan asociando el tema más específicamente a la tarea y no a la ocupación de forma genérica, aplicando ese criterio, las previsiones mejoraron notoriamente. A modo de ejemplo, un informe actual de la OCDE baja la estimación en Estados Unidos, que originariamente se había establecido en un 47% a un 10%. Actualmente, se considera que el 40% del empleo mundial está, en alguna medida, expuesto al riesgo; el mayor impacto sería sobre las economías más avanzadas y los trabajos más calificados. Este panorama tendría la contraparte beneficiosa del aumento de mayor productividad.
Un tema que subyace a la problemática en sí del empleo y la ocupación, es que se prevé una marcada agudización de la desigualdad entre las tareas, que establecerá una diferenciación más pronunciada desde el punto de vista de los ingresos para los operarios más calificados. Igualmente, y como corolario de lo indicado, se generaría un aumento de las tensiones sociales. En todos los casos, el desafío mayor es lograr que la transición sea lo más inclusiva posible.
Ahondando sobre el punto, un informe de abril de 2026 establece que, a nivel global, más de noventa y dos mil personas han perdido el empleo en el sector tecnológico. Esto se da en el marco de un crecimiento económico para las gigantes tecnológicas, que, en el primer trimestre de este año, habrían logrado beneficios del entorno del 80%. La conclusión es que los despidos no responden a razones económicas ni financieras, sino que se vinculan a decisiones estratégicas que dan muy buenos resultados. La tecnología no está haciendo el trabajo de los programadores, sino que se está frente a un proceso de reestructura que apunta a centralizar toda la operativa en la inteligencia artificial.
Al mismo tiempo, haciendo referencia a un tema íntimamente relacionado, se conocen los números de las inversiones realizadas por estas grandes corporaciones. Por ejemplo, Microsoft alcanza los 145.000 millones de dólares y, en conjunto con las demás tecnológicas, se prevé que alcancen un total de 700.000 millones en todo el año 2026. Al mismo tiempo, las indemnizaciones por despido están sumando decenas de miles de millones de dólares.
En síntesis, es un muy claro caso de actividad altamente lucrativa, que mueve capitales muy por encima de todas las demás globales, y que, como consecuencia de este fenómeno, está acaparando espacios de poder cada vez más trascendentes y privilegiados. En medio de esa “fiesta” billonaria en dólares, un nuevo “ejército” de asalariados, compuesto por personas altamente capacitadas, se está enfrentando al temido espectro del paro laboral.
No obstante, puede resultar extraño que, incluso en periodos recientes con un uso ya intensivo de inteligencia artificial entre las empresas, aún no haya una relación entre intensidad y destrucción de empleo. En ese sentido,hay estudios que explican el fenómeno descomponiendo el efecto de la tecnología en el empleo en tres fuerzas simultáneas: la sustitución directa de tareas expuestas (que reduce empleo), la reasignación de esfuerzo hacia tareas complementarias (que lo recupera), y el crecimiento de las empresas que emplean inteligencia artificial, que lo compensa. El análisis muestra que estas tres fuerzas se cancelan entre sí y dan como resultado el efecto neto sobre el empleo agregado muy cercano a cero. Pero tras este equilibrio puede esconderse la asimetría generacional, puesto que las tareas que primero se automatizan, son las que constituyen el primer peldaño profesional, y los jóvenes son quienes soportan el costo del ajuste.
El riesgo no se agota con que algunas tareas sean automatizadas, también preocupa que el desarrollo de la inteligencia artificial dependa cada vez más de un reducido grupo de empresas capaces de financiar enormes centros de datos, adquirir chips especializados y entrenar los modelos más avanzados. Eso conduce a una concentración económica aún mayor que la observada durante la expansión de las grandes plataformas digitales. Es decir que también debe considerarse la concentración de infraestructura, de datos y de capacidad de cómputo, que se concentraría en un número reducido de empresas. Es un tema que coexiste con los demás, mientras el acceso a modelos abiertos se amplía, el entrenamiento de los sistemas más avanzados sigue dependiendo de centros de datos, chips especializados y capacidades de cómputo que solo un pequeño grupo de empresas posee a escala global.
El nuevo vínculo del individuo con el mundo
La expansión de la inteligencia artificial trae aparejado el debilitamiento de las referencias colectivas y, por lo tanto, se convierte en una verdadera mutación cultural. Produce progreso material al tiempo que provoca desorientación cultural, así como establece nuevas estructuras de poder, todo al mismo tiempo. Es condición indispensable, para sostener la autonomía política, no es de recibo ninguna “nostalgia pre tecnológica”, por el contrario, la tecnología es hoy en día condición de la existencia. Pero debe tenerse en cuenta que modifica las formas de autoridad, las relaciones sociales y la percepción de la realidad.
Como ya se ha señalado, la historia de la civilización constituye en sí misma, una sucesión de externalizaciones técnicas de capacidades humanas. A saber, la escritura externalizó la memoria, la imprenta transformó la circulación del conocimiento, la burocracia moderna reorganizó la administración estatal, la computación multiplicó la capacidad de procesamiento analítico.
Pero no puede soslayarse la dimensión política del tema, la tecnología expresa relaciones de poder; el proceso de acumulación al que se hizo referencia, es una transformación absolutamente desconocida de la soberanía. El poder, que tradicionalmente deriva del control territorial, industrial y financiero, se a redirigido al control de la información, las redes digitales y los sistemas predictivos.
Aquí aparece una de las tensiones fundamentales de las sociedades contemporáneas, porque la expansión tecnológica exige niveles crecientes de organización técnica y administrativa. Como condición imprescindible, los Estados modernos necesitan sistemas complejos de planificación, automatización y análisis de datos para gestionar sociedades masivas e interdependientes. Pero debe tenerse en cuenta que, cuanto mayor y más compleja es la realidad, más tiende la vida social a reorganizarse alrededor de criterios impersonales de eficiencia.
La realidad nos está mostrando que las sociedades desarrolladas alcanzan asombrosos estándares de bienestar material, conectividad y seguridad; pero tienen problemas para desarrollar cohesión simbólica, léase convivencia, estabilidad emocional y la determinación de un futuro común. No se han eliminado patologías sociales como el aislamiento, la abundancia de información no trajo más claridad intelectual, pero sí ha modificado ciertas estructuras tradicionales.
A modo de cierre, el gran tema a resolver es determinar quién manejará la tecnología y bajo que premisas, en este punto juegan factores sociales y políticos. Determinar que los beneficios que la tecnología ofrece, como la mejora de los servicios sanitarios, la productividad, la educación y la investigación científica, lleguen a todos los sectores de la sociedad y formen parte de su destino común.
Julio Rapetti
- Material consultado
- Página de la ONU (un.org)
- genotipia.com
- Biología sintética/Luis Alonso
- Página mexico.unir.ne
- Página nanolic.ens.cnyn.unam.mx
- elmundo.com
- xataka.com
- La Diaria, ediciones vs.
- Infobae
- Surasky, J. (2025)/La ola que viene
- Opagina goodreads.com




