La música “culta” o académica
Hay determinada terminología que causa cierta crispación, sobre todo cuando está referida a cuestiones que tendrían que caracterizarse por la absoluta libertad en cuanto a rótulos, encasillamientos y cosas de ese estilo. Como de alguna forma hay que identificarla, hemos optado por lo indicado en el subtítulo, pero dejando constancia, antes de entrar en el desarrollo del punto, que es una definición absolutamente parcial, confusa y discutible, atendiendo que es “culto”, en tanto “objeto cultural” con todo lo que ello implica, cualquier producto musical, sea del género que fuere.
En esta columna, haremos una breve reseña de algunos de los nombres más significativos en el amplio espectro de los compositores, estudiosos y músicos intérpretes, que han dejado su marca a través de décadas, en la música uruguaya. Igualmente, es de orden dejar sentado que el Uruguay ha tenido una larga y poderosa tradición de formación musical “de conservatorio”, para la que han trabajado valiosos músicos, que han hecho una muy fructífera siembra. A tal punto es así, que, en pleno siglo XXI, el país cuenta con muy importantes ejemplos de orquestas, tanto sinfónicas como filarmónicas, en distintos puntos del país, con una actividad constante en diferentes escenarios en toda la república.
Haciendo una mirada retrospectiva del tema, a lo largo del tiempo, resulta muy claro que los momentos de mayor auge, tanto en el terreno de la ejecución y exposición de los eventos musicales, así como de creación como en la docencia, fueron aquellos en los que el apoyo desde los niveles oficiales ha sido más marcado. Como en otras actividades, en la medida que la presencia del Estado se hace más clara y contundente, mayor es la pujanza de las diferentes expresiones culturales. Esto resulta claro si consideramos tres períodos en especial: el del primer batllismo, hacia principios del siglo XX; el del denominado neo batllismo, desde mediados de la década de 1940 hasta finales de la siguiente y el período de los gobiernos progresistas del siglo XXI desde 2005 hasta 2020 y a partir de 2025.
El apoyo al que se hace referencia se ha canalizado, desde destinar recursos para el financiamiento de proyectos culturales, el fomento del desarrollo de la actividad cultural, la conformación de espacios para el desenvolvimiento de las diferentes actividades que forman parte del quehacer en esta actividad y el diseño de políticas, tanto en el ámbito de la cultura como de la educación, con la participación de los actores directamente involucrados, con el respaldo y la fuerte presencia estatal.
Eduardo Fabini
Nació en la localidad de Solís de Mataojo, en el departamento de Lavalleja en el año 1883 y falleció en Montevideo en 1950. Fue violinista y compositor, comenzando sus estudios en su tierra natal, para trasladarse luego a Montevideo, en el año 1890 para continuar sus estudios musicales en uno de los conservatorios emblemáticos de la época, el Conservatorio La Lira. A partir de 1890 y durante tres años, pasa a residir cierto tiempo en Bruselas, Bélgica, becado para estudiar en el Real Conservatorio de esa ciudad. Regresa nuevamente allí desde 1904 hasta 1907, para estudiar composición.
En 1900, había fundado con otros músicos la Asociación Uruguaya de Música de Cámara; en 1913 regresa a su tierra natal, dedicándose básicamente a la composición. Hacia el año 1922 estrena su poema sinfónico “Campo”, una composición icónica de la música clásica uruguaya, obra que es dirigida por el propio director de la Orquesta Sinfónica de Viena, Richard Strauss, en un concierto que se realiza en el año 1923 en el teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires. Esta misma composición también fue interpretada en ciudades como Nueva York, Washington, Madrid, Barcelona, Berlín, Moscú, Valencia y Río de Janeiro.
A partir de 1927 comienzan a quedar registros grabados de sus obras, son los casos de “La isla de los ceibos”, “Triste nro. 1, 2 y 3”, “Melga sinfónica”, “Las flores del campo”, “A mi río” y “El arroyo”. En sus primeros años de la infancia había sido ejecutante del acordeón a piano y el armonio, pasando luego a estudiar violín, habiendo estudiado con los maestros Romeo Messi e Ítalo Casellas. Durante su estadía en Bruselas igualmente, estudió con los maestros Delos y Thomson, así como también realizó estudios de armonía con Brouk. Fue el primer músico latinoamericano que ejecutó en Europa composiciones conteniendo raíces folklóricas de la región.
También compuso canciones, temas para interpretaciones corales escolares y fantasías para violín y orquesta. Igualmente, una obra de ballet sobre el argumento de una obra del poeta Fernán Silva Valdés, llamada “Mburucuyá”, así como también de ballet infantil, tal el caso de su obra “Mañana de Reyes”. En Estados Unidos graba para el sello Víctor Records las obras “Campo” y “La isla de los ceibos.
Campo es una de las más emblemáticas creaciones de toda la música clásica uruguaya. Está compuesta en una sola parte, respondiendo a la estructura de “poema musical”, en cuya armonía se procura dejar sentadas, sonoramente, una serie de impresiones que corresponden al paisaje rural del Uruguay. Por su estructura melódica y su tempo, la obra se vincula a un sentimiento muy propio de los uruguayos, el de la nostalgia. Ya desde el principio, en su preludio de apertura, puede “escucharse” en la sucesión de sonidos en la que predominan los vientos, flautas y oboes especialmente, esa sensación que provocan las “voces” de la tierra. La armonía se encuadra bastante dentro de la tonalidad clásica occidental, con extensiones de sugerida atonalidad y muy ricas prolongaciones de las notas finales de algunos compases.
Este universo sonoro describe con gran precisión y sublime sensibilidad el deslizar del agua de los arroyos, el susurro del viento entre los árboles, arbustos y sierras y traslada al escucha hacia ese ambiente tan característico del medio rural uruguayo. El sonido se logra a través de la utilización de los referidos vientos, armonizados en terceras y quintas levemente disminuidas y el apoyo de las cuerdas más graves, como el violoncello y el contrabajo, todo envuelto en un muy suave golpeteo de timbales. Podría decirse que la “voz” de la obra y el estilo de su peculiar “forma de habla”, responden sin dudas al “tipo uruguayo”, exento de majestuosidad y grandilocuencia, de vibraciones extremas y sonidos al borde del “chirrido hilarante”.
Hugo Balzo
Oriundo de la ciudad de La Paz, departamento de Canelones en 1912, fallece en Montevideo en 1982. Inició sus estudios para piano con Agar Fallers ofreciendo su primer concierto cuando tenía solamente catorce años. En el año 1936 fue becado a París, donde perfeccionó su formación estudiando con docentes como Cassadessus, y Phillip y Ricardo Viñes y realizó estudios de armonía y análisis musical con Noel Gallon.
Su etapa como concertista se inicia justamente en Europa, actuando en varias ciudades, París, Bruselas y Londres entre otras, realizando posteriormente varias giras por el viejo continente y también por varios lugares de América Latina. Como pianista solista integró prestigiosas orquestas también de los dos continentes, a la vez que trabajó bajo la dirección de maestros de renombre, tales los casos de Igor Stravinsky, Ottorino Respighi, Albert Wolff, Arán Katchaturián, Erich Kleiber y otros.
Premiado por su trabajo en París y también en Munich, extendiendo su beca hasta el año 1940. A lo largo de su extensa trayectoria interpretó a Bach, Mozart y Beethoven, además de otros importantes compositores. Le cupo el privilegio de estrenar en América el célebre “Concierto para la mano izquierda”, obra de Maurice Ravel, además de otras obras prestigiosas.
Como docente se destacó por despertar el interés en sus alumnos, atendiendo la dinámica de sus clases, así como la vastedad de sus conocimientos; fue profesor de canto coral en la Enseñanza Secundaria, y en el Instituto de Profesores Artigas, y fue profesor en el Conservatorio Nacional de Música. También ejerció la docencia universitaria como profesor de Historia de la Música en la Facultad de Humanidades y Ciencias. Asimismo, fue director del Departamento de Estudios Musicales de la referida casa de estudio, en la que tuvo una destacada actuación. Pero, además, la importancia de su trayectoria en el Departamento de Estudios Musicales se vio realzada por la extensa obra de investigación que realizó estando al frente, ya que dejó importantes trabajos originales, que fueron publicados, entre los cuales se destaca su estudio sobre la música del himno nacional uruguayo, del maestro húngaro José Debali.
En el marco de sus giras por Europa, dio a conocer las obras de compositores uruguayos como Eduardo Fabini y otros compositores latinoamericanos, como es el caso del argentino Alberto Ginastera, que había sido su profesor en su período de formación. A su regreso al Uruguay fue nombrado solista de la Orquesta Sinfónica del Sodre, la OSSODRE. Como ya se ha indicado, como docente fue formador de varios concertistas de trascendencia, como son los casos de Diana Traverso, Jorge Noli, Susana Frugone, Edison Quintana, Humberto Quagliatta y otros destacados intérpretes.
Su obra es tomada como punto de referencia en el trabajo “Hugo Balzo, para comenzar una historia de la interpretación pianística del Uruguay”, trabajo de investigación de los ensayistas Marita Fornaro y Ernesto Abrines, el cual fue editado por la Pontificia Universidad Católica Argentina. Los referidos investigadores lo definen como “intérprete, gestor, docente a investigador”. Además, se hace referencia a su formación con Agar Falleri, lo cual lo vincula a la escuela estilística de Franz Lizt. Expresamente afirman que se lo considera como un intelectual que tuvo un papel fundamental en la circulación de ideas, entre las que se destaca su versión del Americanismo Musical, propuesta por el musicólogo Francisco Curt Lange.

Eduardo Fabini, Hugo Balzo y Nibia Mariño, tres pilares de la música clásica uruguaya
Nibya Mariño
Nació en Montevideo el 23 de marzo de 1920, y falleció, también en Montevideo el 1° de septiembre de 2014. Inicia sus estudios de piano a muy corta edad, recibiendo el calificativo de “niña prodigio”, al realizar sus primeras interpretaciones, con seis años recién cumplidos, bajo la supervisión de la profesora Adela Piera. Criada en el seno de una las tantas familias de la vieja clase media del Uruguay batllista, en el que la formación cultural de los hijos –sobre todo de las mujeres– incluía estudios de piano “obligatorios”. De hecho, la hermana mayor era una pianista competente.
Superada la etapa del “conservatorio de barrio”, la precoz pianista pasó a estudiar con el pianista polaco Guillermo Kolischer, figura fundamental en la historia musical uruguaya, que también fuera maestro de otras celebridades como Héctor Tosar, Jaurés Lamarque Pons, Lyda Indart y Luis Batlle Ibáñez, entre otros. Bajo su supervisión realizó la primera actuación pública junto a una orquesta, ejecutando un concierto de Mozart. Tenía entonces 10 años. Por este tiempo es cuando el célebre pianista Arthur Rubinstein, que residía en Buenos Aires y viajaba periódicamente a Montevideo, la escucha tocar y, convencido de su excepcional talento, decide propiciar su debut en Buenos Aires. Así llega al Teatro Colón de la capital argentina y bajo la batuta del maestro Ernest Ansermet, interpretando el “Concierto en la menor Opus 54” de Robert Schumann.
Cuatro años más tarde, parte rumbo a París para estudiar interpretación pianística con Alfred Cortot, uno de los mejores pedagogos del siglo XX, celebrado como un especialista excluyente a la hora de captar lo esencial de la poética musical del mágico y romántico Robert Schumann. También recibió formación del músico y profesor Marcel Ciampi. Los años en que estuvo becada por el gobierno uruguayo en la “École Normale de Musique” de París le posibilitaron una formación privilegiada que resultará el complemento justo para desarrollar su talento natural. De esa conjunción nace la artista de primer nivel internacional que tocó en los más calificados teatros del mundo.
Durante el tiempo que duró la guerra europea, su fogueo en materia de conciertos continuó en un alto nivel, presentándose varias veces en el SODRE y debutando en el Teatro Solís en 1942, a donde volvió a tocar al año siguiente. A fines de 1944 inicia una gira profesional como concertista que la llevará a tocar en Estados Unidos, Canadá y México. Había comenzado una brillante carrera internacional que la llevó a presentarse asiduamente en escenarios de más de quince países de Europa y en diversas salas americanas. Es el período más intenso de su vida en materia de conciertos, que puede ubicarse entre 1944 y 1960.
En los años noventa se inicia una etapa que traería una serie de viajes a Estados Unidos y de reconocimientos de altísimo nivel, entre los que corresponde mencionar las grabaciones de la obra de Schumann realizadas en el College of Charleston con producción artística de Enrique Graf, entre 1993 y 1997, el Diploma de Honor otorgado por la OEA en Washington en 1994, el Candelabro de Oro que la B’nai B’rith de Uruguay le concedió por su trayectoria en el año 2001, el homenaje recibido en la Gala de reapertura del Teatro Solís en 2004, ocasión en la que se la nombró Ciudadana Ilustre de Montevideo, y finalmente, su elección para ser la solista en el concierto del 75 aniversario de la Sinfónica del SODRE, en el año 2006, que dirigió el maestro chileno Francisco Rettig.
Abel Carlevaro
Nació en Montevideo en 1916, falleciendo en la ciudad de Berlín en el año 2001. Fue guitarrista, compositor y pedagogo, creador de una nueva escuela de guitarra clásica. Inicia sus estudios de guitarra con solo cinco años, con el profesor Pedro Vittone junto a su hermano Agustín, quien más tarde se destacará como guitarrista de tango. Desde su primera juventud, se vincula con Andrés Segovia, quien por ese entonces residía en Montevideo, y trabaja junto al eximio guitarrista español. También estudia armonía y contrapunto con José Tomás Mujica, así como orquestación con Pablo Komlos, educación que le implicaron cuatro años de trabajo incesante.
En 1943 viaja a Brasil invitado por el compositor Heitor Villa-Lobos, con quien estudia en la ciudad de Río de Janeiro. Un año más tarde viaja por primera vez a Europa ofreciendo conciertos en España, París y Londres, donde graba su primer disco, retornando a Uruguay en el año 1951. Regresado e instalado nuevamente en el país, continúa componiendo y presentándose en diversas salas, recibiendo el reconocimiento de la crítica y el público en general. En este período inicia una tarea que habrá de convertirlo en un mojón excluyente en la difusión y la enseñanza de la música, y específicamente de la guitarra, desarrollando un trabajo como docente y pedagogo que alcanzará un destaque inigualable a nivel internacional.
Dentro de sus actividades en el año 1965, graba un disco de música popular rioplatense llamado “La guitarra de oro del folklore”, con el seudónimo de Vicente Vallejos. Se trata de la materialización de su fuerte vínculo con la música local y regional y su inmersión en los elementos internos que componen esa vertiente musical que realza y valoriza de forma muy especial. En este marco, entre sus ilustres alumnos, figuran varios que lograrán un primer nivel en el catálogo de la música popular uruguaya, tales los casos de Daniel Viglietti, Eduardo Larbanois, César Amaro, el concertista Eduardo Fernández y otros.
En el año 1984, presenta en París el diseño de su nueva guitarra sin boca, modelo en el que privilegia la capacidad del instrumento de poder brindar matices y colores tímbricos que superan la sonoridad y posibilidades del diseño tradicional. Para la concreción de ese proyecto trabaja con dos luthiers de prestigio internacional, el español Manuel Contreras y el alemán Eberhard Kreul.
Su repertorio es tan extenso como difícil de abarcar en esta crónica sumaria, por lo cual se hará referencia a algunas composiciones, parte de un espectro mucho más amplio y rico de creaciones musicales que forman parte del acervo musical y cultural del país. Dentro de ese conjunto de creaciones cabe destacar: Concierto del Plata para guitarra y orquesta; Fantasía concertante para guitarra, cuerdas y percusión; Concierto N° 3 para guitarra y orquesta; Preludios Americanos; Milonga Suite N° 1 y 2; Cronomías (sonata); así como su serie de 20 Microestudios y el conjunto de cinco estudios del Homenaje a Villa-Lobos.

Carlevaro ejecutando y componiendo en su modelo de guitarra sin boca
Coriún Aharonián
Compositor, musicólogo, autor de obras de cámara, de orquesta y piezas electroacústicas, nació en Montevideo en al año 1940 y falleció también en la capital en 2017. Fue además autor de artículos, ensayos y libros sobre temas diversos vinculados a la música y la cultura en general. Docente de composición y musicología en la UDELAR, también desarrolló esa actividad en el extranjero, así como también dictó conferencias en congresos internacionales, director honorario del Centro Nacional de Documentación Musical Lauro Ayestarán e investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores del Uruguay.
Intelectual “peleador”, hijo de inmigrantes luchadores y expulsados de su tierra de origen en el marco del genocidio del pueblo armenio producido entre los años 1915 y 1923, heredó de sus padres el espíritu de lucha y la valoración de los derechos que lo llevaron a desarrollar una extensa y permanente lucha, en el sentido más amplio y cabal del término, por esos valores, en el marco de su actividad vinculada a la música específicamente y a la cultura en general. Esa postura lo llevó a embanderarse con causas relacionadas al tema y, en particular, la defensa de las raíces culturales latinoamericanas.
Estudió piano desde los cinco años con la profesora Adela Herrera-Lerena, a su vez, discípula del gran pianista Eugen D’Albert, así como con el director orquestal y musicólogo Kurt Pahlen, derivando, en la evolución de esa profunda formación, hacia la dirección coral. Posteriormente, estudia dirección orquestal con Jacques Bodmer, discípulo de Hermann Scherchen, director alemán especialista y conocedor de todos los “secretos” que rodean a la música más puramente clásica europea. Compartió su pasión por la música y su vida con la también música y musicóloga Graciela Praskevaídis, con la que compartió lo esencial de su obra.
Con Lauro Ayestarán estudió musicología y con Héctor Tosar composición. Dedicado luego a la docencia fue integrante la Sociedad Uruguaya de Educación Musical y en el año 1966 es cofundador del Núcleo Música Nueva. El italiano Luigi Nono, lo vincula al pensamiento del italiano Antonio Gramsci, marxista que revalorizó el rol de la cultura en la dialéctica revolucionaria. Entre los años 1985 y 1989 fue miembro de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea, siendo de los primeros latinoamericanos en ocupar un puesto en su consejo presidencial.
Dictó clases también en universidades de países como Brasil, Ecuador, Colombia y Argentina. También fue seminarista en países de otros continentes como Asia y Europa, así como en otros países de América. Fue además coorganizador de los Cursos Latinoamericanos de Música Contemporánea (CLMC). En la tarea de investigación y creación, su interés estuvo fuertemente enfocado en la música culta de vanguardia, pero con firmes lazos con la música popular, en especial con la del continente americano, a la que estudió específicamente, siguiendo los lineamientos y el legado de su maestro Ayestarán.
Su obra estaba íntimamente ligada a su militancia político-cultural y a sus reflexiones ideológicas, le preocupaba muy especialmente el colonialismo cultural en la música latinoamericana. El interés por el rescate identitario que propuso, provenía, en muy buena parte, de su formación con el musicólogo Lauro Ayestarán, quien, decía, lo había llevado a entender la importancia del hecho musical en la praxis real, a diferencia de la deformación europea de aislar la música del entorno. Siempre sostuvo enfáticamente que la labor del musicólogo contiene en sí misma, una muy trascendente utilidad social, no es un mero “ejercicio intelectual”, algo alejado del interés de las grandes mayorías.
Su obra musical estuvo marcada por sus principios ético-sociales, para su concepción estética, no hay una división entre el terreno artístico y el compromiso ético en otros campos, de tal forma que su música es un intento de integrar el arte y la vida, como una especie de “arma de resistencia cultural”. Pone especial énfasis en la austeridad y la economía de elementos, medios y lenguaje, lo cual constituye una de las características en su obra. Esa austeridad se da tanto en el lenguaje como en recursos expresivos, así como en medios técnicos. Eso lleva a la búsqueda, por parte de varios compositores, en el terreno de una estética “pobre” y/o de una tecnología de aspecto “pobre”, lo cual puede observarse en su tercera pieza para piano de 1973, en “Digo, es un decir” del año 1979, en “Gran Tiempo”, obra electroacústica de 1974, así como en las otras como “Mestizo”, de 1993 y “Una carta” del año 2001.
También puede citarse creaciones como: “Que” (1969), electroacústica; “Homenaje a la flecha clavada en el pecho de Don Juan Díaz de Solís” (1974); “Hecho I, teatro musical, 1966; Música para aluminios, para 3 instrumentistas y cinta magnética” (estudio, para la cinta magnética: SODRE, Montevideo), 1967; “Música para cinco, flauta contralto, corno, trompeta, trombón y tambores”, 1972; “Tres pequeñas piezas para piano”, 1966-73; y otras dentro de su profuso legado.
El profesor Fernando García Arancibia, de la “Academia Chilena de Bellas Artes,
Instituto de Chile”, publicado por la Revista musical chilena, manifiesta respecto a su trabajo como compilador y “rescatista” de la músia latinoamericana, hace especial hincapié en el incentivo que transmite a sus alumnos para dedicar tiempo y esfuerzo a indagar en las fuentes, como una forma de luchar contra la dependencia cultural. También tener conciencia del papel que tuvo y tiene cada uno de los grupos humanos que la ha proporcionado además de las circunstancias en que se ha producido ese aporte cultural.

Coruim Aharonián y René Pietrafiesa, el aporte de la vanguardia a la canción
Renée Pietrafiesa
Nació en Montevideo, 17 de diciembre de 1938, falleciendo también en la capital 3 de febrero de 2022, fue compositora, pianista, organista, clavecinista y directora orquestal. Su trabajo, tanto en la composición como en la ejecución, abarca por igual los géneros populares, así como de vanguardia a nivel de la música “culta”, incluyendo, de forma muy particular, sus destacadas incursiones en la música electroacústica. Inició sus estudios musicales con su madre, la pedagoga y pianista Renée Bonnet. Continuando sus estudios de piano con otras figuras de renombre como Jörg Demus y J. Turchinsky, en ejecución de órgano con Ángel Turriziani y composición con Héctor Tosar.
Estuvo desde muy joven ligada a Francia, en ese marco funda la Coral de la Alianza Francesa de Montevideo y la Orquesta de Cámara Ars Musicæ, colectivos con los que realizó giras de conciertos por Uruguay y otros países de América Latina. Becada por el gobierno francés en los años 1973 y 1974, pudiendo de esa forma cursar estudios en París de música electroacústica en el Groupe de Recherches Musicales con el maestro Pierre Schaeffer y en el Studio de Musique Expérimentale del Centre Américain con J. Arriagada. Igualmente, realizó intervenciones musicales en el Museo de Arte Moderno de París y participó en numerosas emisiones de France Culture de la misma ciudad.
Con muy buen suceso también, compone música para teatro; en ese sentido, se destaca el hecho de que en 1984 es galardonada con el Premio Florencio de la Crítica Teatral Uruguaya por la música de la obra “Electra” de Sófocles y fue nombrada Chevalier des Arts et des Lettres por el Ministerio de Cultura de Francia, país al que regresa en 1990, nuevamente invitada por el gobierno francés, en su carácter de compositora y pedagoga.
En su labor de Embajadora de la Música Uruguaya en todos sus géneros participó también en el año 2000 en el Festival París-Banlieues-Tango como la primera pianista uruguaya de música clásica que interpreta igualmente toda la música popular de Uruguay y de América Latina. Realizó conciertos para las Juventudes Musicales con la participación de seiscientos niños por concierto, cumpliendo con una labor didáctica y de difusión únicas en Uruguay, a lo que se sumó su trabajo en su Taller de Música en la televisión estatal uruguaya. Hacia la última etapa de su vida, dirige su propia Escuela de Música en la Quinta del Arte, conjuntamente con su tarea como docente de pedagogía y práctica de conjunto en la Escuela Universitaria de Música. Fundó la Orquesta de Cámara de jóvenes, otra rama del Conjunto Ars Musicæ de Montevideo que había sido fundado por ella misma en 1964 y cuya finalidad fue difundir la música de cámara en todos sus géneros y realizar estrenos de compositores uruguayos.
La institucionalización
Mucho se debate en torno a la necesidad de contar con un mayor apoyo, tanto financiero como de representación, de parte de las sucesivas administraciones, atendiendo reclamos por demás justos. Pero, al mismo tiempo, no puede negarse que, a pesar de las limitaciones y con vaivenes que tienen que ver con las diferentes tendencias ideológicas y situaciones económicas de las sucesivas administraciones políticas, la presencia oficial ha marcado presencia y ha sentado las bases para la conformación de una institucionalización de la actividad musical en el país.
En el presente apartado se hará mención a algunas de las instituciones que, a lo largo del tiempo, han conformado su participación en este ámbito hasta transformarse en referencias insoslayables para el análisis del desarrollo de la actividad musical en el país. Señalaremos un par de instituciones que funcionan dentro de la órbita estatal, y a algunas que se desempeñan en el ámbito privado, pero, cabe la aclaración, contando con diferentes formas de apoyo por parte del Estado, fundamentalmente de orden económico.
El SODRE
Se trata de una institución pública dedicada a la realización y difusión de espectáculos artísticos y culturales, así como a actividades inherentes a la formación de las diferentes disciplinas vinculadas al quehacer musical. Fue creado por la Ley N° 8.557 con el nombre de “Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica”, con fecha 18 de diciembre de 1929 con el objetivo explícito de transmitir “espectáculos o audiciones de carácter artístico, científico, ilustrativo o ameno con fines de mejoramiento espiritual de los habitantes del país”. Así enunciado textualmente, la finalidad conecta con el ideario humanista del batllismo de principios del siglo XX
También tenía como objetivos la creación de escuelas y conservatorios, la edición de catálogos, programas y otro tipo de publicaciones. Por dicha ley, se crea una orquesta sinfónica, una orquesta de cámara, un coro, un cuerpo de ballet, se construyen y/o acondicionan salas de espectáculos, una fonoteca y se organizan otras reparticiones conexas a la actividad del organismo. Como se ha indicado, de forma muy clara y manifiesta, se marca fuertemente la presencia del Estado como promotor del arte y la cultura.
Dentro de su organización van a funcionar varias divisiones:
–La Radiodifusión: inicia su transmisión el 1° de abril de 1930 por medio de la emisora CX 6, contando con una programación periodística, cultural, deportiva, educativa y de difusión. Posteriormente, el organismo adquirirá otras emisoras que continúan en actividad hasta la actualidad.
-La Televisión: Se autoriza la creación del primer canal de televisión público en el año 1955, el cual dirigirá el llamado Servicio de Televisión Nacional. No obstante, por razones burocráticas, inicia sus transmisiones recién en 1963.
-El Cine Arte: Este Departamento es creado en 1943 con la finalidad de documentar y estudiar el nacimiento, progreso y evolución del arte cinematográfico, en un momento en que el cine comienza a adquirir relevancia a nivel regional.
-El Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra: Dependencia oficial encargada de reunir, preservar, documentar y difundir los acervos audiovisuales, sonoros, fílmicos y fotográficos del país.
Se constituyen elencos estables, dentro del presupuesto estatal, que funcionan en su órbita: Orquesta Sinfónica, Conjunto de Cámara, Coro Nacional, Cuerpo de baile, Orquesta Juvenil, Cono Nacional de Niños, Coro Nacional Juvenil. También funciona en su órbita la Escuela Nacional de Formación Artística del Sodre (ENFAS), una institución educativa pública y gratuita que potencia el desarrollo integral de artistas en la danza y el canto lírico desde una perspectiva de cultura como tradición e innovación
El organismo también desarrolla un conjunto de proyectos socioeducativos donde se crea, diseña, implementa y difunde una amplia y variada propuesta de programas y actividades dirigidas a una diversidad de públicos. La misma comprende: ensayos abiertos a público, visitas guiadas en distintas modalidades (con concierto didáctico del Conjunto de Música de Cámara, incursión al Ballet Nacional del Sodre, visita a los talleres de realización técnica, clases introductorias en las Escuelas de Formación Artística o visitas a exposiciones del Archivo de la Imagen de la Palabra), programas especiales como Escuelas Rurales al Auditorio, Vacaciones de Invierno (visitas para público, talleres, clases), ciclo de sábados de Danza para todos los cuerpos y Milongas, celebración por el Día del Patrimonio, Perifoneos y ciclo de charlas previas a los espectáculos.
Escuela Universitaria de Música
Los orígenes de esta institución se remontan a la creación del Conservatorio Nacional de Música, fundado en 1954, el cual dependía originariamente del entonces vigente Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social. En ese año, se integra a la Universidad de la República, previo a la vigencia de la Ley Orgánica de 1958. En el año 1974 pasa a depender de la Facultad de Humanidades y Ciencias, integrándose con el Instituto de Musicología, pasando a denominarse Conservatorio Universitario de Música. En 1985 se separa de la Facultad de Humanidades y vuelve a tener rango de Escuela Universitaria.
Es una institución académica que recoge lo mejor de la tradición, tanto en lo referido a lo directamente vinculado al estudio de la música y la ejecución instrumental, como a la investigación musicológica en sus diferentes variantes. Es, además, un vehículo importante para proyectar a los jóvenes estudiantes e intérpretes, a través de becas y convenios con otras universidades del mundo, como forma de continuar y profundizar sus estudios y conectarse con el ámbito internacional de la música. Como todas las actividades de la Universidad públicas, sus cursos de formación son totalmente gratuitos y cuentan con el aporte de los más destacados docentes del medio
El Hot Club Montevideo
Se trata de una institución creada en el año 1950 por el músico Paco Mañosa, pianista de jazz, acompañado por un grupo de músicos que ya desarrollaban el género en diferentes lugares en el ámbito capitalino. Fue el primer club dedicado específicamente al jazz a nivel de toda Latinoamérica, convirtiéndose en un referente del estilo.
La influencia de su formación alcanzó a la mayoría de los músicos que trascendieron en el Uruguay, vinculados directamente, tanto al jazz, como a otros géneros surgidos de la fusión con este estilo, como el candombe, el blues y el rock. Fue célebre a nivel internacional, la producción de una revista de tiraje mensual, que lo llevó a figurar en el catálogo del Primer Salón Internacional del Jazz, en la ciudad de París.
En la mencionada publicación, escribieron celebridades de la cultura rioplatense como Hermenegildo Sabat, Amílcar Greco y otros. Hacia fines del año de su creación contaba ya con ciento cincuenta socios, y, a falta de un local propio, se reunían en diferentes lugares como los de la Asociación Cristiana de jóvenes, la Alianza Cultural Uruguay-EEUU, así como en el propio Paraninfo de la Universidad de la República. Ya en 1954 contarán con sede propia, ubicada en la calle guayabo al 1946, lugar en el que se pudo generar un archivo de grabaciones, libros y revistas especializadas de todo el mundo, así como la adquisición de instrumentos, los cuales estaban a disposición de sus socios para estudio y para su utilización en espectáculos.
En el año 1960, en oportunidad de cumplir sus diez años de vida, propició el Primer Salón del Jazz Uruguayo, el cual funcionó en el Centro de Artes y Letras del diario El País. También propició y desarrolló actividades docentes para la formación de músicos jóvenes. Varios nombres mayúsculos de la música uruguaya de todos los tiempos, como es el caso de Hugo Fattorusso, tuvieron en ese ámbito un significativo sitio de aprendizaje y espacio para desarrollar sus creaciones musicales. También se formaron e hicieron sus primeras armas en la música popular, músicos que ocuparán un lugar destacado durante los primeros años de la televisión uruguaya, caracterizada por tener en su programación programas en vivo con música ejecutada, también en vivo, en los propios estudios. Son los casos de artistas como Panchito Nolé, Lobito Lagarde y Bachicha Lencina, entre otros.
Núcleo Música Nueva
Se trata de una institución cultural, no gubernamental y sin fines de lucro, fundada en octubre d 1966 por un grupo de alumnos del músico, docente e investigador Héctor Tosar. Se trata de artistas que alcanzarían gran relevancia en sus respectivas actividades musicales: Coriún Aharonián, Ariel Martínez, Conrado Silva y Daniel Viglietti. Su conformación y el impulso que fue adquiriendo su actividad, se vincula con iniciativas de igual naturaleza que se fueron dando en diferentes lugares de América Latina, conformando una especie de movimiento continental con impacto directo muy fuerte sobre la creación musical del continente en las décadas siguientes.
El grupo originario se fue ampliando, incluyendo a nuevos compositores e intérpretes, consolidando su estructura abierta para incluir a las nuevas generaciones. Desde 1986 hasta 2002, año de su fallecimiento, su presidente honorario fue Héctor Tosar; de alguna manera, la propia existencia de la organización, es una especie de voz de reconocimiento a la figura del gran artista uruguayo, formador de músicos y pilar indiscutido de la música nacional, tanto en el ámbito académico, el de la música clásico como de las expresiones populares. Fue, además, el precursor y principal impulsor de una postura abierta de los creadores hacia todas las formas expresivas y, fundamentalmente, al estudio y la inclusión de los productos de las vertientes populares.

Héctor Tosar/Fuente: gub.uy
La tarea de la organización se ha centrado en la difusión a través de la realización de conciertos con música de cámara y sinfónica, así como también jornadas de músico electroacústica. Igualmente, abarca jornadas de videos, exposiciones de partituras, seminarios, talleres, conferencias, programas radiales y actividades del estilo, destinadas a la difusión de los trabajos y creaciones de los músicos uruguayos. También se ha focalizado en la organización de encuentros en los que han participado músicos uruguayos y extranjeros, con especial énfasis en la música latinoamericana.
El Taller Uruguayo de Música Popular (TUMP)
Fundado el 5 de diciembre de 1983, aún en dictadura, se trata de una Asociación Civil sin fines de lucro, define su misión centrándola en la enseñanza, la investigación y la difusión de la música popular. Además, se propone elaborar una metodología pedagógica que “incluya saberes locales y regionales”, poniendo el foco en la búsqueda de una estética propia mediante profesos críticos y creativos.
Se propone continuar mejorando y profundizando su incidencia en el medio artístico y educativo, generando instancias de intercambio, tanto a nivel local como internacional. Es muy significativo el hecho de que pone el acento en el desarrollo de metodologías alternativas en materia de educación musical, en ese sentido, el enunciado parece apartarlo de la enseñanza tradicional académica de la música. Para el logro de ese objetivo el taller recurre a mecanismos y metodologías propias de la música popular de diferentes orígenes.
En coordinación con otros organismos como la Intendencia de Montevideo, la UDELAR, el Ministerio de Educación y Cultura, el INJU, el INAU, el Ministerio de Desarrollo Social, el Foro Juvenil y organizaciones privadas como la Asociación Cristiana de Jóvenes ha desarrollado diferentes experiencias educativas. En ese sentido, corresponde mencionar eventos como Murga Joven, talleres de canto colectivo, talleres de percusión, talleres para niños y con la comunidad, talleres inclusivos para personas con algún tipo de discapacidades, y otras actividades orientadas hacia esa finalidad.
En síntesis, su acción está orientada a la difusión, pero con una fuerte y marcada intención formativa, procurando el desarrollo de las aptitudes musicales a nivel de la mayor cantidad de capas sociales, poniendo la música en el centro de la actividad creativa. Está en conexión con la postura de “desmitificar” la música, sacándola de esa especie de “sarcófago” de lo académico, reservado a unos pocos “genios”, conceptos que prevalecieron en el pensamiento tradicional. Para ello, la recurrencia a las experiencias de la creación de los estilos populares y su forma de difusión, juega un papel fundamental. Cabe destacar, además, que el Taller cuenta con la participación de un destacadísimo cuerpo de docentes, muchos de los cuales son figuras representativas de la música popular uruguaya, los cuales, no solamente trasladan sus conocimientos y experiencias, sino que sirven como valiosísimas referencias.

El coro del TUMP desarrollando su actuación en el Mercado 18 de julio en Salto, año 2025
Julio Rapetti
Material de consulta
- Fornaro Bordolli, Marita, Abrines, Ernesto. “Hugo Balzo Universidad Católica Argentina. Facultad de Artes y Ciencias Musicales; Instituto de Investigación Musicológica “Carlos Vega”, Buenos Aires.
- Fuente Wikipedia
- Fuente: página cielo.cl
- Fuente: gub.uy
- Página web del TUMP
- Página cinemateca.org.uy
- Eumus.edu.uy
- Nucleomusicanueva.net
- Página del MEC (Ministerio de Educación y Cultura)




