
La canción uruguaya III Primera parte
¿Hay algún “producto” sonoro y expresivo que pueda definirse y/o auto denominarse “canción uruguaya”? Definitiva y contundentemente ¡SÍ! El sustento de esta terminante afirmación, en su versión académica y “de biblioteca”, seguramente demandaría vaya a saber uno cuántos cientos de páginas, citas y notas al pie. Pero la convicción nace de otro tipo de argumentaciones que no van por lo racional erudito, sino por lo censo visceral, por ese pulso común que nos convoca e identifica, una especie de silbido profundo que penetra por la piel y hace bullir la sangre, aún en el remanso y la calma. No es un “don sacrosanto”, nos proporciona una “gloria” que dista mucho de ser celestial, por el contrario, nos convoca a afirmarnos y, si es posible, a mezclarnos con nuestra tierra, para formar parte indisoluble del paisaje y protagonistas de una maravillosa aventura compartida.
El presente hace referencia a las raíces “populares” de lo que hoy identificamos como “canción uruguaya”, algo muy híbrido, variopinto e indefinible, pero que todos tenemos claro de qué se trata. Las referencias pertenecen a los estudios más profundos y reconocidos que se han efectuado sobre los temas tocados, y es la primera parte de una segunda en la que haremos referencia a las raíces provenientes de la llamada “música culta” que ha sido compuesta y ejecutada en el Uruguay y que, en muchos casos, también tiene fuertes vínculos con el cancionero popular.






