Omar Abdulkabir Artan, árbitro somalí que no pudo ingresar a EEUU

Cuando el fútbol gobierna el mundo

La hora ha llegado, este jueves 11 de junio se da inicio a la 23ª. edición del Campeonato del Mundo de Fútbol, que pone en disputa el preciado trofeo dorado de la copa FIFA. Una tradición planetaria que se sigue desde 1930 y se renueva cada cuatro años; una justa deportiva que convoca e involucra a todas las naciones del mundo, y que consagra al más extendido y popular de todos los deportes. Un eslogan tan repetido como recurrente, anuncia el evento con una frase entre mística y marketinera, “se renueva el ritual”, esa suerte de misa pagana, de liturgia desprovista de oraciones, nos mantendrá en vilo durante un mes, nuevas “divinidades” del balompié surgirán el cabo del certamen.
  • Hace algunas semanas, en el marco del festejo del club español Barcelona, el futbolista Lamine Yamal portó en sus manos una bandera de Palestina, haciéndola flamear en medio de la euforia. La acción provocó diversas reacciones, desde la opinión crítica de su entrenador hasta voces de aprobación; por vínculos personales o familiares, Lamine quiso manifestar su sentimiento y opinión ante un tema candente de la realidad geopolítica mundial.
  • Hace algunas décadas, dos futbolistas sudamericanos de renombre, el argentino Diego Maradona y el brasileño Sócrates, se caracterizaron por sus sistemáticas opiniones públicas sobre temas políticos y sociales, a la vez que fueron duros críticos del poder y su utilización abusiva por parte de la autoridad máxima del fútbol, la mismísima FIFA. Como sucede ahora con el episodio reciente, las reacciones en contrario, basaron su argumentación en el concepto básico de que “el deportista tiene que dedicarse a competir”, no puede opinar ni fijar posición sobre otros temas.
  • El modelo del futbolista deseado, sería el “apolítico”, que no tiene opinión ni postura sobre temas vinculados a ese rubro, pese a que, está académicamente aceptado, que el apoliticismo es una clara forma de hacer política. La interrogante central y lo que lleva a la discusión y la investigación, podría ser la comprobación de que, efectivamente, el deporte en sí, la actividad como tal con su carácter social, ha mantenido, desde siempre y como un principio inviolable, una postura no comprometida políticamente.
  • Sin embargo, los hechos prueban exactamente lo contrario. Recurramos a la historia:
  • Italia, 1934: El segundo mundial de la historia, se jugó en la península itálica cuatro años después del primero, jugado en Uruguay, en el que la selección local obtuvo el título, revalidando la hegemonía que sostenía desde las olimpíadas de Francia de 1924. Tanto el partido inaugural del torneo, en el cual la selección italiana derrotó a la de Estados Unidos por siete goles a uno, como la final, que consagró campeón al dueño de casa, se jugaron en un estadio llamado Estadio Nacional del Partido Nacional Fascista, hoy ya inexistente.
  • Al finalizar el partido, en medio de la euforia por el triunfo obtenido frente a la selección española, el capitán del equipo italiano expresó: “Gracias a Dios no pudimos comprobar si la condena de cárcel en caso de ser derrotados, era solo una amenaza o no.” Efectivamente, en los días previos al partido final, mucho se habló, entre pasillos y en tono de murmullo, que el equipo italiano había sido “conminado” a ganar, so pena de ser condenados como delincuentes. De acuerdo a la doctrina, el fascismo ponía la grandeza de la patria por encima de todas las cosas. Si bien ese extremo no pudo ser confirmado, los registros prueban que efectivamente, todo el plantel italiano debía hacer el saludo fascista el entonar el himno nacional.
  • Berlín 1936: En Alemania el poder estaba en manos del Partido Nacional Socialista, el nazismo, liderado por el Führer Adolf Hitler. El Comité Olímpico Internacional, en 1931 había rehabilitado a Alemania, suspendida luego de la Primera Guerra Mundial, y de esa manera la nación germana pudo organizar las olimpíadas en su territorio.
  • El evento fue concebido como una gigantesca muestra de propaganda nazi, mostrando un país nuevo, fuerte y unido. Para “lavar la cara” del régimen, se eliminó la cartelería oficial antisemita y se recluyeron a las etnias no arias en los barrios marginales, al tiempo que se llenó la ciudad de banderas y esvásticas. Además, se incentivó el mito de la superioridad física y el temperamento de la raza aria. Como corolario al esfuerzo oficial, los atletas alemanes ganaron el mayor porcentaje de preseas del medallero olímpico.
  • Méjico 1968: El país había sido designado para ser sede de los juegos olímpicos que se realizaban ese año, un año muy especial, con protestas y levantamientos populares, mayoritariamente estudiantiles, en diversos lugares del mundo. Era, además, el período más álgido del enfrentamiento entre las dos potencias dominantes, EEUU y la URSS, en el marco de la “guerra fría”.
  • Diez días antes del inicio del evento, que era la primera vez que se realizaba en un país de América Latina, se realizó una gran manifestación y marcha popular que se autoconvocó en la llamada Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Fue, en realidad, el punto culminante de movilizaciones y enfrentamientos, básicamente estudiantiles, que se venían dando desde días atrás, el episodio fue el epicentro del conflicto y el que concentró la mayor cantidad de gente, justo en un espacio emblemático de la ciudad.
  • Hoy se sabe, por investigaciones que lo han comprobado fehacientemente, que la multitud fue emboscada y, literalmente apresada en un espacio reducido, fue reprimida duramente, en un procedimiento que también incluyó la acción de fuerzas militares y franco tiradores apostados en lugares estratégicos que abrieron fuego contra la multitud. El resultado fue una masacre y un proceso de detenciones masivas.
  • Sobre los restos del desastre y ante la conmoción general, el gobierno mejicano del PRI, que se autoproclamaba heredero de la revolución popular de 1910, recibió a las delegaciones que llegaron al país para participar en los Juegos Olímpicos. La fiesta se haría “en paz”, los “disolventes” ya habían sido “puestos en su lugar”.

Arriba: Los futbolistas italianos haciendo el saludo fascista en 1934. Abajo: un grupo de estudiantes detenidos luego de la represión de Tlatelolco en 1968. Dos caras de la moneda de la intervención de la política en el deporte

  • Argentina 1978: La organización del campeonato mundial de fútbol en Argentina, ya estaba prevista desde hacía años, siendo fuertemente impulsada por Juan Domingo Perón durante su último y breve período presidencial. Pero en 1976 se produjo en el país un golpe de estado, casi un estribillo fatídico de la política argentina desde hacía algunas décadas hacia atrás; el tiempo y los hechos demostrarán que la dictadura instaurada esta vez, sería la más terrible y despiadada de todas.
  • Siguiendo los modelos ya consagrados, el autoritarismo argentino se puso el mundial al hombro y lo manejó como un preciado instrumento de poder y propaganda. A esos efectos creó el Ente Autárquico Mundial, encargado de todo lo concerniente a la organización, y fuertemente controlado desde el poder castrense, brazo armado del neoliberalismo económico más cruel y deshumanizado que el país haya conocido.
  • Desde nuestros televisores, que captaban los canales argentinos, pudimos ver, un día sí y otro también, la sistemática difusión de eslóganes y consignas que se transmitían a la población para incentivar la participación activa en la pantomima. Se trataba de mostrar al mundo las bondades de la Argentina y su forma de vida, para desmentir la falaz propaganda que se hacía en el exterior en contra del régimen; artistas famosos y figuras del espectáculo, participaron activamente en esa “operación limpieza” de la imagen del oprobio.
  • Finalmente, la selección argentina obtuvo el campeonato mundial por primera vez en su historia, no se trata de poner en duda, ni la calidad futbolística de sus jugadores ni su honestidad, pero, aunque nunca pudo ser comprobado fehacientemente, un manto de dudas, que será eterno, cayó sobre la legitimidad de esa conquista deportiva. La suspicacia se vio acrecentada con la abultada victoria del seleccionado frente a su similar de Perú, en las cifras de seis tantos contra cero en la ronda semi final del torneo.
  • Arriba: Joao Havelange, presidente de FIFA, junto a Jorge Rafael Videla, dictador argentino, mundial de 1978
  • Abajo: El presidente norteamericano Donald Trump y el actual presidente de FIFA Gianni Infantino, 2026
  • El poder los crea y ellos se juntan
  • Junio de 2026: Omar Abdalkadir Artan es árbitro internacional, así calificado por la FIFA, desde el año 2018; en 2025 fue considerado, por el mismo organismo, el mejor juez africano. Es oriundo de Somalia, desde hacía semanas venía gestionando un pasaporte diplomático para poder ingresar a ese país; el requisito era imprescindible, es la única forma de intentar sortear el cumplimiento de una reglamentación del gobierno norteamericano, de la administración Trump, que prohíbe la entrada a ciudadanos de determinados países por considerarlos “peligrosos”.
  • Pero el salvoconducto diplomático no fue suficiente, las autoridades del país anfitrión del evento mantuvieron la aplicación de la disposición segregacionista y, consultada, la FIFA respondió lacónicamente que “no puede hacer nada”. Omar se quedó sin mundial y el espectáculo sin un árbitro de sobradas credenciales de eficiencia.
  • Reglamentariamente, el país organizador, bajo supervisión de la FIFA, debe asignar un cupo de entradas a cada país participante, de esa forma, sus autoridades deciden cómo proceder con las mismas, si las ponen a la venta, reparten algunas por razones diplomáticas, de cortesía, etc. Es norma de hecho y se otorga a todos los países participantes; tres días antes del comienzo del evento, la delegación de Irán es comunicada que el cupo que le correspondía no será asignado. Seguramente la FIFA tampoco podrá “hacer nada”.
  • Pero la pelota empieza a rodar y el director técnico que hay en cada uno de nosotros ya está monopolizando la temática a abordar en cualquier ámbito en el que estemos. ¿Qué sistema defensivo reemplazará a la línea de tres?; ¿con cuántos puntas habrá que jugar contra tal o cual? Que cada vez se presiona más arriba, que lo físico está superando a la técnica que, bla y ble . . . Un sin número de consideraciones tácticas y las inevitables comparaciones con los que ya no juegan.
  • La pelota empieza a rodar y se renueva el ritual, ¿del deporte?
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