El mundial del imperialismo

El campeonato del mundo de fútbol llegó al final, España se llevó la copa FIFA para su país y ahí la mantendrá durante cuatro años. La fuente Cibeles seguramente habrá estallado la noche madrugada de ese domingo madrileño y cálido de julio, el mismo júbilo habrá cubierto cada ciudad y rincón del país. Cabe decirlo en primer lugar y subrayarlo, es un legítimo campeón que demostró, enfrentando y superando a los mejores, que tiene todo el derecho a lucir su medalla de oro con orgullo y satisfacción. El campeonato se jugó en varias canchas, a ellas trataremos de entrar en el presente artículo.

Como decíamos, el mundial se jugó en varias canchas, y algunas de ellas sin líneas, arcos ni banderines, como consecuencia del evento ardieron y estallaron redes sociales, teléfonos con línea directa entre jerarcas y, el juego en sí mismo, generó las consiguientes polémicas y discrepancias. Definitivamente, el VAR se consagró como un actor de primera línea en el espectáculo, por su juicio y veredicto pasan las instancias más decisivas del juego y, ante su tecnológica objetividad, se rinden y entregan las decisiones de los árbitros.

Como ha ocurrido ya a lo largo de la historia casi centenaria del torneo, bajo la consigna solemne que “el deporte debe estar por fuera de la política”, la política dijo presente y lo hizo imponiendo autoridad, marcando la “cancha” de determinadas decisiones y, directa o indirectamente, fue parte del evento y de su resolución final. Cerrado el último capítulo y con todas las cartas a la vista, con la desazón todavía viva por la pobre performance de nuestra querida celeste, el presente contiene una visión sobre lo que nos dejó este nuevo campeonato mundial.

El telón de la vigésimo tercera edición de la copa del mundo de fútbol, cuya primera instancia se realizó en 1930 en el Uruguay, se bajó el pasado 19 de julio. Hasta el mundial de 1970, el primero de los jugados en Méjico, la copa en disputa fue la Jules Rimet, ganada por Brasil en esa oportunidad al obtener el título por tercera vez. A partir del año 1974 el trofeo pasó a ser la copa FIFA, la cual no se prevé que quede en propiedad de ninguna selección por más veces que gane el torneo, de hecho, Argentina ya la ha ganado tres veces.

Al menos desde mediados del siglo XX, por estos lares del mundo, un eslogan frecuentemente repetido hasta resultar casi machacante, establece que el fútbol es “el más popular de los deportes”. Detrás de la frase hecha, no cabe duda que es el que demanda más atención, se practica de forma marcadamente más frecuente y común y del que más información se maneja a nivel del coloquio cotidiano. Otra frase vinculada a la práctica, y hablando de los uruguayos, se dice que acá hay “tres millones de directores técnicos”. Con la extensión y popularización de la práctica desarrollada por el género femenino, es probable que la cifra no sea tan errada, atendiendo las particularidades de nuestra idiosincrasia.

Pero a nivel global, aun compitiendo con otros deportes igualmente populares, el fútbol se ha impuesto como práctica claramente preferencial. Estamos en el mundo que estamos, manejado por determinadas estructuras cuya imposición demandaría miles de páginas, no hace específicamente al tema puntual, pero tiene que ver con el fondo de la cuestión. Como consecuencia de la popularidad del deporte, el interés por su seguimiento es claro y notorio, entonces todo se deriva a la siguiente ecuación:

El primer mundial visto por televisión, “en vivo y en directo vía satélite”, fue el de Méjico en 1970, para América del Sur, la preferencia de las transmisiones la tuvo siempre Brasil, producto seguramente del poder superior de su sistema de comunicación y su industria televisiva. Así, pude ver los seis partidos que disputó la selecciona campeona de ese año y disfrutar de su maravillosa delantera: Jarzinho, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelinho.

De ahí en más, el negocio se fue devorando literalmente al deporte y los intereses comerciales, progresivamente fueron ocupando el lugar de mayor privilegio y, como consecuencia de ello, logró que todas las decisiones que se tomaran pasaran por el filtro de sus intereses y opiniones. El primer mundial organizado entre dos países fue el del año 2002, cuya organización recayó en Japón y Corea del Sur; tema de fundamental relevancia el lugar donde el torneo se desarrollará, elemento de discusiones, presiones y tensiones desde los niveles más trascendentes de la política. Tema que, además, ha estado vinculado a los casos más escandalosos de estafas, coimas y todo tipo de conductas ligadas al fenómeno de la corrupción.

A propósito de estos temas, traemos a colación dos frases que, en diferentes momentos y circunstancias, fueron pronunciadas por Diego Maradona, uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos: “La pelota es la única que no se mancha”, y “Estados Unidos va a terminar adueñándose del fútbol, marcando sus normas, reglas de juego y todo lo que lo rodea”. Veamos a continuación cuánto hubo de verdad en ello:

El mundial de 2026 fue el primero que contó con la participación de 48 selecciones, hecho que permitió una mayor presencia de selecciones de continentes históricamente marginados y luego muy limitados en sus posibilidades de competir, tales los casos de África y Asia fundamentalmente. Fue además el primero que se realizó en tres países, los que componen lo que genéricamente se denomina América del Norte. Pero veamos el error de considerar que efectivamente fue ese subcontinente la sede del evento:

-Estados Unidos participó con once ciudades como sede: Nueva York/Nueva Jersey; Los Ángeles; Dallas; Miami; Atlanta; Seattle; Houston; San Francisco en el área de la bahía; Kansas City; Boston y Filadelfia.

-Méjico fue sede en tres ciudades: Ciudad de Méjico, Guadalajara y Monterrey

-Canadá lo fue en dos: Toronto y Vancouver

Por deducción lógica, fue abrumadoramente mayoritaria la cantidad de partidos que se jugaron en territorio norteamericano, con el agregado de que ahí se disputaron los encuentros más trascendentes, por ejemplo, el partido final. Consecuencia: el primer partido del certamen, antes que comenzara a girar la pelota, fue una contundente “goleada” norteamericana a los otros dos países (incluso si ambos jugaran juntos).

El caso Irán: Clasificada oportunamente para el mundial, dentro del campo de juego y con total legitimidad, la selección asiática debía jugar, porque así lo estableció el fixture, todos sus partidos por la serie de grupos en el territorio norteamericano. Pero, por disposición de la administración Trump, no les fue permitido pernoctar en el país mientras durara su participación; por iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum, el gobierno mejicano dispuso que se alojaran, con las mayores comodidades, en el estado de Tijuana, en la frontera con Estados Unidos.

El plantel iraní debió viajar para disputar los partidos, unas pocas horas antes del mismo y retornar a suelo mejicano una vez finalizado los mismos. El hecho constituye un evidente y extremo caso de discriminación desde el punto de vista socio político, pero, además, deportivamente, el equipo estuvo en notoria disminución física y mental para enfrentar a sus rivales. Es muy claro, y cualquier deportista lo sabe, que el episodio en sí del traslado y todo lo que conlleva, provoca un fuerte impacto en el rendimiento físico y mental. Igualmente, Irán terminó su participación de forma invicta y no pudo clasificar a la ronda siguiente por diferencia tan solo de dos goles y en igualdad de puntos con su antecesor.

El plantel de Irán aterriza en Tijuana, Méjico, para disputar partidos que se jugarán en Estados Unidos

El caso Folarin Balogun: Se trata de un muy buen delantero norteamericano que fue expulsado en el partido que su selección disputó frente a la de Bosnia y Herzegovina, como consecuencia de una fuerte infracción. De acuerdo a la reglamentación vigente, un jugador que es expulsado, cualquiera sea la causa, automáticamente, queda suspendido e imposibilitado para jugar el partido siguiente de su equipo. Bien, así las cosas, fue expulsado por quien tenía potestad para hacerlo, es decir el árbitro del partido, y, por tanto, pasible de la sanción prevista. Estados Unidos, clasificada en la serie de grupos, debía jugar el partido por 16 avos frente a la selección de Bélgica, instancia para la cual no dispondría de su delantero; pero, el mismísimo presidente norteamericano Donald Trump, se comunicó directamente con el presidente de FIFA, Gianni Infantino, solicitando que el jugador fuera habilitado por entender que la sanción había sido “desmedida”.

La consecuencia del episodio tan particular como grotesco y prepotente, fue que un citado “comité de disciplina”, lo indultó de la pena y Balogun pudo ingresar a la cancha a enfrentar a los belgas, que igualmente resolvieron con claridad el partido a su favor, dejando al país anfitrión fuera de las fases siguientes del campeonato. Al bochorno que significa el episodio en sí, cuya ordinariez se expresa por sí sola, fue realmente muy desagradable escuchar a algunos “analistas” deportivos que, mostrando reiteradamente la incidencia que motivó la expulsión, discutían sobre si era o no motivo para una sanción tan extrema. Muy lamentable, tanto como citar antecedentes anteriores que nada tienen que ver con este bochorno de marcado signo autoritario. Es decir, aplicando el mismo procedimiento de tergiversar el nivel de los hechos, que observamos en otras disciplinas, la gravedad de la execrable gestión, quedó en un segundo plano, enfocándose en la incidencia deportiva en sí, algo que siempre puede ser discutible.

Como queda dicho, el torneo se jugó, con las inequidades señaladas, en tres países, cada uno de los cuales encierra en su seno idiosincrasias diferentes, al tiempo que han mostrado históricamente diferente vínculo y gusto por el fútbol, cuestión que se hizo notoria en las tribunas de los estadios, más allá del colorido y clima “festivo” que se mostró en absolutamente todas.

Canadá fue básicamente sede de los partidos que jugó la selección local, la cual logró pasar la serie de grupos, pero fue eliminada en la ronda siguiente, aspecto que no deja de ser un logro importante en su historial. La cordura, mesura y “prolijidad anglosajona” de los canadienses constituyen una especie de “marca país”, que los caracteriza en todos los ámbitos. Ante una jugada acertada y, por supuesto, goles de su equipo, la tribuna mostraba un festejo, alegre y entusiasta sí, pero muy lejos de esa alegría caótica y “desprolija” que estamos acostumbrados a ver en nuestros estadios. En el comparativo, casi que se parecía a un aplauso de una platea en alguna sala teatral, luego de escuchar a una orquesta sinfónica o un drama clásico.

Méjico fue, de los tres, el país que le puso más alma al mundial. Podemos decir que fue en ese país que realmente se jugó el mundial “de la gente”. En las transmisiones televisivas uno podía ver como se vivía el torneo en las calles, en las ferias y los boliches de las ciudades en las que se disputaban los partidos. Méjico fue el país que más logró avanzar en las series del campeonato, comparándolo con los otros dos organizadores, lo cual puso más de manifiesto esa característica que lo destacó de forma notoria.

En lo estrictamente deportivo, la selección tuvo el gran mérito de llegar a octavos de final, siendo la que más logró avanzar de las tres anfitrionas y, por todo lo expuesto, la que sin dudas más se extrañó luego tanto en las tribunas como en las calles.

Estados Unidos fue el espacio central del evento, algo así como el “escenario mayor”, la vidriera más iluminada. Así fue concebido el gran espectáculo del campeonato y para ello contó, de forma abrumadora como ya vimos, con la mayor cantidad de sedes y partidos jugados. Pero además marcó las reglas, modificando incluso algunas históricas, siendo el caso más notorio el de la inclusión de la llamada “pausa de hidratación”, que dividió cada tiempo en dos, con lo cual los partidos pasaron a ser de cuatro tiempos.

Resulta claro que ese injerto tiene como principal objetivo generar un espacio para la publicidad y el beneficio de las marcas auspiciantes, que son las que financian el torneo. Por algún lado se publicó que las ganancias por ese corte, supuso un ingreso de varias decenas de millones de dólares, es una información no confirmada. Además, el episodio constituye una modificación clave en las reglas de juego, la pausa provoca una interrupción, con el consiguiente efecto en el desempeño de los equipos. Me pregunto si, en nuestro medio, durante el invierno, en la pausa en cuestión, los equipos formarán alguna rueda de mate.

El otro tema que se destacó en el mundial norteamericano fue el de las “hinchadas de utilería”, no hubo selección que no tuviera populosas hinchadas, caracterizadas por el colorido y ese bullicio “de ficción”, típico de las multitudes de extras que caracterizaron a las películas de la época de oro de Hollywood del siglo XX. Las indumentarias iban de lo “fashion” a lo payasesco, las transmisiones nos mostraban, desde el colorido y la indumentaria estrafalaria de las hinchadas africanas, hasta las imágenes de los ex cracks recostados en los cómodos asientos de los palcos bip, saboreando un trago largo para calmar la sed. Otro tema a considerar es el costo de las entradas, algunas cotizadas por decenas de miles de dólares, y a uno le retumba en la cabeza la añeja frase de “el más popular de los deportes”.

Un hincha en la tribuna mundialista norteamericana, una imagen por fuera del modelo usual de la especie

Pero vamos a hablar algo de fútbol con una aclaración previa, lo siguiente no se trata de un análisis futbolístico. Desde que tengo uso de razón, en tiempos en que los partidos se seguían por la radio, en un proceso que nos llevaba a desarrollar la imaginación para “ver” cada jugada, escucho a los que, históricamente, se denominaban “comentaristas”. Hablo desde Adolfo Oldoine, Luis Víctor Semino, Dalton Rosas Riolfo, Jorge Da Silveira, hasta los posteriores Daniel Ordóñez, Juan Carlos Cselza y todos los que siguen. Con respeto, pero también con claridad, digo que estoy saturado de los análisis, cada vez más intrincados y efectistas.

Los avances tecnológicos, aplicados a las transmisiones futbolísticas, como es el caso de las cámaras en drones, permiten apreciar el campo de juego desde espacios mayores, con más amplitud y perspectiva, de esa forma puede observarse más claramente el movimiento de las diferentes líneas de los equipos, los desplazamientos de los jugadores y otras cuestiones tácticas. A partir de esas posibilidades, pude apreciar la ductilidad que, particularmente los jugadores africanos, muestran para desplazarse en la cancha, ganar en velocidad y potencia y cómo han evolucionado en la técnica y el dominio de los fundamentos del juego, no en vano varios de ellos juegan en equipos de primera línea en los torneos europeos.

Cabo Verde, la selección africana que llegó como cenicienta y se fue como revelación

En líneas generales, en el juego se nota una clara supremacía del plano táctico, la permanente movilidad de las líneas y la capacidad física de los jugadores para practicar el “ida y vuelta”, y poder ser decisivos tanto en defensa como en ataque. Podría decirse que, de no tener esos atributos, competir con posibilidades es casi imposible; la buena noticia es que, la mayoría de esos recursos, se obtienen de la práctica y el trabajo, de aprender y desarrollar los conceptos dentro de la cancha. Se terminaron aquellos “consagrados”, más hábiles que el resto, que se tiraban al costado de la cancha porque “no necesitan entrenar, hay que darles la pelota y que jueguen como saben”.

Tácticamente, observé que la principal preocupación de los equipos pasa por la tenencia de la pelota, tratar de sacársela al rival y manejarla la mayor parte del tiempo. Buena parte del tiempo el juego se lateraliza, procurando abrir brechas en la defensa rival para meter un pase entre líneas y explotar la velocidad de los delanteros, que tienen que tener, como condición sine qua non, esa facultad. Sin dudas, el equipo que mejor manejó ese concepto fue el que finalmente resultó vencedor.

Pero, igualmente, aún ante la supremacía del juego colectivo y de equipo, las individualidades se destacan, así los que se están yendo como Messi, Modrick y Cristiano Ronaldo, como los que están en plena vigencia como Mbappé y Halaand. Afortunadamente, también surgen nuevas figuras como Lamine Yamal, Nico Williams y Pau Cubasí.

Ay Uruguay, celeste de mi corazón! Y sí, volvimos a ver los partidos con el corazón en la boca y la calculadora (ahora dentro del celular) en la mano, mirando para el costado y esperando la derrota de nuestro rival directo. La celeste se volvió para casa en la primera instancia, luego de cosechar dos empates y una derrota, con una demostración futbolística que no fue desastrosa pero que fue a todas luces insuficiente a juzgar por los resultados. En suma, las ilusiones hechas trizas y las expectativas totalmente defraudadas.

Por su puesto, los tres millones de directores técnicos quedamos discutiendo entre nosotros y explorando mental y argumentalmente las causas del “fracaso”. Así pasaron por las rondas familiares, laborales y de los boliches, la debilidad de las manos de Muslera, la falta de liderazgo de Valverde, la desidia de los que viajaron lesionados y no jugaron y, no faltaba más, la incompetencia del entrenador, para colmo, ¡argentino! En su tema “El guayno del ciego”, Jaime Roos cantaba “siempre la misma canción . . .”, y así fue, volvió a sonar la susodicha, muy buena parte de los uruguayos desencantados con la celeste, se dedicaron el resto del mundial a desear y esperar la derrota de Argentina, tuvieron que aguantarse hasta el final.

El domingo 19 de julio los dos finalistas se encontraron en Nueva Jersey para disputar el partido final, habiendo accedido a la instancia luego de mostrar superioridad y categoría para lograr cosas importantes. Además de disputarse el partido más trascendente del torneo, fue el evento de la clausura y, como no podía ser de otra forma, la parte central del gran show montado para todo el evento. En la oportunidad, se desplegó todo el glamour y la fanfarria, incluyendo otra modificación en el reglamento, que consistió en una pausa del entre tiempo que duró más de media hora, a diferencia de los quince minutos reglamentarios, para realizar un show musical. Otra muestra más del “pan y circo” futbolero made in USA.

Argentina llegó luego de dejar por el camino en semi finales a la selección de Inglaterra, en un partido épico que hizo suyo en los últimos minutos, remontando una derrota parcial. La superación de los escollos anteriores tampoco estuvo exenta de dificultades y tensiones extremas, pero si algo quedó en claro, fue la solidez moral del grupo, sus convicciones futbolísticas y la categoría del equipo, medida en la capacidad de mostrar lo mejor en las circunstancias más difíciles. Tuvo en un “veterano” Lionel Messi de 39 años a su líder indiscutido, mostrando toda la jerarquía que ha desarrollado a lo largo de su carrera.

España, por su parte, había derrotado con claridad y autoridad a la rutilante Francia en semi finales, en las instancias previas, sin brillar, pero de forma muy clara, había superado a sus rivales y, fundamentalmente, había mostrado todo su potencial a la “hora de la verdad”. Es de destacar que, en este momento España ostenta los dos títulos más importantes en el fútbol masculino, campeón de Europa y campeón del mundo, títulos que repica también en el fútbol femenino. Su recorrido internacional despliega una impresionante cantidad de títulos internacionales obtenidos en las diferentes categorías y en ambos géneros, al menos desde casi dos décadas a esta parte. Puntualmente, en este mundial, pasó lo que a veces decíamos en el campito: “el que hace el último gol gana”, pero España demostró que hizo mucho más que el último gol.

Tanto el de España como en el de la propia Argentina, se trata de claros ejemplos de trabajo sistemático, continuo y planificado, que son el sustento para la obtención de los logros trascendentes. Ambos entrenadores, tanto Vicente del Bosque como Lionel Scaloni, han desarrollado un liderazgo que apuesta al diálogo, la motivación y la búsqueda de convencimiento y el empoderamiento de los jugadores, obteniendo asombrosos resultados aún en el manejo, muchas veces escabroso, de las grandes figuras. Más allá de lo futbolístico, son un claro ejemplo de la mejor opción a la hora de encarar un desafío, apostar al trabajo y a la mística del grupo, sobre la base del respeto y el compromiso.

En consecuencia, en la tierra del superpoder imperial que ordena en inglés, el partido final se jugó y habló en español. España fue justa y clara ganadora, dominó el partido de punta a punta, tal como lo había hecho con Francia, se adueñó de la pelota. En los hechos, no dejó jugar a Argentina y la “metió” en su área, al punto que el arquero español fue un espectador más del partido durante prácticamente todo el juego, viviendo algún riesgo recién sobre el final.

Como corresponde, el certamen fue el principal foco de atención a nivel mundial desde su inicio hasta el partido final, por añadidura, su presencia en las redes se multiplicó exponencialmente. A la viralización de noticias reales y efectivas, publicadas por medios de difusión internacionales especializados, se agregaron las célebres fake news, las cuales, por supuesto, también estuvieron en el foco de la atención.

Arrancando desde nuestra propia casa, un hecho notable en ese sentido, lo constituyeron declaraciones presuntamente formuladas por Edinson Cavani sobre la selección celeste, sus jugadores y cuerpo técnico. El hecho fue explícitamente desmentido por el principal involucrado quien denunció públicamente, mediante un comunicado de su “puño y letra”, que se trataba de una noticia falsa lanzada a las redes desde un medio desconocido y muy probablemente inexistente.

Uno de los hechos más resonantes fueron unas, igualmente supuestas, afirmaciones del ex futbolista sueco Latan Ibrahimovic, en su rol actual de periodista deportivo, sobre el desempeño y la condición física que lucía la figura máxima de Argentina, Lionel Messi. La noticia fue publicada en la red “X” y se viralizó rápidamente, cuando pudo comprobarse, mediante un sencillo procedimiento, la falsedad de la misma, ya la red y su propietario, el multi millonario Elon Musk, habían facturado seguramente muy buen dinero por el alto grado de circulación de los referidos comentarios.

Los especialistas y varios estudios académicos, nos indican como es el procedimiento. La desinformación se amplifica y crece especialmente en contextos electorales o de fenómenos climáticos o de conversación pública extendida y unificada en torno a un tema. Se trata de cuentas que reproducen supuestas frases y citas textuales de determinados protagonistas, concitando el interés de los navegantes de las redes. Las mismas se utilizan para provocar emociones, que en algunos casos llegan a la bronca, y provocan el denominado baiteo. El término refiere a la viralización más allá de la veracidad y provoca fuertes efectos emocionales en el usuario; esta práctica se llama engagement farming y consiste en viralizar un contenido para engañar a los algoritmos de las redes sociales.

Un campeonato mundial constituye el ámbito ideal para provocar este tipo de fenómenos que son frecuentes de observar también en el ámbito de la política. Entre estas noticias falsas está también una supuesta declaración del noruego Erling Haaland, manifestando su favoritismo por Argentina en el enfrentamiento de semi finales frente a Inglaterra, haciendo alusión a la legitimidad del reclamo sobre las Islas Malvinas. Hay que agregar otros ejemplos, como la inventada amenaza a los jugadores de Ecuador previo al partido contra Méjico, así como una situación similar de la que habría sido víctima el plantel de Argentina para el juego del partido final, razón por la cual el equipo jugó “a perder”, por miedo a una represalia por haber exhibido un cartel de reclamo de las Malvinas en medio del festejo del triunfo ante el equipo británico.

Nada nuevo en realidad, nada que no sea moneda corriente en las redes y que tanto altera el relacionamiento genuino entre las personas y las naciones, creando una mentalidad colectiva de enfrentamiento, rencores y potencial tendencia a la violencia y la intolerancia en todos los planos. Como parte del mundo, como un negocio multimillonario más, el fútbol también es presa de la mentira y el engaño.

De esta forma, el centro del interés, que debería ser lo que ocurre dentro de las canchas, se traslada a ese submundo de sombras, mentiras y bajezas morales e intelectuales. Este mecanismo perverso llega a poner en duda y cuestionar la legitimidad de los resultados, del esfuerzo y las virtudes de los deportistas y, por sobre todas las cosas, daña al deporte en sí, quitándole la frescura y la esencia humana más genuina, que debería caracterizarlo. Obviamente, esa basura no tiene camisetas ni colores, tampoco cuadros y naciones, tiene como único y excluyente objetivo la destrucción de todo lo bueno que el ser humano pueda hacer y, a la vez, procura sentar las bases de un estado de caos y conflicto permanente.

Julio Rapetti

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