Las Redes Sociales: Su impacto en la niñez y la adolescencia

Asistimos a una especie de "invasión" de las redes sociales, las que van ocupando de forma expansiva, cada vez más espacio en nuestro accionar. Este fenómeno abarca desde la vida cotidiana hasta las áreas más específicas. Los niños, niñas y adolescentes parecen ser el blanco preferido, las "víctimas" más buscadas por la voracidad de este avanace tecnológico con aristas de "verdugo". Su "lado oscuro" no debe hacernos perder de vista sus aportes a nuestra existencia en el mundo actual. Su impacto en las comunicaciones, la educación, la ciencia y el bienestar. Pero el control de su uso parece ser un imperativo que no admite demoras. Los más pequeños, y, en general, las nuevas generaciones, requieren protección y contención sobre los perjuicios que la tecnología trae aparejados. Afortunadamente, en diversos lugares, y también en nuestro país, se están tomando medidas al respecto.

Lo primero que correspondería, sería hacernos la pregunta, o directamente asumir si es verdad que a nuestros hijos les encantan las pantallas, sea móviles, tablets o tv, o es que, en realidad, también nos gusta a los adultos y les trasmitimos esa adicción. Además, tratar de que los niños se queden quietos el tiempo suficiente para cumplir con responsabilidades o simplemente descansar un poco, ha sido preocupación tradicional de los “mayores”, los móviles han resultado ser un instrumento más que adecuado. Pero no olvidemos, antes que eso, nosotros también nos dejamos seducir por los aparatos y su “encantadora” virtualidad.

Los colores, el brillo, la música estridente, todo seduce a los pequeños y permanecen ahí, hipnotizados, con la vista fija; no saltan, no gritan, no se pelean, no nos piden upa, no corren ningún riesgo físico. Parecería perfecto, pero en realidad no lo es, lo real es que los niños, para su sano y normal desarrollo, necesitan moverse, interactuar con nosotros y sus pares, incluso aburrirse, “mirar el techo”. La ciencia ha demostrado, probadamente, el impacto negativo del abuso de las pantallas; este fenómeno se expuso claramente en tiempo de pandemia, provocando una explosión de pequeños con retraso en el habla, irritabilidad, conductas violentas, falta de límites y control, problemas de sueño y obesidad.

Lo real es que los niños, para aprender, necesitan humanos, no máquinas, esta afirmación, que podría ser interpretada como una reflexión de “veterano que no acepta el progreso”, está fundamentada en bases científicas. Va más allá de lo generacional, aún aceptando como real que, a las nuevas generaciones la informática les fluye naturalmente, les resulta parte de su vida, en tanto que nosotros debemos incorporarla como algo, en principio, complejo.

Es clara la incidencia negativa del uso excesivo de las pantallas en el desarrollo cerebral, emocional y social de los niños, lo cual no quiere decir que un uso limitado, con contenidos de calidad y control no pueda ser un importante aporte educativo. No se está planteando para nada el absurdo de criar “analfabetos tecnológicos” en un mundo cada vez más conectado.

Los especialistas han fijado pautas para la gestión del tiempo aceptable para la presencia de los niños frente a las pantallas; para comenzar, todos coinciden en que antes de los dieciocho meses lo correcto es cero pantallas. Así lo afirma la Academia Estadounidense de Pediatría, la única excepción para ese grupo etario son las videoconferencias con familiares; de 18 a 24 meses, aconseja ofrecer contenido de alta calidad y que siempre lo consuman acompañados por un adulto. Para niños de dos a cinco años de edad, limita el tiempo de pantalla a una hora al día de programación también de alta calidad. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece de dos a cuatro años hasta una hora por día, y de cinco a diecisiete años no pasar de dos horas.

Los estudios establecen cinco razones básicas para regular el uso de las pantallas:

– El uso problemático de dispositivos puede ser similar al abuso de sustancias: modifica los niveles de dopamina en el cerebro. La dopamina es una hormona que transmite desde el cerebro el control del placer, el movimiento y la atención

La sobreexposición a pantallas afecta el desarrollo cerebral y emocional: afecta la capacidad de atención, el aprendizaje y la resolución de problemas

 Se limitan las oportunidades de aprendizaje de habilidades sociales y emocionales fundamentales: limita la comunicación verbal, la empatía y la resolución de conflictos

 Desarrolla problemas físicos: puede causar daños en la vista y en los miembros por mala postura

Limita la calidad de la relación familiar: restan tiempo a las dinámicas familiares saludables que posibilitan la convivencia

Resulta muy claro a estas alturas que las redes han provocado un cambio profundo y disruptivo en la vida de las nuevas generaciones. Como se ha indicado, las plataformas impactan en aspectos tales como la autoestima y el desarrollo emocional, extremo que también alcanza a las nuevas generaciones, no solo a los niños pequeños sino demás a adolescentes y jóvenes.

            La “operativa” de las redes está más allá de los contenidos en diversos formatos, en efecto, prioriza la permanente y la interacción constante de quienes acceden a ella. Las rutinas que establece no son para nada inocentes, sino que influyen en el pensamiento y los sentimientos, marcando fuertemente el relacionamiento de los individuos, tanto consigo mismo como con los demás.

            El funcionamiento de las redes y plataformas, está basado en la utilización de los algoritmos, una especie de “fiel compañero” que, de forma absolutamente inadvertida, está acompañándonos y observándonos todo el tiempo. Consisten en un conjunto de pasos o instrucciones establecidas, ordenadas y delimitadas, para solucionar un problema; dicho de forma sencilla: se trata de un procedimiento, diseñado y estipulado paso a paso, que procura el logro de un objetivo específico.

            Un programa informático es un conjunto de algoritmos ordenados y codificados en un lenguaje de programación que se elabora para que pueda funcionar en un ordenador. Quienes tuvimos la oportunidad de acceder a algún contacto con la programación informática, hace algunas décadas atrás, estuvimos frente a un esquema que, mediante círculos y rectángulos, entrelazados mediante flechas, nos llevaban, paso a paso hasta un punto que había sido establecido con precisión al iniciarse el proceso.

            Saliendo del ámbito informático y llevando el concepto a un plano, si se quiere más doméstico, por ejemplo, el manual de funcionamiento de un electrodoméstico o una receta de cocina, constituyen un algoritmo manual, absolutamente artesanal, muchas veces escrito de puño y letra.

Como queda dicho, los algoritmos son conjuntos de operaciones ordenadas que buscan siempre obtener un objetivo pre establecido. En el ámbito digital, el algoritmo de una red social determina qué contenido aparece en el sitio al que accede cada usuario, priorizando los temas en los que cada persona demuestra mayor interés, fundamentalmente a través de entradas anteriores. El tema es que este proceso no distingue entre temáticas “positivas” o “negativas”, el algoritmo no analiza la naturaleza del contenido, sino el interés que el usuario demuestro a través del tiempo y la repetición de sus interacciones. Lo riesgoso es que puede resaltar imágenes estilizadas, así como vidas idealizadas, es decir, logros extraordinarios y estilos de vida inalcanzables, generando impacto negativo en el desarrollo emocional, particularmente en adolescentes.

Es en el desarrollo de ese mecanismo que se generan efectos nocivos, mayoritariamente inadvertidos de manera espontánea o directa y particularmente potenciados en niños y adolescentes. Según los estudios realizados, el fenómeno afecta a ambos géneros, pero estadísticamente, ser observa que se acentúa en el femenino. Esto se da ya que idealiza modelos estéticos y corporales, generando expectativas inalcanzables. También permite el acceso virtual a eventos y reuniones a las cuales en realidad la persona no fue participada, generando  insatisfacción al compararlo con su vida real. De esa forma se producen anomalías como la ansiedad y la baja estima.

Los estudios analizan como, cada interacción, visualización o “me gusta”, funciona como recompensa, establece un circuito de placer que lleva a querer volver a conectarse. Las redes sociales fomentan los mecanismos de gratificación rápida y dificultan el desarrollo de la auto regulación, fenómeno este último que aparece más tarde en el desarrollo del joven.

El impacto se observa también en la capacidad de concentración y en los procesos de aprendizaje. Debilita la capacidad de atención sostenida y el control inhibitorio, que impacta también en la toma de decisiones reflexivas. El uso compulsivo de las redes genera ansiedad ante el aburrimiento, dificulta la tolerancia al malestar, lo cual se “llena” con el estímulo digital. Igualmente, altera notoriamente los mecanismos de motivación.

Diversos especialistas recomendaron pautas para familias y educadores para generar el uso saludable de estos mecanismos. El psiquiatra argentino Fabián Triskier, entre otros, señala que es importante retardar al máximo la exposición a celulares en niños pequeños, así como regular de forma estricta su uso en la escuela primaria. Recomienda además limitar el uso de celulares dentro del ámbito escolar y especialmente, monitorear posibles episodios de cyberbullying.

El primer paso sería tomar conciencia de los riesgos tanto del uso como del abuso de las redes, y especialmente del peligro que implica la exposición temprana de niños pequeños al mundo de las pantallas, para ello es importante la información, la formación y la difusión de los estudios científicos al respecto. En base a ello establecer límites de tiempo, generar lo que se denomina “higiene digital”, un ejemplo de lo cual es reservar espacios del hogar libres de dispositivos y fomentar la conversación sobre los contenidos que los hijos ven e interactúan.

Una estrategia clave es promover la autonomía emocional y el desarrollo del pensamiento crítico en los jóvenes usuarios. Tener en cuenta que la autonomía emocional no es algo que se compre ni aparece de manera espontánea, por el contrario, es un proceso que se inicia en la infancia y se construye poco a poco. En este mundo de “invasión tecnológica”, la información y discusión sobre el tema, cumplen una función relevante.

Muchas observaciones comprueban que, en lugar de emprender un viaje más tradicional de búsqueda de información para responder a una pregunta concreta, la generación Z averigua las cosas deambulando por internet. Entendemos a la generación Z, la que comprende a los nacidos entre los años 1995 y 2010.

Efectivamente, analizando los sitios frecuentados por la generación Z, buscando información sobre cosas que suenan a hechos del acontecer, se consulta directamente a los comentarios. Manifiestan algunos observadores del tema que, en parte porque saben que el “populacho digital” desenmascarará rápidamente cualquier noticia falsa. Pero también porque les preocupa si la noticia, o una reacción respecto a ella, puede resultar relevante, y esa es la mejor forma de evaluarlo.

Esa cultura surgió mientras crecían. se les entrenó y se les enseñó a actuar y a no actuar para evitarlo; se observa que obtienen información fiable de chats de grupos cerrados o seguidores con feeds privados, por lo que son capaces de interpretar que forman parte de un grupo interno y pueden interpretar señales sociales específicas. Para la generación Z, comprobar lo que dicen los demás en los comentarios no es superficial. Es una cuestión de vida o muerte social. A diferencia de las generaciones anteriores, la preocupación no se centra en la fiabilidad de la fuente, sino en la repercusión.

Esto puede llevar al concepto de que se trata de una generación que se creerá cualquier falacia que encuentre, lo cual la expone a la manipulación y el manejo inescrupuloso de los formadores de opinión malintencionados. Igualmente, los estudios demuestran que la mayor parte de la desinformación y la falsedad la produce y consume una minoría cada vez más reducida de usuarios que la buscan, y no se difunde algorítmicamente en los ojos de adolescentes crédulos que navegan por Internet. De lo cual no hay duda, es que se trata de un cambio disruptivo en los procesos comunicacionales, con el consabido riesgo que supone el manejo fragmentado y tendencioso de la visión de la realidad. Diversos estudios hacen hincapié, específicamente, en el riesgo que supone para la democracia, como sistema de convivencia social, este cambio en los métodos de transmisión de información.

Acciones en marcha

De qué manera trabajar para evitar estos perjuicios que las redes y sus mecanismos ocasionan, los que se manifiestan de manera más alarmante en los sectores etarios más vulnerables, por ser los períodos de la conformación de la humanidad de las personas, en su concepto más amplio, es objeto de planteos y discusiones no exentos incluso de polémica. Igualmente, en varios países se están tomando acciones efectivas para enfrentar el problema.

La entrada en vigor de la ley hará que plataformas como TikTok, Facebook, Snapchat, Reddit, X e Instagram sean responsables de multas de hasta treinta y tres millones de dólares por fallos en los sistemas de control, que eviten que los niños menores de dieciseis años tengan cuentas personales en dichas redes. Esta legislación, es pionera en el mundo y, actualmente está en su período de reglamentación.

Según informes estadísticos, tal como el registrado en el diario australiano The Sidney Morning Herald, casi la cuarta parte de los niños de ocho a diez años usan las redes sociales al menos una vez por semana, al igual que la mitad de los niños de trece años. Atendiendo argumentos científicos, el gobierno laborista impulsó la normativa basándose en el argumento de que el mal uso de las redes está afectando la salud mental de los niños, y fomentando el aislamiento social de los adolescentes.

El primer ministro había expresado: “Sabemos que las redes sociales están causando un daño social. Las cifras al respecto son muy claras. Ayer estuve viendo datos sobre los gráficos de hospitalizaciones de jóvenes por problemas de salud mental desde 2010. Ese gráfico da miedo, en particular, respecto de las mujeres jóvenes, pero también para los hombres jóvenes. Existe un vínculo causal claro entre el auge de las redes sociales y el daño a la salud mental de los jóvenes australianos”.

Aun muchos detalles no se han hecho públicos, pero el Ejecutivo ya dejó claro que la responsabilidad por la violación de la normativa no recaerá sobre las familias, mucho menos sobre los niños, sino que la carga la llevarán exclusivamente las empresas tecnológicas que operan las plataformas, encargadas de establecer y operar los mecanismos de control para el cumplimiento de la normativa. El gobierno tardará hasta un año en decidir los detalles clave de su plan, incluido cómo tratar las plataformas de juegos en línea, las cuales incluyen funciones de chat.

En Suecia, por su parte, el Gobierno ha dado marcha atrás en su apuesta por la digitalización educativa después de varios años priorizando el uso de la tecnología y de dispositivos como pizarras electrónicas y tabletas en las aulas del país. Esta decisión trae aparejado la vuelta a la forma educativa tradicional, basada en la utilización de libros de textos, papel y bolígrafo, los cuales recuperan su importancia didáctica.

El Ministerio de Educación de Suecia, atendiendo a numerosos expertos que mediante estudios han evidenciado las lacras y los perjuicios que suponen para los alumnos una exposición constante a las pantallas, ha decidido tomar esta decisión, la cual se realiza mediante la concientización y formación a los docentes, en un marco de diálogo e intercambio, que propicia la conformación de consensos a ese respecto.

No deja de reconocerse que la incorporación de la tecnología en el entorno educativo ha supuesto un gran avance en aspectos como la recopilación de datos inmediatos o la accesibilidad a recursos de cualquier lado del mundo, pero también se considera que esta transformación ha generado consecuencias negativas, especialmente en el desarrollo personal y cognitivo de los más pequeños, afectando a habilidades fundamentales como la creatividad, la concentración y el pensamiento crítico.

La estrategia para evitar estas lacras educativas pasa por priorizar el uso de libros de texto físicos, así como la eliminación de los dispositivos digitales durante los primeros años de enseñanza. De acuerdo con estas medidas, el Gobierno ha destinado millones de euros para asegurarse de que todos los estudiantes del sistema educativo sueco cuenten con, al menos, un libro de texto por asignatura. Complementariamente, se ha optado por la prohibición del uso de los teléfonos móviles durante el horario escolar, para evitar las distracciones de las redes sociales y fomentar que los niños interactúen entre ellos para generar y desarrollar habilidades sociales.

La ministra de Educación sueca, Lotta Edholm, señaló que el uso excesivo de herramientas digitales en las aulas había debilitado el pensamiento crítico y la habilidad de los estudiantes para abordar problemas complejos, sus expresiones hablan de que “habíamos perdido el rumbo”, de acuerdo a lo manifestado a la prensa. En ese sentido, subrayó la necesidad de reevaluar las estrategias educativas para priorizar el desarrollo de competencias fundamentales.

Respecto al tema de la escritura a mano, diversos y connotados estudios pedagógicos y psicológicos afirman que el acto de la escritura a mano es un proceso que fortalece la conexión entre el cerebro, la mano y el pensamiento. La escritura manual conduce a los estudiantes a procesar la información de forma más profunda. No se puede escribir tan rápido como se teclea, lo cual fuerza a sintetizar, a seleccionar las ideas clave y a estructurar el conocimiento de manera diferente. Esta pausa o ralentización, resulta esencial para la concentración y la retención.

En Uruguay, el Parlamento contaría con amplios consensos para impulsar una ley que regule las plataformas digitales para menores, en ese sentido, se creará una “comisión multiactor, integrada por actores públicos y privados, para diseñar una normativa que tiene como objetivo central la protección a los menores.

Una de las asesoras consultadas, la experta argentina María Capurro, considera que cualquier regulación efectiva sobre este tema debe centrarse el modelo de negocios de las grandes tecnológicas, basado en la extracción de datos y la captura de la atención. Advirtió que la “supuesta autorregulación no funciona” y que el diseño algorítmico de las plataformas –orientado a maximizar el tiempo de uso y la publicidad dirigida– genera riesgos concretos para niños, niñas y adolescentes, que van desde violencias digitales y acceso precoz a pornografía hasta impactos en la salud mental.

La especialista reconoció que estos espacios cumplen funciones importantes, ya que son espacios de recreación, de convivencia. Si bien hay que reivindicar esa parte positiva que han tenido, también son espacios de riesgos y, aunque parezcan gratuitos, son espacios de negocios multimillonarios de empresas basadas en la publicidad dirigida.

El director ejecutivo del Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia (Observacom), Gustavo Gómez, por su parte, manifiesta que la regulación para la protección de menores reúne hoy consensos más amplios que otros debates vinculados al tema. Considera que el desafío no consiste en establecer nuevos derechos sino garantizar los derechos ya reconocidos.  En ese sentido, es vital la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes, reconocida a nivel de tratados internacionales que ha firmado Uruguay, los cuales están vigentes para aplicarse en el país, es decir, hacerlos efectivos en el terreno digital.

Fuentes consultadas

Erika Hoffman – La Diaria Ed. 11.04.2026

Sobre Australia – La Diaria 28.11.2025

Lucía Barrios – La Diaria 23.02.2026

questionpro.com

Yeilen Delgado Calvo – www.cubahora.com.cu

Sandra Ordóñez – www.eldebate.com

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