Puertos y andenes de malos presagios
Este diálogo imaginario en realidad existió, se lo escuché comentar a Benedetti en un reportaje incluyendo la anécdota de los balones de cerveza. En lo que me fue posible procuré utilizar las propias palabras de los protagonistas, que he encontrado en artículos, relatos, poesías y reportajes. Más que la satisfacción de haberlos recreado, cosa de por sí ya importante, me queda la enriquecedora sensación de comprobar una vez más la vigencia de su creación y su pensamiento.
-La esquina de dieciocho y Andes tiene cierto misterio, no te voy a decir que el centro me gusta tanto como Villa Colón, pero esa esquina . . .
-Andá a saber que enigma, que secreto inconfesado hacia vos mismo te atrae a este lugar, sucede que no lo conoces porque lo perdés en el sueño justo cuando iba a descifrarse. . . Mario contestó emitiendo una media sonrisa mientras saboreaba un trago de su te ya casi frío, no le había aceptado a Juan Carlos la invitación a una cerveza, el asma lo había tenido a mal traer la noche anterior y los medicamentos no toleraban el alcohol. El mediodía de mayo era semi soleado y de temperatura indescifrable a la sensación, los balcones decó parecían querer desparramarse sobre las veredas y las palmeras de la Plaza Independencia apenas se movían en un suave vaivén, varios vehículos más se habían sumado a los estacionados en estricto ángulo de 45º y en el quiosco hexagonal que da a dieciocho se apiñaban diarios y revistas contemplando el paso apurado de las personas.
-¡No lo paran a Mao eh! . . . No sé si es un tema que te interese pero realmente es un fenómeno como para analizar y tener en cuenta
-Me interesa sí, Decime Mario, ¿cómo lo ves? ¿Qué debemos esperar de otra Unión Soviética mucho más poblada, con una tradición milenaria y una cultura sin tiempo?
-Será otro frente ante Occidente seguro, una gran pateada al tablero de la post guerra. Cuando iba al colegio Alemán, recuerdo que decían que las razas orientales son peligrosas, yo adolescente me reía para adentro, ¿peligrosas?, me preguntaba . . .
-A nosotros nos cuesta mucho entender la lógica del pensamiento político, estamos bastante por fuera, Mario ensaya un gesto de duda y sin perder la calma ni levantar la voz agrega:
-Con el fascismo aprendimos que no hay cabida para los intelectuales “neutros”, bien entre comillas, y la Guerra Civil Española fue el mejor ejemplo. Sí, yo sé que vos tenés una visión personal sobre el tema . . . -Pero estoy de acuerdo contigo Mario- interrumpe Juan Carlos devolviendo la misma serenidad y respeto, y continúa: Lo que pasa es que estoy convencido de que cuando el escritor es algo más que un aficionado, cuando pide a la literatura algo más que elogios, la vida podrá llevarlo a hacer cualquier cosa, pero seguirá escribiendo, porque no tendrá más que hacer, porque es su vicio . . .
-Claro, pero la vida te pone frente a realidades diferentes y eso no mella la calidad literaria, pensemos por ejemplo en Miguel Hernández y sus admirables poemas arrancados desde la cárcel . . .
-Si claro, por su puesto . . . Es así sin dudas
Los balones de cerveza comienzan a acumularse sobre la mesa de gruesa madera, contemplados por el vaso de te de Mario, ya vacío y con sus paredes de vidrio totalmente frías. La tarde trae una brisa fresca que obliga a levantarse las solapas, sacudidas por los remolinos de viento que se producen al asomar a la plaza, los hombres deben ajustarse los sobreros con sus manos para que no vuelen y las damas se sostienen las largas faldas que se cortan entre las rodillas y los tobillos.
-¿Cómo los lleva Luisito? Por lo que he leído sigue con su idea industrialista, pero también me enteré que está teniendo algunos problemas de intercambio con los norteamericanos y que el viejo Herrera no lo deja en paz
-Son problemas de alcoba de nuestra política, vos lo sabés Juan Carlos . . . Pero no me queda claro si vamos hacia algún rumbo, tengo la sensación de que el ciclo se repite, otro Batlle en otra época, otro impulso y después . . .
-Nos agarra la siesta, ¿eso querés decirme? El freno que señala Real de Azúa
-Una siesta que puede terminar en pesadilla, ojalá me equivoque. ¿Y a vos cómo te lleva Perón?
-Por ahora maneja el timón y tiene a una mujer poderosa al lado. Pero todo es muy ajeno a nosotros, muchedumbre, agitación colectiva, discurso de tribuna, montaje de ópera, pero . . .
-Creo entenderte, no aparece el ser nacional, lo verdaderamente nuestro, removedor y la esperanza sigue siendo muy pequeña, demasiado, apenas cabe en un dedal
-A veces te ponés más escéptico que yo
-Disculpame Juan Carlos, venís de visita, nos encontramos para conversar y te tiro mi pesimismo encima –Yo comparto esa visión, es más, lo veo en la propia literatura y en el arte en general, no podemos salir de la apatía . . . Es necesario que una ráfaga de atrevimiento, de firme y puro atrevimiento intelectual cure y discipline el desgano de las inteligencias nacientes
-¡Eso! ¡Eso es lo que falta! Y estos regímenes, aun siendo bastante amigables, no nos lo proporcionan
-Te acordás lo que decía Ortega y Gasset: “Tened el valor de equivocaros”
-La Vida Breve me pareció excelente, hay algo nuevo, desgarrador y muy de acá
-Gracias Mario, quería escribir un libro donde podamos encontrarnos, buscar un idioma que comience a ser nuestro. Quería salir de la ingenuidad de creer que para ser auténtico hay que ser nativista, el lenguaje tiene que ser como el fruto de un árbol, apto para la expresión total, sin refinamiento de estilo, genuino.
-Así lo sentí, hace unos días estuvimos conversando ese tema con algunos intelectuales.
Como la tarde se va haciendo cada vez más tardecita, el fresco amenaza con ponerse más frío y las lámparas de los globos de vidrio de la plaza comienzan a encenderse, la hora y la penumbra creciente, lentamente, empiezan a esbozar el final del encuentro, aunque aún quedarían algunas confesiones. Los balones de cerveza vacíos casi no dejan espacio sobre la mesa así que Mario ensaya una nueva sonrisa señalándole con la mirada a Juan Carlos ese paisaje de vidrio y líquido ya convertido en sumo pegajoso que decora desprolija y espontáneamente la mesa.
-Sigo siendo un apasionado infiel y obsesivo, existe una profunda desolación a partir de la ausencia de Dios, el ser humano debe entonces crearse ficciones religiosas
-Imaginación te sobra
-Pero entre muchas tengo tres recurrentes: el éxtasis del amor, del arte o del alcohol tiene esa naturaleza religiosa
-¡Alguna vez te preguntaste si te llevarán hasta algún cielo?
-No, pero lo disfruto mucho porque son tres momentos de entrega total, de no ser, y en los que tampoco existe el mundo
-A mi déjame lejos de Dios, que él siga tocando el arpa tranquilo y que me deje con mi tanguez melancólica, urbana y sin tiempo
-El vapor sale mañana temprano así que seguramente nos despedimos ahora
-Si, vamos a despedirnos ahora y aquí, a metros de dieciocho y Andes porque vos sabés que a mí no me gustan los puertos ni los andenes, me traen malos presagios . . .
-No nostalgies el eventual futuro Mario, más vale ocupemos el espacio que nos separa de él haciendo cosas
Los dos hombres se fundieron en un profundo y prolongado abrazo repartiéndose saludos para ausentes queridos y prometiendo volver a encontrarse muy pronto; después se separaron siguiendo rumbos opuestos, uno a esperar en el hotel la hora de retorno a su actual lugar de residencia, el otro metiéndose ciudad adentro, tosiendo su asma, acicateado por el viento del otoño montevideano. Sin saberlo habían construido riquísimos andamios no por breves menos trascendentes.





